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Albania empieza el nuevo año con la mirada puesta en la integración europea

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Albania ha comenzado 2014 con la mirada puesta en la integración europea -un sueño ansiado por el 87 % de los albaneses, según las encuestas-, algo para lo que el Gobierno de Tirana está redoblando los esfuerzos en su lucha contra la corrupción y el crimen organizado.

"El foco de nuestro trabajo serán las reformas en todos los campos que afectan directamente a los ciudadanos, y sobre todo la lucha contra la corrupción y el crimen organizado, dos prioridades señaladas por la Comisión Europea (CE) el pasado octubre", dijo a Efe la ministra de Integración Europea, Klajda Gjosha.

Pese a la opinión positiva expresada por el Parlamento Europeo y la CE, los ministros de Exteriores de los Veintiocho acordaron en diciembre aplazar para junio la concesión del estatus de candidato a la adhesión, solicitado desde 2009 por este país excomunista de 2,8 millones de habitantes y mayoría musulmana.

"Su única exigencia ha sido la continuidad de las reformas y más tiempo para comprobar los resultados", explicó Gjosha, de 30 años, que forma parte del Ejecutivo de coalición izquierdista que gobierna tras obtener la victoria en las elecciones del pasado junio.

La joven ministra añadió que para Albania, lo importante es el buen desarrollo del proceso y no la fecha de la candidatura, aunque subrayó que los países miembros han reconocido los progresos hechos por el estado balcánico.

"Estamos convencidos de que Albania merece ser parte de Europa, independientemente del tiempo que deba transcurrir para ello", señaló.

El diputado oficialista Petrit Vasili ha solicitado que las autoridades europeas expliquen con "más sinceridad" los motivos del rechazo de diciembre, después de que sus instituciones directivas hubiesen avalado la concesión de la candidatura a Albania.

Restando importancia a este rechazo, el primer ministro albanés, el socialista Edi Rama, lo achacó a la influencia de las "fuerzas extremistas" y "antieuropeas" en los estados miembro de la UE y a la "fatiga de la ampliación".

Tras asumir, este otoño, la dirección del país, el nuevo Gobierno elaboró un plan de medidas con plazos concretos para llevar adelante las reformas.

Entre estas medidas destaca el nombramiento de un nuevo coordinador de la oficina nacional contra la corrupción y la legislación que prepara el Parlamento para endurecer las medidas contra los altos cargos condenados por corrupción, a los que les serán confiscadas sus propiedades.

En estos tres meses, unos 87 cargos públicos, entre los que se hallan el alcalde socialista de Vlora, Shpetim Gjika, y el primer edil conservador de la ciudad de Kamza, Xhelal Mziu, ambos a la espera del inicio del juicio en el que deberán defenderse de las acusaciones de abuso de poder y corrupción.

La corrupción se ha convertido en un mal endémico en Albania, y la cultura de la impunidad -contra la que ahora pretende luchar el Gobierno- se ha extendido, ya que en los 23 años que han pasado desde la caída del comunismo, ningún alto cargo político ha sido condenado por ello.

El pasado año, el estado balcánico cayó tres puestos en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional, hasta quedar en el 116º lugar de un total de 175 países.

Para garantizar la seguridad, el orden público e impulsar la lucha contra el crimen, los sueldos de la policía se han incrementado entre un 20 y un 25 %, a pesar del escaso dinero público disponible debido a la crisis económica.

Los resultados del trabajo de la Policía, sometida a una reestructuración total, han mejorado en los últimos tres meses y sólo en diciembre fueron decomisadas unas 4 toneladas de marihuana.

Su próximo desafío será la intervención en la hasta ahora intocable localidad de Lazarat, que -según datos de la Policía italiana- produce 900 toneladas de hachís al año por valor de 4.500 millones de euros, un tercio del Producto Interior Bruto albanés.

Además, el Gobierno se ha propuesto destruir los edificios construidos ilegalmente -una llaga en el paisaje albanés de las últimas dos décadas-, así como profundas reformas en Sanidad, Educación, Justicia y los sistemas fiscal y de pensiones, para mejorar la vida de uno de los pueblos más pobres de Europa.

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