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Historias de la mili y la insumisión

Antimilitaristas del MOC colocan un enorme 'Kasku-lore- frente a la puerta del Gobierno militar de Bilbao para reivindicar los 25 años de la insumisión. / EDN

Aitor Guenaga

Bilbao —

“Si acabar con la mili fue divertido, acabar con los ejércitos va a ser un fiestón”. Con estas palabras y en un ambiente festivo y reivindicativo finalizó este viernes la acción realizada por cerca de un centenar de miembros y simpatizantes del Movimiento de Objeción de Conciencia (MOC) frente al Gobierno Militar de Bilbao. Los grupos antimilitaristas vascos celebran estos días los 25 años de la estrategia de la insumisión. Y como aquel 20 de febrero de 1989, cuando se produjeron las primeras presentaciones de insumisos al Ejército en diferentes gobiernos militares de toda España, siguen reivindicando la desobediencia y la noviolencia como métodos para acabar con los ejércitos y los gastos militares.

Activistas del MOC colocaron un enorme 'kasku-lore' frente al Gobierno Militar de Bilbao y corearon consignas antimilitaristas en un ambiente festivo y con música de fondo. Unos días antes, miembros del grupo antimilitarista Kakitzat se habían encartelado junto a la puerta de acceso del mismo recinto militar al tiempo que colocaban una enorme tarta hinchable con 25 velas por los años transcurridos desde que los primeros insumisos empezaron a desobeder al Ejército.

Ambos grupos antimilitaristas reivindicaron la insumisión, “la campaña de desobediencia civil más éxitosa que se ha producido en las últimas décadas en el mundo”, recordó Alberto Estefanía, uno de los últimos insumisos en los cuarteles -aquellos que en la última etapa del servicio militar obligatorio iban a la mili y posteriormente abandonaban el cuartel-. Estefanía había participado la víspera en una mesa redonda a la que acudió también el histórico objetor de conciencia Pepe Beunza y Carlos Martín Beristain, médico y doctor en Psicología Social, que lleva más de dos décadas trabajando con víctimas de la violencia.

Pepe Beunza siguió reivindicando la utopía y en la charla animó a los presentes y a la sociedad en general a “seguir luchando porque las conquistas sociales no son para siempre, como estamos viendo ahora”, en alusión al recorte de libertades y de derechos sociales que se está produciendo en España con las políticas del PP. Beunza, natural de Valencia, relató su propia experiencia cuando únicamente los testigos de Jehova y unos “raros”, como se definió a sí mismo el propio Beristain a los objetores de los años 70, se enfrentaban a los militares y a la mili. En 1971, Beunza fue el primer desobediente que utilizó la desobediencia civil que había leído en los libros de Thoreau y que había visto practicar a Gandhi en la India del Imperio británico y a Martin Luther King en la lucha de los negros por el reconocimiento de sus derechos civiles en Estado Unidos.

La charla del viernes trasncurrió entre las anécdotas y el poso político que ha supuesto la insumisión para las nueva generaciones. “Aprendimos una manera de hacer política” recordó Martín Beristain, recién llegado de Colombia, donde está haciendo un trabajo con mujeres que han sufrido la violencia del conflicto armado que ahora parece estar en vías de solución. En las preguntas se suscitó por parte del público un debate sobre el papel que en todo este movimiento tuvieron las mujeres. Beunza recordó una anécdota de cuando estaban protestando en una ocasión en Italia frente a un cuartel militar. “Nosotros no parábamos de gritar, pero dentro no había nadie. Recuerdo que cogíamos los típicos carteles para ponernos frente al cuartel y yo cogí uno de los repartieron. Cuando me di cuenta del lema ”No pariremos hijos para ir a la guerra“ cogí y me lo quité. En mala hora, vaya bronca me hecho una feminista italiana, que por qué me lo quitaba”, recordó entre las risas del público.

Todos ellos apuntaron que en realidad el antimilitarismo es una especie de “carrera de fondo y carrera de relevos”. Alberto Estefanía recordó las multitudinarias manifestaciones contra la guerra de Irak que se multiplicaron por todo el país y señaló que las campañas antimilitaristas siguen: el trabajo contra los gastos militares, las fábricas de armas, las campañas de objeción fiscal están ahí, aunque no tengan tanta repercusión mediática. “Aunque algunas acciones sí son sonadas y llegan a la prensa internacional. Ya le hemos metido seis goles a BBVA en su junta de accionistas arrojándonos pintura encima”, apuntó con cierto orgullo.

En todo caso, las últimas acciones ante el Gobierno Militar de Bilbao y las charlas que se han celebrado esta semana por parte del MOC y las que están organizadas por Kakitza para la semana que viene en torno al 20 de febrero han intentado mantener ese espíritu de humor que casi siempre ha acompañado a las diferentes acciones de desobediencia. Porque como recordó en la charla Estefanía y ayer lo reiteró otro activista del MOC:“Si acabar con la mili fue divertido, acabar con los ejércitos va a ser un fiestón”.

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