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La ley antigay rusa y la censura en internet

Blogueros rusos señalan la "autocensura" a la hora de escribir sobre temática homosexual en Internet con la ley anti-gay.

En agosto, el buscador Google retiró la página de noticias gay.ru aunque después de las protestas de su director fue restablecida.

Organizadores de propuestas culturales como el primer festival de cine gay ruso Side by Side temen que su portal de noticias pueda ser bloqueado por el Gobierno con esta ley.

Otros blogueros rusos, sin embargo, señalan que la controversia por la ley interesa más en Occidente que en Rusia

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El pasado 3 de septiembre, la directora del Museo de las Autoridades de San Petersburgo, Tatiana Titova, fue detenida por la policía y estuvo retenida durante horas en la comisaría, según explicó más tarde al canal de la BBC en Rusia. Esta detención fue el último paso de la polémica surgida en esta pinacoteca desde que el 27 de agosto fuera retirado un lienzo del artista Konstantin Altunin en el que se mostraba a Vladimir Putin en ropa interior femenina y que había sido denunciado por el diputado Vitaly Milonov.

La confiscación de la obra trajo consigo también una avalancha de insultos hacia Altunin en la página web VKontakte (el Facebook ruso) y los dueños del museo tuvieron que colgar en su perfil de este portal un vídeo en el que se muestra cómo la policía clausuraba la sala de exposiciones.  Un hecho que demuestra que  además de llenar las calles de protestas y detenciones de activistas LGTB, la famosa Ley Anti-Gay que prohíbe la propaganda de la homosexualidad entre menores también está provocando la controversia en el universo “libre” de Internet.

“No hay una censura estricta, pero sí en la mente de algunas personas. Es decir, no hay censura, pero sí autocensura. El conflicto entre sus creencias religiosas y la homosexualidad fuerza a muchos a evitar escribir sobre el tema”, asegura via email a eldiario.es Konstantin Buzin, bloguero ruso ( buzin.ru) sobre los post en la red acerca de esta ley y que refleja el miedo a escribir sobre el tema en VKontakte, Twitter o cualquier otra red social.

No obstante, según este intelectual, autor del reciente ensayo ‘Victimología de la conciencia rusa’, las persecuciones policiales que están sufriendo algunos de sus colegas internautas no son tanto por sus comentarios, sino “porque son activistas políticos que están protestando en la calle. Eso sí, es cierto que, aunque no estamos como en la época de la Unión Soviética, si quieres mostrar tus pensamientos liberales en público, puedes recibir extraños amigos…”, sostiene este bloguero que ahora vive en Odessa (Ucrania).

Chris y Olga Brine, dueños de la editorial Brine Books, autores del blog homónimo en el que defienden los derechos humanos en Rusia, y residentes en Canadá, llevan unos meses recibiendo testimonios de ciudadanos rusos cuyos comentarios en contra de la ley han sido eliminados de la red. “Nos han señalado cómo en numerosos blogs o en las páginas webs de los diarios se borran los comentarios de apoyo a los gays, y también tenemos constancia de webs que han sido bloqueadas, como sucedió con la del Museo de las Autoridades de San Petersburgo”, sostienen.

De hecho, otro de los casos más llamativos fue el bloqueo de gay.ru, uno de los portales más populares de noticias gays, bloqueado por Google a mediados de agosto y que fue denunciado por sus usuarios y su creador Ed Mishin, aunque ya se encuentra de nuevo operativo en el buscador. Otros, simplemente, han señalado su miedo al bloqueo de los websites, como sostenía hace un mes en The New Yorker, Manny de Guerre, creadora del primer festival de cine LGTB de Rusia, Side by Side, después de que el equipo de un filme holandés visitara sus oficinas y acabara detenido por la policía de Murmansk por atentar contra la ley anti-gay. “Después de esto no sé si acabarán eliminando nuestra página web ( bok-o-bok.ru)”, afirmó de Guerre. Palabras similares a las que utilizó la activista LGTB Elena Kostyuchenko, una de las líderes del movimiento Day of kisses y creadora de la página loveislegal.ru en una entrevista en el programa The Dzyadko Three en tvrain.ru.

El interés de los Brine por lo que está ocurriendo en Rusia tiene que ver con los orígenes rusos de Olga. “Nos sentimos concernidos de forma personal y lo que deseamos es que en Rusia se pueda vivir de una forma igualitaria, como sucede en Canadá. Comenzamos con la defensa de los derechos de las mujeres y creemos que ahora podemos extender esto a lo que sucede con la comunidad LGTB”, explican a este diario.

Su último libro editado a finales de agosto, The whispers of Horror, incluye cartas de personas que han recibido ataques homófobos o xenófobos en el país de los Urales. “La sensación es que hay mucha gente frustrada, asustada y preocupada por lo que puede llegar a ocurrir. Hemos recibido una carta en particular de una chica joven que fue apartada de su comunidad, dejada de lado por sus padres y perseguida simplemente por ser lesbiana. Incluso ella y su novia se plantearon abandonar su ciudad y construir su vida en otro lugar ocultándose como compañeras de piso”, cuentan ambos editores.

El miedo a mostrarse libremente en Internet –o en la calle- también tiene que ver con la explosión de lo que se ha denominado ciberbullyng y que fue denunciado por Larry Poltavtsev, activista de la Spectrum Human Rights Alliance, un grupo que defiende los derechos de los gays en el Este de Europa. Hace un par de meses, Poltavtsev subió un vídeo a YouTube en el que se mostraba cómo un chico de quince años era asediado y golpeado por otro grupo de chicos que le conminaban a hacer pública su homosexualidad y le gritaban “Tú vas a ser la próxima estrella de Internet”. Como remarcaba un reciente artículo de la periodista Emily Greenhouse en la revista The New Yorker en el que se hablaba de este hecho, esta es la cara perversa de las tecnologías: con sólo un dispositivo móvil puedes crear vídeos que humillan a otras personas y que se  pueden mantener en la red a la vista de cualquiera de forma perpetua. Una actividad que, según denunciaba Poltavsev, está siendo orquestada por un grupo llamado Occupy-Pedoflyay, liderado por Maxim Martsinkevich, un hombre de 29 años de edad, exlíder del grupo Neonazi Format18, que en su perfil de VKontakte señala que la homosexualidad es pedofilia y una muestra de un Estado débil.

“Una cuestión de Occidente”

Para otros blogueros, sin embargo, la polémica por la ley anti-gay está preocupando más en Occidente que en Rusia. Así lo observa Anatoly Karlin, autor del blog Darussophile y que trabaja para Al Jazeera y escribe en diarios rusos como Izvestia. “Los medios están tratando esta ley de forma neutral. Pero es importante resaltar que es una ley más cercana a la Sección 28 aprobada por Reino Unido bajo el mandato de Margaret Thatcher, que a la prohibición de la actividad homosexual que prevaleció en EEUU hasta los setenta y en la URSS hasta que fue descriminalizada en 1993. Ciertamente, las comparaciones con la Alemania nazi que han hecho activistas como Stephen Fry son una absoluta chorrada”, cuenta Karlin a eldiario.es. La famosa Sección 28 fue una ley que señalaba que las autoridades locales no debían promocionar intencionadamente la homosexualidad. No fue revocada hasta el año 2003. Karlin añade a este respecto que en Rusia “sí se está escribiendo de todo esto en los blogs, aunque parece que es algo más interesante en Occidente que en Rusia”.

Este bloguero, en contraposición a los testimonios de los editores canadienses, insiste en que hasta la fecha no ha conocido “ningún caso” de censura en la red por esta ley. Tampoco le ve mucho futuro a las protestas. “Nos guste o no, hay a muchos rusos a los que no les gustan los gays y muchos de ellos los equiparan con pedófilos. Esto no es una opinión sino un hecho confirmado por las encuestas. Es bastante más probable que las protestas reúnan a más gente en Berlín o Nueva York que en Moscú”, zanja.

Pese a ello, también es muy posible que la ley siga trayendo cola. De momento, ya hay una campaña para boicotear los JJOO de Invierno en Sochi en 2014, cuestión sobre la que Karlin se posiciona en contra: “Ninguna de las mayores organizaciones LGTB de Rusia apoya el boicot. Parece ser una campaña exclusivamente promovida por Occidente por activistas que no tienen ni idea de la comunidad LGTB rusa”. El asunto, en cualquier caso, dará qué hablar.

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