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INTERNACIONAL

Una joven ingeniera recorre Irlanda para hacer campaña en favor del derecho al aborto

Caoimhe Anglin, de 28 años, se hizo activista tras verse obligada a viajar fuera de Irlanda para abortar

Los sectores tradicionales reconocen que el referéndum es la última oportunidad del catolicismo irlandés contra la revisión de las leyes antiaborto de Irlanda

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Imagen de la inauguración de la exposición "Everyday Stories" en Dublín

Imagen de la inauguración de la exposición "Everyday Stories" en Dublín Twitter @es_irl / Brendan Canty

Una joven ingeniera informática se embarca en 2018 en una gira por  Irlanda para convencer a los votantes a que apoyen cambios en la ley del aborto, mientras que el país se prepara para derogar la prohibición de la intervención en prácticamente todas las circunstancias.

El viaje de Caoimhe Anglin por todos los condados de Irlanda la lleva al corazón de la batalla entre el laicismo y el catolicismo tradicional.

Anglin espera que contar su historia, cuando en 2016 se vio forzada a dejar su hogar para abortar en Inglaterra, pueda persuadir al electorado –en particular en la Irlanda rural– a apoyar la abolición de la Octava Enmienda de la Constitución irlandesa.

"Hace un año, cuando estaba experimentando un embarazo no deseado, me sentí muy sola", dice Anglin. "No estaba involucrada en ninguna campaña. Era la única persona que conocía que estaba pasando por esto, hasta que aborté en Manchester en 2016. Nunca habría pensado que iba a involucrarme", explica Anglin.

"Recuerdo un momento decisivo cuando estaba de camino a Manchester en el aeropuerto de Dublín con mi novio. Fui al baño y vi a una chica mucho más joven que yo, sola y claramente sufriendo. Más tarde la vi en el avión a Manchester. Asumí que estaba haciendo lo mismo que yo, pero ella no tenía a nadie con ella".

"¿Cuántas niñas y mujeres como ella tienen que pasar por todo esto prácticamente solas? Empecé a darme cuenta de que tenía que posicionarme".

Un referéndum decisivo para el catolicismo

La Octava Enmienda garantiza la ciudadanía irlandesa al embrión en el momento de la concepción y fue adoptada en 1983 con el apoyo del 67% de los votantes. Grupos proaborto en Irlanda dicen que crea un "factor legal disuasorio" entre los médicos, incluso en los casos en los que la ley irlandesa permite la interrupción del embarazo, como cuando puede desembocar en la muerte de la mujer.

Los sectores tradicionales reconocen que el referéndum es la última oportunidad del catolicismo irlandés contra la revisión de las leyes antiaborto de Irlanda. Después de que la Iglesia perdiese su lucha para prevenir el matrimonio homosexual en el 2015, el referéndum también se está presentando como la última oportunidad para frenar la completa secularización de la sociedad irlandesa.

Con la legislación actual, una mujer condenada por haber abortado ilegalmente en Irlanda puede enfrentarse hasta a 14 años de prisión. Sin embargo, las mujeres irlandesas pueden viajar libremente al extranjero para abortar, y miles lo hacen cada año, principalmente a Inglaterra.

Se espera que el referéndum tenga lugar en mayo o junio,  semanas antes de que el Papa Francisco visite Irlanda, la primera visita papal desde el viaje de Juan Pablo II al país en 1979.

Con los ojos puestos en la Irlanda rural

Los activistas antiaborto dicen que la recomendación de un comité parlamentario el 13 de diciembre de que la Octava Enmienda debería derogarse y que el aborto debería ser legal hasta las 12 semanas de gestación, subraya la importancia de mantener la enmienda.

Aquellos a favor de derogar la Octava Enmienda y de cambiar la ley del aborto en Irlanda, como Anglin, reconocen la necesidad de ganarse los corazones y las mentes más allá de reductos progresistas como la capital irlandesa, Dublín.

Anglin, de 28 años, dice que después de volver de la clínica de Manchester en 2016 no se encontraba bien y al principio tenía demasiado miedo de contárselo a sus padres.

De casualidad, sí le contó lo ocurrido a una amiga que estaba involucrada en la campaña para derogar la enmienda. En diciembre de 2016, la amiga puso a Anglin en contacto con el movimiento de reforma del aborto.

"Sentí que me quitaba un gran peso de conciencia de encima y empecé a hablarle a más gente sobre abortar", dice Anglin. "Me encontré con que cada vez más la respuesta era 'Oh, Dios mío, no puedo creer que tuvieras que pasar por eso' o 'Oh, Dios mío, yo también' o 'Mi hermana pasó por eso, o mi tía, o mi mejor amiga, etcétera'".

"Formaba parte entonces de un grupo de miles y miles de mujeres que compartían que sus vidas habían sido marcadas por este tema. Así que, a principios de 2017, mi amiga de la campaña sugirió que hiciéramos un proyecto basado en historias personales de mujeres como yo, porque añaden humanidad al problema y lo hacen más real".

Anglin dice que estaba preparada para un "debate público agresivo" en los momentos previos al referéndum, pero espera que el proyecto Historias de cada día ( Everyday Stories), del que es ahora una voz principal, ayude a cambiar la opinión hacia un voto a favor.

"Dado que vengo de la Irlanda rural de clase media, entiendo lo importante que es ir a cada condado, a todas las poblaciones rurales que sea posible e incluso a aldeas a contar mi historia. Creo que es importante que gente como yo no hable con condescendencia a los votantes que vienen a escuchar lo que tengo que decir".

El Instituto Iona, un grupo de presión cristiano, reconoce que la campaña de la Octava Enmienda va a ser una lucha decisiva para preservar valores religiosos que son clave para ellos en una república cada vez más laica.

Dave Quinn, periodista, comentarista y director del instituto, dice que el referéndum es "de la mayor y crucial importancia" para los católicos tradicionales y otros cristianos conservadores.

Quinn sostiene que si el electorado irlandés vota para abolir la Octava Enmienda, "habremos declarado de manera explícita que el nonato no tiene derecho a la vida bajo nuestra Constitución. La legislación, o los tribunales, avanzarán rápidamente hacia un régimen de abortos muy permisivo".

La mayoría de encuestas en los últimos años sugiere que hay un amplio apoyo para modificar la Octava Enmienda de alguna manera, pero también reticencias entre los votantes ante la idea de liberalizar completamente la ley del aborto, tal y como ocurre en la mayoría de países europeos.

Traducido por Marina Leiva

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