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El día después... habrá que seguir estando

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Este domingo votamos. La ilusión es grande, pues contamos con más posibilidades que nunca de que salga la opción de cambio que deseamos desde hace tantos años. Pero puede ser que no. UPN, junto con las fuerzas que le pueden ayudar a alcanzar el poder, tiene la batalla difícil, pero no perdida. En caso de que les dé la suma, de que se mantengan en sus sillones, nadie duda de que su ataque contra la democracia y en favor de los mercados se recrudecerá.

Aunque hoy no es momento para el pesimismo: estamos en disposición de darle la vuelta a las instituciones, y tenemos que intentarlo con todas nuestras fuerzas. El domingo, en las urnas, haremos lo que podamos para que el cambio sea posible.

A partir de entonces, y sea cual sea el resultado, los movimientos sociales debemos recuperar el pulso. Evidentemente, tendremos que luchar si ganan quienes han demostrado que quieren una ciudadanía que consuma, trabaje y calle. No les podemos poner tan fácil que continúen socavando la calidad de vida de la mayoría, para engordar las cuentas de una minoría opulenta y desvergonzada.

Pero, si ganan los nuestros, también debemos seguir en la brecha. Son varias las razones. La primera, que el apoyo social permitirá a las fuerzas políticas vencer las resistencias que tratará de oponer el capital. Además, somos quienes, a pie de calle, tenemos más capacidad para marcar el camino y hacer visibles los problemas reales de la gente. Y la última razón, pero no menos importante: no han sido pocas las veces en que un partido político que creíamos de los nuestros ha llegado ahí arriba, y nos ha traicionado. Debemos mantener la vigilancia social y la movilización para que esas personas que nos representan en las instituciones sepan a quién responden, que no va a ser fácil traicionarnos.

La democracia es de las personas, no de los políticos. Debemos recordarles, constantemente, que si están ahí es porque se lo hemos mandado.

Hoy queríamos escribir sobre esto desde Attac Navarra, pero nuestro compañero Carles Esteve Aparicio, de Attac País Valenciano, ya lo había hecho antes. Y nos lo ha traducido para que entendamos que es así, que El día después... habrá que seguir estando.

A estas alturas empiezo a estar cansado de campañas, pre-campañas, encuestas y demás mercadotecnia electoral. Supongo que a la mayoría os pasa algo parecido. El caso es que el fin de semana decidí echar mano de una bola de cristal que tenía algo aparcada en el fondo de un armario, junto a otros trastos que me hizo ilusión recordar y que seguirán en el mismo sitio durante algunos años más. Me costó hacerla funcionar, ya que hacía tiempo que no la utilizaba, pero después de un buen rato leyendo las instrucciones conseguí visualizar con total claridad el resultado de las próximas elecciones autonómicas y municipales. Podéis mantener la calma porque no voy a desvelaros este secreto. Es la cita electoral más interesante desde que empezamos a caminar en democracia y sería como si os dijera el resultado de un Barça-Madrid antes de empezar el partido.

Aunque se diese un giro espectacular en el terreno de la política de las instituciones y los partidos, seguirá habiendo mucha política que hacer fuera de estos espacios y el papel de la ciudadanía organizada seguirá siendo fundamental

Vistos los números y el reparto de porciones del medio queso que nos suele enseñar los medios de comunicación, me costó conciliar el sueño y estuve un buen rato dándole vueltas a una idea. ¿Y ahora qué? ¿Qué hacemos quienes no militamos en partidos? ¿Tendremos algo que hacer?

Los movimientos sociales y el tejido ciudadano siempre han tenido un papel independiente de los gobiernos y de quienes gobiernan (siguen sin ser los mismos, por si a alguien se le pasaba este dato importante). Aunque se diese un giro espectacular en el terreno de la política de las instituciones y los partidos, seguirá habiendo mucha política que hacer fuera de estos espacios y el papel de la ciudadanía organizada seguirá siendo fundamental.

Los tiempos en los que se manejan los partidos y los movimientos sociales son diferentes. Los medios de comunicación obligan a una respuesta inmediata a casi cualquier cosa que acontece, pero fuera de los partidos esto no es siempre así. Podemos, y seguramente así sea mejor, tomarnos tiempo para tener algunos debates de forma serena, sin la presión de la inmediatez, contando con el trabajo en común de diferentes organizaciones y sabiendo que los resultados tendrán mucho mayor recorrido que la mayor parte de las respuestas urgentes que rellenan los programas electorales.

La forma en la que los partidos definen sus estrategias está completamente condicionada por mecanismos muy similares a la venta. Es cierto que no venden un producto, pero igual que ocurre con la publicidad, cada vez más nos venden actitudes y valores que se asocian a unas caras determinadas. Lejos queda el debate de ideas y propuestas, por mucho que esté en boca de todas las personas que nos piden el voto. Los movimientos sociales no tienen estas ligaduras, y sus estrategias están condicionadas por otros criterios, que tienen más que ver con aquello que proponen y denuncian; por el mundo alternativo y posible que pretenden.

Durante el último año, hemos vivido un nuevo transfuguismo que nos puede salir muy caro. La aparición de nuevas fuerzas políticas y las nuevas estrategias de algunas de las antiguas, ha dado lugar a una enorme descapitalización de un tejido social que se encontraba aún en pañales dentro de una nueva etapa de su historia. Muchas personas con un enorme recorrido en movimientos sociales han cambiado su espacio de lucha por el de las listas electorales y también lo han hecho muchas de las que tuvieron un despertar participativo hace a penas cuatro años con el 15M.

No pretendo un ataque a quienes, de forma honrada y coherente con sus ideas, deciden luchar por éstas dentro de un partido; esto es absolutamente necesario y clave para recuperar las instituciones. Lo que me genera un cosquilleo interno muy parecido al miedo, es ver que los movimientos sociales afrontarán el día después con unas capacidades muy reducidas por este efecto llamada de los partidos.

Y ese día después, seguirá siendo insustituible un tejido social capaz de enfrentar el resultado de las urnas, sea cual sea; capaz de seguir luchando por recuperar los derechos que hemos perdido y los que nunca hemos tenido; capaz de plantarse antes quienes de verdad gobierna sin ninguna atadura; capaz de sostener la utopía y hacer de ella una hoja de ruta y un camino común.

Aunque el día después puedas salir a celebrar que ha ganado tu opción; aunque dibujes una sonrisa por lo que esperas que serán los próximos años; aunque demos un salto democrático hacia nuevas formas de gestionar el espacio público, seguirá habiendo mucha política que hacer más allá de las instituciones y los partidos.

El día después... habrá que seguir estando.

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