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Carta indignada a Fernando Alonso

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“¿Sabe usted cómo están las cosas por aquí?”. La pregunta es para Fernando Alonso. Está incluida en la carta abierta que un grupo de valencianos, miembros del 15M reunidos en la plataforma “Circuito urbano no”,  ha dirigido al piloto. La misiva denuncia el gasto de dinero público en la carrera de Fórmula 1 que se celebra cada año en Valencia, que supera los 170 millones de euros desde que en 2008 se celebró la primera edición. Los indignados hacen también referencia a la corrupción de gran número de gobernantes valencianos, de cuya “incultura” y “delirios de grandeza” se aprovechó Bernie Ecclestone –el dueño de los derechos de este deporte- “para asegurarse pingües beneficios”.

La carta muestra el enorme poder simbólico que ha adquirido la Fórmula 1. Desde hace años, los partidos de la oposición y numerosas organizaciones sociales la invocan como el resumen de dos factores que han marcado el camino a la crisis en el País Valencià: la inversión en grandes eventos y en edificios emblemáticos, y la  falta de transparencia de la administración a la hora de gastar cientos de millones de euros en este tipo de proyectos. La Fórmula 1 compite con el Aeropuerto de Castellón por el primer puesto en el ranking de los proyectos valencianos más denostados.

El evento formó parte de la estrategia de poner “a Valencia en el mapa”, según una frase de uso corriente en el PP durante el gobierno del expresidente autonómico Francisco Camps. La idea de construir el circuito en medio de la ciudad fue un deseo de Ecclestone, que en un paseo con Camps por el Puerto de Valencia le preguntó si sus bólidos podían correr allí mismo. Sin más consultas ni cálculos, Camps contestó inmediatamente: “Sí, aquí también se puede”. Antes, empresario y gobernante habían visitado el circuito de Cheste, una estructura situada a 30 kilómetros de la ciudad y preparada para albergar competiciones de Fórmula 1. Al magnate, sin embargo, no le agradó el escenario. La anécdota, referida por el empresario Fernando Roig en 2008, muestra hasta qué punto la celebración del evento fue un empeño personal del entonces presidente.

Para los partidos de la oposición valenciana y para muchas organizaciones sociales, entre ellas el 15 M y también las asociaciones vecinales que rodean el circuito, la imagen de lujo y glamour que rezuma el Gran Premio no es compatible con la situación económica de la comunidad. El País Valencià es la segunda autonomía española más endeudada en relación a su PIB. La Generalitat reconoció el pasado mes de abril que debe a sus proveedores –que suman 10.050 empresas y autónomos- 4.069 millones de euros. Esta situación ha obligado a recortes en educación, sanidad, ciencia, investigación y empresas públicas, entre otras partidas. Frente a esto, la carta a Alonso destaca que con el dinero invertido en el evento deportivo se podrían haber construido 26 colegios, 28 institutos o tres hospitales.

La carrera se celebra en el Puerto de Valencia y reúne todos los elementos de un acontecimiento elitista. Los espacios públicos colindantes se cierran durante varios días a los ciudadanos que no tienen entrada. Los coches alcanzan velocidades de vértigo mientras fuera, justo este fin de semana, los empleados de los autobuses públicos hacen huelga porque les van a bajar el sueldo.

Mientras un puente giratorio hace las delicias de los ocupantes de los yates de lujo llegados para la ocasión, los vecinos del barrio de Natzaret –uno de los más deprimidos de Valencia- ven cómo las vallas ocupan y bloquean la pasarela que los comunica con el resto de la franja marítima. Al mismo tiempo que los pilotos toman las curvas de un circuito que costó al menos 80 millones de euros de dinero público, otra de las zonas colindantes, la del Cabanyal, se derrumba en medio de la dejadez, víctima de un conflicto urbanístico provocado por el Ayuntamiento de Valencia.

Por su parte, la Generalitat Valenciana afirma que el evento es rentable. El presidente, Alberto Fabra, declaró el pasado jueves que la Fórmula 1 ha tenido un impacto económico de más de 108 millones de euros y ha propiciado la creación de 1.357 puestos de trabajo, entre otros datos positivos.  Tales afirmaciones se ven, sin embargo, ensombrecidas por la opacidad con la que se blinda cualquier información referida al evento. La Administración autonómica se niega a mostrar los informes que sustentan estos datos. También se obstina en ocultar el contrato que Francisco Camps, el expresidente, firmó con Ecclestone. Del documento solo ha trascendido, en boca del vicepresidente José Ciscar, que cancelar las pruebas sería tan gravoso como seguir celebrándolas.

Gracias a este blindaje, los coches de carreras volverán a rugir este fin de semana en Valencia, con los consiguientes ruidos y temblores en las paredes de las viviendas que denuncian las asociaciones de vecinos de la zona colindante. Un año más, pilotos e invitados VIP reflejarán el sol valenciano en sus gafas de sol. Entre ellos estará Fernando Alonso, que ayer decidió guardar silencio sobre la carta abierta remitida por el 15M, que circuló por las redes sociales y los medios de comunicación. El servicio de prensa de Ferrari, el equipo para el que corre, argumentó que los autores de la misiva no se la habían enviado directamente, “así que es imposible hacer comentarios sobre algo que se desconoce”. También se lamentaron de que “el nombre de Fernando pueda ser tan fácilmente explotado para promover cualesquiera ideas, por acertadas o erróneas que puedan ser”.

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