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Pantoja, abuela inocente

¿Qué es más humano, ser abuela o defraudar a Hacienda? ¿La maternidad o el blanqueo de capitales? Visto lo visto, no lo tengo demasiado claro, la verdad.

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Isabel Pantoja, acusada muda y abuela comunicativa

Isabel Pantoja, acusada muda y abuela comunicativa

Del televisado del juicio pantojil me interesan varias cosas:

1. que la tonadillera le haya asignado un asiento a sus bolsos en el banquillo (un detalle nada banal si consideramos las afirmaciones de algunos de sus extrabajadores, que aseguran que Pantoja guardaba dentro de esos mismos bolsos los fajos de billetes)

2. que el fiscal la reprendiera por usar el teléfono móvil en la sala tras haber visto cómo lo hacía, en diferido, gracias a las imágenes televisadas

y, sobre todo,

3. que el programa oficial de chisme blanco de la televisión pública –'Corazón', en La 1– contraste el mal trago de la cantante sometida a juicio por blanqueo con su felicidad como abuela: "solo hay un tema que le haga hablar". "No ha podido disimular una sonrisa al hablar de su nieto". "Hablemos de cosas más alegres; que tienes un niño precioso..."

Pareciera como si Pantoja abuela recuperara su mítica virginidad de los setenta ante los reporteros cuando se refiere a su nieto. Como si condición de abuela se hubiera convertido en el último resquicio para sacarle unas palabras ante las cámaras, unas imágenes que poder vender a los espectadores; como si algunos periodistas hubieran claudicado y preferido obviar su condición de presunta delincuente para optar por lo amable, que al menos pueden ilustrar con una sonrisa o unas breves declaraciones de la protagonista.

Como si el factor humano de la abuela primara sobre el factor humano de la presunta blanqueadora de capitales, evasora de impuestos y defraudadora al fisco. Como si la reproducción y la multiplicación de la especie fueran más naturales que la codicia. Y no.

Si yo fuera Bárcenas o alguno de sus cómplices, me lanzaría corriendo a la adopción de un adorable bebé. Y solo abriría la boca cuando los periodistas me preguntaran por mi tardía paternidad. Costaría, pero seguro que al final acababa colando...


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