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ENTREVISTA | Josu Elespe

“ETA asesinó a mi padre, pero la justicia nunca debe basarse en la venganza”

Josu Elespe, hijo del teniente alcalde de Lasarte asesinado por ETA en 2001, Froilán Elespe, lleva varios años ofreciendo su testimonio y experiencia como víctima del terrorismo a jóvenes de 16 años para deslegitimar la violencia y superar la venganza

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Josu Elespe, hijo del edil socialista de Lasarte asesinado por ETA en 2001.

Josu Elespe, hijo del edil socialista de Lasarte asesinado por ETA en 2001.

Josu Elespe empezó a finales de la legislatura pasada a ofrecer su testimonio en las aulas vascas como víctima de ETA y aún sigue en la brecha. Reconoce que "emocionalmente" le pesa cada vez más cuando tiene que enfrentarse a una de estas aulas repletas de jóvenes de 16 años y rememorar su experiencia, pero acto seguido enfatiza que la experiencia resulta inmejorable y, sobre todo, necesaria porque se dirige a una generación que sin este tipo de testimonios nunca sabría lo que ha pasado en Euskadi con 43 años de terrorismo a sus espaldas. Elespe, hijo del teniente alcalde socialista de Lasarte (Gipuzkoa) asesinado por ETA en 2001, Froilán Elespe, asegura que el odio "nunca" ha movido ni secuestrado su mensaje al dirigirse a los jóvenes. "En mi, no existe el ánimo de revancha. Lo único que me mueve es sensibilizar a los jóvenes contra la violencia y la venganza".

Más de 3.000 alumnos vascos de entre 16 y 17 años han escuchado durante el pasado curso testimonios de víctimas del terrorismo. Han conocido las experiencias de víctimas de ETA, del GAL, del Batallón Vasco Español y de abusos policiales.

¿Cómo ha sido la experiencia de ofrecer tu testimonio en las aulas de los colegios?

La primera sensación que tuve es que esto lo teníamos que haber hecho antes, cuando ETA estaba en su apogeo. Enseguida vi que era una buena oportunidad.

¿Qué tipo de preguntas le hacen los chavales?

De todas las aulas he salido contento, esperanzado y feliz. Impactado por el respeto y la empatía que muestran por el testimonio. Muchas preguntas son viscerales, propias de la edad [los testimonio se dirigen a chavales de entre 14 a 16 años]. Se centran mucho en preguntas personales, sobre la ausencia de odio, cómo actuaría en caso de encontrarme con el asesino de mi padre.

Una realidad desconocida para esa generación a la que se dirige.

Se trata de que conozcan lo que ha ocurrido en el país en el que viven y del que forman parte. No han vivido la realidad de la violencia. Por eso deben saber lo que ha pasado. Les cuesto mi historia personal, mi evolución y cómo veo la situación actual. Hago un discurso de deslegitimación de la violencia, venga de donde venga. Se trata de que sepan lo que ha pasado para que no tengan la tentación de que matando a un ser humano van a conseguir algo.

¿Les ayuda a mejorar ética y moralmente en sus conceptos?

Sin duda. Yo no les hablo de política, voy con un discurso ético y les viene bien porque les fortalece a la hora de deslegitimar la violencia. Tienen la madurez suficiente para entender lo que les cuento y hacerse una composición de lugar de lo ocurrido. Ellos ven en mi testimonio que la justicia nunca debe basarse en la venganza. Y lo escuchan de boca de una persona a la que ETA asesinó a su padre. Les explicó que durante los primeros años tras su asesinato viví con el odio y cómo paulatinamente lo desterré porque me estaba haciendo daño. Tenía que dejar de odiar para volver a ser feliz. Lo hice para recuperar la felicidad, pero me di cuenta de que con esa ausencia de odio podía contribuir a una mejor convivencia. Y no albergo ningún ánimo de revancha ni de venganza. A los chavales les llama la atención porque es algo que pueden aplicar en su vida diaria y en los conflictos que puedan surgir con otros compañeros. Lo importante es que mi testimonio no está influenciado por el odio.

¿Y entienden el silencio y aislamiento que sufrieron las víctimas del terrorismo por parte de la sociedad?

En mi caso, la respuesta social fue muy diferente a las de los años 80 y 90. Nos sentimos completamente respaldados, pero les explicó que esto no fue así siempre. Les digo que en los años 80 una parte de la sociedad jaleaba los atentados y otra optaba por mirar para otro lado para no meterse en líos. La gran mayoría de las víctimas de ETA careció de apoyo, a los guardias civiles se les enterraba a escondidas….Yo no lo viví, pero les digo que eso existía y deben saberlo.

¿La reconciliación es imposible en Euskadi?

Es un término que en Euskadi no es aplicable. Me suena a bandos enfrentados, pero aquí no ha sido así. Unos han matado y otros han muerto. Prefiero hablar de convivencia. Creo que resulta más apropiado.

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