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Erase una vez en Burkina Faso….

Sí, os voy a contar un cuento, o no, mejor un sueño, una historia que con determinación y mucha ilusión productores y productoras, cocineros y cocineras y consumidores y consumidoras decidieron vivir. Y lo hicieron conectando dos países sin vínculo evidente, Perú y Burkina Faso, mediante un nexo común: la comida.

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Lourdes y Mariam;  Mistura y Koudous; América y África

Lourdes y Mariam; Mistura y Koudous; América y África

Érase una vez Mariam, productora de arroz en Burkina Faso, y Lourdes, productora de patatas en Perú. Nada las unía, nada indicaba que sus vidas se iban a cruzar, aunque en realidad tenían y tienen mucho en común: el poder de producir alimentos, la fuerza de defender sus derechos como productoras y como mujeres y su ilusión por cambiar el mundo, para ellas y para sus hijos.

Se conocieron en Madrid, en el encuentro internacional de mujeres que transforman el mundo, compartieron sus luchas, sus ilusiones y decepciones y se dieron cuenta de que también compartían una feria, una feria de alimentos: Mistura en Perú y Koudous en Burkina.

Estas ferias nacieron del sueño de algunas personas que creyeron en el poder de los alimentos para luchar contra el hambre y la pobreza, y que era posible hacerlo desde la fiesta, desde la valoración de los campesinos como personas que aseguran nuestra alimentación, y de los hombres y mujeres que cocinan esos productos con arte, esmero y amor por lo bien hecho.

Lourdes puso en contacto a Mariam con un chef cocinero de Perú, Flavio Solorzano, miembro de Apega, la asociación organizadora de la feria Mistura, para que conociera los Koudous y los enriqueciera con su experiencia. Mariam conoció a Flavio, le enseñó el arroz que ella produce y vaporiza y Flavio le contó como cocinaba él con los productos que producen los campesinos de su país. Para Mariam , producir y transformar el arroz es su medio de vida. Para Flavio, cocinar es comunicar al mundo el poder de esos alimentos producidos por la agricultura familiar, es alimentar el orgullo por la producción local, y valorar el oficio de campesino/a. A Mariam se le iluminaban los ojos escuchando la pasión de Flavio. En Burkina Faso, como en muchos otros lugares, ser campesino es casi un fracaso: se es campesino porque no se puede ser otra cosa, porque no hubo suerte. Pero escuchando a Flavio, Mariam sintió que su trabajo tiene pleno sentido: ella produce alimentos que le permiten vivir, enviar a sus hijos a la escuela, pero que también alimentan a muchas personas. Y se dio cuenta, más que nunca, de que tiene derechos como productora: derecho a un precio justo por sus productos que le permitan vivir e invertir en su explotación, acceso a la tierra y a políticas públicas que le faciliten cumplir con su misión de alimentar al mundo.

En Mistura y en los Koudous los alimentos tienen poder, el poder del encuentro entre productores/as, cocineros/as y consumidores/as, y de hacer de ese encuentro una fiesta, una celebración donde cada uno se siente responsable y orgulloso: el productor se siente responsable de producir con calidad, el cocinero de transformar con respeto los productos que los campesinos produjeron con esfuerzo y los consumidores son conscientes de que su elección de comprar y comer productos de la agricultura familiar es poderosa porque tiene la fuerza de cambiar vidas y de asegurar la alimentación para todos hoy y en el futuro.

Más información sobre la campaña Alimentos con poder.



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