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No, Trump no deporta "como Obama"

Con Obama 1,4 millones de personas estaban en riesgo inminente de deportación. Con el decreto de Trump, 8 millones pueden ser expulsados en cualquier momento y nadie está del todo seguro. Veamos de dónde sale este aumento

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Trump usa en vídeo electoral contra inmigración imágenes de valla de Melilla

Seguro que lo has oído ya: "Vale, Trump deporta ‘sinpapeles’ pero igual que Obama deportaba y no había tanto escándalo". Como todas las grandes mentiras, tiene una pequeña parte de verdad. En sus ocho años, la administración Obama expulsó del país a más de 2,5 millones de inmigrantes irregulares, más que todos los presidentes del siglo XX juntos. Tantos que las organizaciones de inmigrantes le llamaban el "Deportador en jefe". Sin embargo, Trump es mucho peor. ¿Por qué?

En primer lugar, por las cifras. En EEUU hay unos 11,5 millones de extranjeros que viven ilegalmente en el país. La agencia encargada de echarlos es la oficina de Inmigración y Aduanas (ICE), conocida en la comunidad latina como ‘La Migra’. Pero ‘La Migra’ tiene 20.000 agentes y mucho trabajo, así que hay que establecer prioridades. Con Obama 1,4 millones de personas estaban en riesgo inminente de deportación. Con el decreto de Trump, 8 millones pueden ser expulsados en cualquier momento y nadie está del todo seguro. Veamos de dónde sale este aumento.

En EEUU hay unos 8 millones inmigrantes irregulares que trabajan y algo menos de la mitad paga impuestos en su nómina. Con ellos la administración Obama no quiso hacer sangre, ya que en muchos sentidos son el trabajador perfecto para el gobierno: contribuyen con 13.000 millones a la caja y sin embargo no cobran jubilación. Durante su mandato priorizó la expulsión de los que habían llegado en las últimas semanas y que estaban a menos de 160 kilómetros de la frontera. Se quería proteger así a los que ya tenían empleo, familia y arraigo en EEUU. Por eso entre 2009 y 2015 el número de deportados con empleo cayó un 70%

Con Trump esa distinción se acabó y casi cualquiera está en riesgo. Román Zaragoza lleva más de 15 años viviendo ilegalmente en Oregon y tiene cinco hijos estadounidenses. En 2008 el ICE lo detuvo al confundirlo con otra persona pero lo puso inmediatamente en libertad al darse cuenta de su error. No era una prioridad. Hace unos días lo arrestaron camino del trabajo y ahora está a la espera de ser deportado.

El 90% de los ‘sinpapeles’ deportados por Obama en 2015 habían sido condenados por algún delito y Trump presume sin parar de que está expulsando "pandilleros y traficantes" o como él los llama "bad hombres". Sin embargo las diferencias en este capítulo son enormes. La primera y más importante es que Obama deportaba a los ya "condenados" mientras que a Trump le basta que hayan sido "acusados". De esta forma, ahora los agentes visitan los juzgados para llevarse a inmigrantes en situación irregular a mitad de proceso judicial sin esperar a que haya sentencia condenatoria.

Además con Obama la prioridad era deportar a aquellos encarcelados por delitos graves mientras que con Trump hace falta mucho menos. Por ejemplo, entre los 8 millones de inmigrantes irregulares que trabajan muchos tienen algún tipo de documentación falsa para poder hacerlo. Era el caso de Guadalupe García , a la que arrestaron en el trabajo en 2008 y que había acudido a las oficinas del ICE cada año para ver cómo seguía su expediente. Su primera visita en la era Trump acabó con su deportación a México tras 21 años en EEUU.

Peor aún que esto es que con el nuevo presidente no hace falta haber estado "condenado" o "acusado" formalmente, basta con haber cometido un hecho "susceptible de ser imputado como delito". Por poner el ejemplo más claro: unas seis millones de personas han entrado a EEUU sin pasar por un puesto fronterizo. Sus nombres no están en el registro. Eso es algo "susceptible de ser imputado como delito".

Los llamados ‘dreamers’ son el caso más sangrante dentro de la injusticia del sistema migratorio. Es el nombre que se da a aquellos inmigrantes irregulares a los que sus padres llevaron a EEUU siendo niños. Unas 750.000 personas que no sólo no tomaron la decisión de incumplir la ley sino que si son deportados volverían a un país que no conocen y que no es su hogar. Obama permitió en 2012 por decreto que trabajaran y estudiaran de forma legal y Trump no ha querido de momento deshacerlo. Sin embargo, han pasado cosas.

Aunque no haya cambiado nada sobre el papel, para algunos ha cambiado todo. Daniel Ramírez llegó al país con siete años y tiene un hijo estadounidense. Fue detenido hace un mes en una redada y por un tatuaje las autoridades han decidido que es miembro de una banda, algo que él niega y por lo que no ha sido juzgado ni condenado. El Departamento de Justicia ha pedido su deportación.

Daniela Vargas llegó de Argentina también con siete años y estudia matemáticas en la universidad. Tiene su credencial de ‘dreamer’ caducada y en proceso de renovación. Cuando la policía migratoria vino a por su padre y su hermano no la detuvieron. Sin embargo, después de dar una rueda de prensa para denunciar la situación, los agentes se la llevaron y ahora su abogada dice que la van a deportar sin pasar por un juicio. Esto es parte del comunicado que ha enviado al Huffington Post:

"No puedo hacer nada por evitar el hecho de que me trajeron aquí pero no conozco nada que no sea estar aquí y no me había dado cuenta hasta que anoche pasé cinco horas en una celda. Me trajeron aquí, no lo elegí. Cuando me trajeron aquí tuve que aprender un nuevo país y dejar atrás el que conocía. Ahora apenas conozco aquel país. Siento, siento fuertemente que es aquí a donde pertenezco y siento fuertemente que debería tener la oportunidad de quedarme y hacer algo bueno".

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