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Peligro: Cuñados

Las autoridades advierten que una peligrosa plaga de cuñadismo está prevista para los siguientes días. Se recomienda no salir de casa o, siendo absolutamente necesario, hacerlo cargado de paciencia.

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Ustedes los han visto, igual que yo. Saben de todo, todo lo arreglan con la palabra adecuada, con el gesto preciso. Siempre, siempre, tienen a mano una estadística que les da la razón en lo que piensan, por muy ficticia que sea. Si yo gobernase, si yo tal y yo cual. Pero no gobiernan. Para qué. Un fin de semana, en un fin de semana dejaba el asunto niquelado. Ya sabes. Son ellos. Los cuñados. Y se están reproduciendo peligrosamente.

No hace falta que se lo cuente porque lo habrán sufrido en sus carnes. Desde el pasado viernes ha disminuido peligrosamente el porcentaje de especialistas en política interna y ha aumentado, de manera exponencial, el de entendidos en política internacional, sección Islam, subsección situación geoestratégica en Oriente Medio. Todos tenemos una opinión, claro, pero con los cuñados pasa algo diferente: ellos tienen verdades.

A estas alturas no es necesario que les diga que los "cuñados" no necesariamente son cuñados de nadie… no, en este caso la palabra hace referencia a una actitud ante el mundo y la vida, a una prepotencia intrínseca, a una, sí, determinada forma de ver y hacer las cosas. El cuñado tiene que ser cuñado… poseer la llave para resolver cualquier problema.

El cuñado opina… opina mucho. Es como uno de esos tertulianos de las teles, solo que más pesado, porque suele saber menos y además te pontifica a la cara, que jode más. Bueno, a la cara o en una pantalla de ordenador, porque donde al cuñado antes solo lo tenían que aguantar sus allegados y cercanos (que, oigan, algo habrán hecho) ahora, con Twitter, Facebook, WhatsApp y todas estas gaitas su influencia demoniaca se extiende geométricamente. Y como no hay nada más abundante que la estolidez humana los cuñados se retroalimentan con otros descerebrados y la bola de (des)conocimiento baldío se hace más y más grande. Y hiede.

El cuñado opina… opina mucho. Es como uno de esos tertulianos de las teles, solo que más pesado, porque suele saber menos y además te pontifica a la cara, que jode más.

Reconocerlos es fácil. Ellos son personas de acción, odian a los "buenistas" (esta palabra, tan curiosa, les habrá saltado también a la cara en los últimos días… piensen en cómo será quien insulta a otra persona con un término derivado de "bueno"), saben lo que hay que hacer, el cuándo y el cómo. Si es muy sencillo, si yo mandara… aahhh, si yo mandara enviaba a quien tú ya sabes a dónde tú te imaginas y en una semana arreglado. Que digo en una semana, en dos días… Pero claro, hay que llenarse la boca de palabras, y mirar para otro lado y hacer como que nada y todas esas zarandajas. Buenistas, que sois unos buenistas…

Eso es un cuñado. Eso y las comparaciones, claro, porque lo bueno de sus ideas es que, de puro simples, son intercambiables en diferentes situaciones, y donde los otros ven aristas ellos ven una autopista despejada por la que transitar en el vértigo de sus prejuicios. Y entonces, claro, esto es como aquello otro, y como todo es igual, todo se resuelve de la misma manera. En un fin de semana. Y ya está. Geopolítica a mí. Si se veía venir (lo de París, lo de Madrid, el ébola, la crisis catalana, la separación de la infanta o la muerte de la orca que hacía de Willy, la pobre, si me hubieran dejado a mí ahora estaría viva, ya ves tú).

¿Datos? ¿Historia? Para qué. El cuñado no necesita de todo eso. Es más, el cuñado aborrece los libros (salvo, quizá, algún periódico deportivo), desprecia las letras, denigra el estudio del pasado. Eso no sirve para nada, eso son tonterías, si esto lo arreglaba yo rápidamente… ahhh, si yo mandase. El cuñado detesta, igualmente, cualquier manifestación artística, pese a que tiene opiniones perfectamente (in)fundamentadas sobre ellas (el cine español es una panda de paniaguados que chupan mis subvenciones, el arte moderno es una chorrada que yo podría hacer en una tarde borracho, el ballet es para maricones, la literatura para cursis) y podría mejorar todas y cada una de sus obras, si él se pusiera, pero ya sabes, eso gasta mucho tiempo, y yo no estoy para hacer tonterías, pero vamos, que escribir lo puede hacer cualquiera, hombre, cualquiera. Eso sí, no intenten ofrecerles un paquete de 500 folios y un bolígrafo para que empiecen su Moby Dick particular, porque no tiene sentido. No cazan mucho los cuñados la ironía. Lo más que pueden lograr es algún chiste malo con el apellido de la ballena si el cuñado en cuestión sabe algo del idioma de Melville. En fin…

Por eso usted… sí, sí, usted, el buenista que está leyendo esto, el falto de testosterona o, peor aún, la mujer…dios mío, la mujer, que está paseando sus ojos ahora por estas letritas… tenga cuidado, estos días hay sobreabundancia de cuñados por las calles. Y, así entre nosotros, no hay quien les aguante.

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