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Diálogo y reformas: el camino y la solución

Ante problemas como el de Catalunya, es la política la que tiene que ser protagonista. De ahí lo afortunado de que dispongamos de la comisión para reformar el Estado autonómico, un punto de encuentro de distintas voluntades

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El Congreso de los Diputados, al aprobar la Comisión no permanente para la evaluación y la modernización del Estado autonómico que propuso el secretario general del PSOE hace apenas 10 días, ha iniciado el camino para, por fin, abordar la solución política que requiere una crisis institucional como la que enfrentamos. Porque el desafío secesionista, y la respuesta que debe ofrecerse desde la legitimidad del Estado de Derecho, no pueden impedirnos constatar que el edificio territorial que se construyó hace casi cuarenta años, sufre hoy de tensiones, desajustes y malestares que requieren ya de puestas en común y soluciones compartidas.

El diálogo, la conversación democrática, es sin duda el camino que como decía al principio iniciamos en el seno de la Comisión no permanente. La razón del éxito de la democracia española desde finales de los setenta se encuentra en la gestión inteligente de la pluralidad. La integración de ideologías diferentes con un proyecto común aseguró el tránsito desde la dictadura al actual sistema de libertades y hoy continua siendo la única hoja de ruta capaz de garantizarnos que la respuesta a la crisis territorial tiene como condición imprescindible para su legitimación que sea compartida.  

El destino en este camino que defendemos es la voluntad de reformas porque una organización del Estado que quiera pervivir no puede ser ajena a sus mejoras, a su perfeccionamiento. Unidad, autogobierno, diversidad…son conceptos que forman parte de la historia y de la realidad de España; en como sepamos conjugarlos en cada momento, está en juego nuestra capacidad para la convivencia entre diferentes que se sienten participes de un espacio común. 

A nadie se le escapa que es en Catalunya donde el desencuentro territorial adquiere hoy una manifestación más traumática. Y si la política ha debido aparecer mucho antes, como hemos demandado los socialistas todo este tiempo –muchos costes nos hubiésemos ahorrado de haberlo hecho hace años– ya no se puede retrasar por más tiempo. De ahí, lo afortunado de que hoy dispongamos ya de ese punto de encuentro, de esa Comisión para reformar el Estado, que ya suma voluntades distintas. Un marco que reúne dos condiciones que pensamos son cruciales para su éxito: de un lado, su indudable institucionalidad al formar parte del Congreso, del corazón de la soberanía nacional; de otro, su pluralidad, su carácter no excluyente, abierto a quienes tienen voz para representar a la ciudadanía. 

Ojala las contadas excepciones parlamentarias que han optado por ignorar la puerta que se ha abierto, sean capaces muy pronto de no persistir en el error y rectificar. Estoy convencida que acabarán por hacerlo. Hoy lo importante es que partidos políticos de diferentes ideologías, incluso con posiciones políticas abiertamente enfrentadas, que tienen tras de sí a más de 300 diputados, han sabido abrir espacio al territorio en el que tenemos la responsabilidad de encontrarnos. 

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