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Ocho ´no deseos´ y una petición desesperada

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Con un poco de retraso pero las ideas claras,  voy a hacer mi lista de ‘no deseos´ para este año 2014 recién iniciado. Son  ocho a los que añadiré una petición desesperada.  No los escribo por orden de relevancia sino de manera aleatoria. Seguro que se me olvidan muchos. Pero, no están los tiempos como para pedir en demasía. Dicen que si persigues algo con mucha energía, terminas lográndolo. Claro que también hay que tener cuidado con lo que anhelas porque puedes conseguirlo. Así que me decido por no desear, a ver si hay suerte.

No deseo que:

1º Los dirigentes políticos que pasan la vida lamentándose mientras llenan sus arcas de  monedas de oro sigan sufriendo por el devenir de sus ciudadanos. Me gustaría tener una varita mágica que les otorgara el don de la inteligencia y la felicidad. Que rieran en lugar de escupir sapos. Ellos no tienen la culpa. Pobres. Bastante hacen con inmolarse por nuestro bien.  Y, además, no se lo agradecemos.

2º El ministro Gallardón –o cualquiera de sus correligionarios- en un alarde de desenfreno navideño deposite su semillita en el campo fértil de su santa  esposa y la deje embarazada. Podría darse, aunque su Dios no lo quiera, que el feto tuviera algún grave defecto o que a la mujer le pillara un poco mayor o incluso que maldita las ganas que ésta tuviera de ser madre. Qué haría el mayor fraguador de la ley antiabortista de ¿la democracia?  Siempre le quedará Londres. O, incluso, podría tirar de ese amigo de un amigo médico.

3º Los jóvenes luchen contra viento y marea y persistan en su idea de formarse y buscar un trabajo en este país de las maravillas que es España. Es mejor que miren lo bien que se lo montan los hijos de quienes hacen todo lo posible para ellos se exilen. Esos jóvenes de alta cuna y baja cama estudian en las mejores universidades o hacer amigos. Y, luego, a la vuelta, si regresan, siempre pueden disfrutar de las ventajas que conlleva ser uno de los suyos y dedicarse a los negocios de la familia.

4º El presidente del Gobierno convoque ruedas de prensa en las que en vivo y en directo explique sus decisiones y los periodistas puedan preguntar libremente. Incluso, inquirirle aparte, tras su término.  Sería  tal el desconcierto y la desconfianza que los medios, atónitos, enmudecerían y se interrogarían si realmente es Mariano Rajoy o un replicante creado para promover alguna demoniaca estrategia.

5º Esos hombres pletóricos de testosterona y complejos sigan imponiendo su machismo alfa de mierda engordando las listas de víctimas. Si decidieran suicidarse antes de asesinar y no después, como hacen muchos, todos les estaríamos agradecidos y serían protagonistas en las noticias por una buena causa.

6º Los bancos y empresarios que con tanto esfuerzo amasan sus fortunas se afanen, ni siquiera como experiencia, aburridos de matar elefantes y leones, por saber del devenir de sus decisiones. Si supieran que hay miles de muertos vivientes quizá, solo quizá, podría abrirse la caja de seguridad que un día lejano sustituyó a su corazón.

7º Los policías se replanteen desobedecer las órdenes recogidas en la nueva Ley de Seguridad Ciudadana y entiendan las justas reivindicaciones de los ciudadanos. Si lo hicieran, si se sintieran cercanos a quienes pagan sus sueldos y son como ellos –bueno, es un decir- podrían darse cuenta de que su vida es una piltrafa. Que despojados del uniforme y la pistola, son poca cosa.

8º Que los parados, quienes buscan su primer empleo o temen no volver nunca al mercado laboral;  quienes sufren enfermedad y no hay hospital público que les atienda, discriminación por su raza o procedencia. Aquellos que han perdido su hogar o viven con miedo. A todos los parias de la tierra, se rebelen y luchen. Si lo hacen, podrían ganar y eso, a los amos del mundo, no les gustaría.

Una petición desesperada:

Por favor, que Rouco Varela, ese cardenal recién defenestrado con voz de eunuco, se calle de una vez. Que no le dejen hablar. Que le amordacen si es necesario. Y, si fuera posible, aprovechando que los Reyes Magos todo lo pueden, que le regalen sexo salvaje, como el que él sostiene que practican los jóvenes.  A su edad, se merece saber de qué habla.

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