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INTERNACIONAL

¿Hay algo que pueda impedir un cuarto mandato de Merkel?

Angela Merkel ha anunciado su candidatura para un cuarto mandato en 2017 y ha enviado un mensaje al exterior: en un mundo de agitación política, la canciller de Alemania es una constante

En un delicado acto de malabarismo, Merkel se esforzará en tocar más el tema de “los perdedores de la modernización” y a la vez oponerse a la retórica populista

En este contexto, la amenaza real para Merkel puede venir más de la izquierda que de la derecha 

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Merkel, pensativa en su escaño.

Merkel, pensativa en su escaño

El domingo por la noche, cuando en la sede de su partido Angela Merkel subió al podio y anunció su candidatura para un cuarto mandato en 2017, envió un mensaje al exterior: en un mundo de agitación política, la canciller de Alemania es una constante.

No obstante, los debates del partido que culminaron con el anuncio de su candidatura también dejaron otra cosa clara: para igualar la marca de sus predecesores Konrad Andenauer y Helmut Kohl y lograr un cuarto mandato, Merkel tendrá que hacer grandes cambios.

Según una encuesta publicada el domingo en el periódico Bild, el 55% de los alemanes quiere que Merkel permanezca en su cargo. En agosto, sólo el 42% pensaba lo mismo. Tras once años en el poder, la imagen positiva de la canciller es aún más alta que la de los regímenes populistas.

Populistas de derecha

El clima social ha cambiado considerablemente en Alemania en los tres años que han pasado desde que la Unión Demócrata Cristiana (CDU) de Merkel arrasó en las elecciones con el 40,5% de los votos. Un nuevo partido populista de derecha está emergiendo. Muchos responsabilizan al desplazamiento de Merkel hacia el centro como la causa de la destrucción del panorama político del país.

La propia canciller lo insinuó cuando dijo que su partido tendría que “repeler ataques de todos los frentes”. Una experiencia nueva para un partido que tenía entre sus principios no dejar que los rivales ganaran terreno a la derecha del CDU.

En el borrador de un documento de estrategia que se filtró a los medios alemanes el fin de semana, se sugería que la canciller haría todo lo posible por evitar que la cantidad de refugiados que llegan a Alemania alcanzara el nivel de crisis de 2015, aunque al mismo tiempo no se comprometería a establecer una cantidad máxima.

En un delicado acto de malabarismo, Merkel se esforzaría en tocar más el tema de “los perdedores de la modernización” y a la vez oponerse a la retórica populista.

Las preocupaciones de sus socios en la coalición

Según los miembros del partido con más experiencia presentes en la reunión del domingo, hubo al menos un consenso en la sala: esta vez, Merkel no podría ganar con la campaña apolítica y optimista que el CDU desarrolló en 2013 y el partido necesitaría distanciarse de sus actuales socios de coalición, el Partido Socialdemócrata (SPD), en temas como la estabilidad económica y el patrimonio personal. Por lo menos, mientras durase la campaña.

A puerta cerrada, algunos políticos de centroderecha y de centroizquierda admiten que, aun a riesgo de encender la ira contra el establishment político, otra “gran coalición” entre sus partidos es el resultado más probable y responsable dado el clima de inestabilidad mundial.

Un gobierno de coalición entre el CDU de Merkel y el Partido Verde, del que tanto se habló hace apenas un año, parece cada vez más extravagante, y no solo por la victoria de Donald Trump en EEUU. Según los analistas, un gobierno conservador aliado a un socio menor como el Partido Verde desembocaría en peleas internas por las llamadas internacionales a que Alemania asuma un mayor papel militar.

Cuando Angela Merkel pensaba en abrir un restaurante

No se puede considerar seriamente una victoria en 2017 de los advenedizos del partido de derecha Alternativa para Alemania (AfD) por mucho que parezca el patrón establecido por el Brexit y Trump. Salvo por unos pocos parlamentarios menores del CDU en su rama de Sajonia, el partido de Merkel ha sido tan rotundo en descartar una coalición con el AfD como los partidos más a la izquierda.

Las mayorías absolutas son muy raras en la política alemana. La última vez que ocurrió algo así fue en 1957, en la elección de Adenauer. En 2013, los demócratas cristianos se quedaron a sólo cinco escaños de la mayoría absoluta, en parte porque una gran cantidad de votos fueron a parar a partidos que no llegaron al 5%, el porcentaje mínimo para entrar al parlamento. Es decir, que con el 43% de los votos, el CDU habría podido gobernar por su cuenta.

Se espera que en 2017 necesite un porcentaje mayor para gobernar en solitario. Según las últimas encuestas, hasta seis partidos tienen posibilidades de entrar al parlamento. Después de la inédita llegada de refugiados en busca de asilo y del primer ataque inspirado por el Estado Islámico sobre suelo alemán, las encuestas están dando al AfD entre un 10% y un 14% de la intención de voto. Para que se produzca una victoria tipo Trump, el AfD necesitaría triplicar o hasta cuadruplicar ese porcentaje.

La amenaza de la coalición rojo-rojo-verde

Si hay un obstáculo político en el camino de Merkel hacia su cuarto mandato es, muy probablemente, el que viene de Berlín. No está en su cancillería ni en el Parlamento sino en el órgano de gobierno de la ciudad (llamado el Senado de Berlín), donde los socialdemócratas, La Izquierda (Die Linke) y el Partido Verde acordaron un gobierno de coalición para manejar los asuntos de la capital durante los próximos cinco años. Según algunos analistas, si la colaboración entre estos partidos tiene éxito, podría inspirar la creación de una plataforma electoral similar para 2017.

Los tres partidos progresistas obtuvieron suficientes votos para lograr la mayoría relativa en 2013, pero no pudieron sobreponerse a sus diferencias históricas, en particular, sobre temas de política exterior. Tres años después, el estado de ánimo es más positivo. Ya hay un gobierno “rojo-rojo-verde” funcionando sin mayores problemas en el estado de Turingia y tienen, desde octubre, un equipo de trabajo como primera fuerza de la oposición en el Bundestag.

El socialdemócrata Christian Lange, secretario de Estado en el Ministerio de Justicia, pidió hace poco a los miembros de su partido que aprendieran de Portugal, donde el primer ministro António Costa logró un gobierno de coalición de minorías de izquierda con los partidos comunistas y marxistas al dejar de lado los temas candentes de la política exterior: el euro, la OTAN y las intervenciones militares.

Pero lograr ese consenso con un partido de la izquierda alemana seguro de sí mismo podría ser más complicado. Hace apenas unos meses, en junio, Die Linke frenó una moción para que Alemania abandonara la OTAN y la reemplazara por un “sistema colectivo de paz y seguridad en Europa que incluya a Rusia”.

Que los socialdemócratas se arriesguen o no a dar por terminada la relación con una canciller que muchos de sus acólitos admiran y comiencen un camino tan inestable, dependerá en gran parte del nombre de su candidato. Lo más probable es que sea el vicecanciller Sigmar Gabriel o el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz.

A juzgar por el nombramiento del ministro de Relaciones Exteriores Frank-Walter Steinmeier, es probable que el deseo de estabilidad prevalezca sobre cualquier impulso a la aventura. No habrá muchas cosas que impidan a Merkel, una vez más, volver a ocupar la cancillería dentro de diez meses.

Traducido por Francisco de Zárate

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