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Infiltrados

Poco le importa al Gobierno que haya menos parados con cientos de miles de españoles en el extranjero, con menos horas cotizadas, con menos derechos laborales, y con los sueldos en caída libre

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No había terminado el siglo XX cuando, en 1999, un cortometraje de ciencia ficción futurista ganaba un Premio Goya del Cine Español. Se titulaba Un día perfecto (dirigido por Jacobo Rispa) y trataba acerca de un futuro distópico tipo El Quinto Elemento, pero con menos presupuesto, donde en una Unión Europea con 400 millones de parados, los seres humanos se hacinaban en pequeños apartamentos robotizados, malviviendo con una renta de supervivencia pública y donde te cobraban por entrar o salir del edificio. El protagonista, interpretado por Ramón Langa, ganaba la “Euroloto” donde el premio gordo era un trabajo fijo. Con él pensaba salir de pobre, ser feliz y disfrutar de una nueva vida, sin embargo se quedaba atrapado en el apartamento por no tener crédito para poder abrir la puerta y tener los órganos como los pulmones y el páncreas ya hipotecados. A mí como adolescente me marcó y alucinaba con la imaginación de algunos guionistas.

La semana pasada mientras cenaba puse la tele y me encontraba un programa donde un jefe “se infiltraba” entre los trabajadores de su empresa y realizaba diversas labores dentro de una empresa vitivinícola. Un día iba a vendimiar, otro a limpiar los depósitos de una bodega y al día siguiente cargaba con sobrepeso un tractor para llevar las uvas a pesar. Allí conocía a una agricultora que cosechaba uvas con un contrato por horas que se quejaba de utilizar malas tijeras y de que los trabajadores fijos (decía literalmente: “con sueldo Nescafé para toda la vida”) trabajasen menos que los trabajadores temporales. El jefe, emocionado por el esfuerzo de esta buena mujer, la llamaba a la central de la fábrica y ¡le concedía de premio un trabajo fijo indefinido!. Lloraba de la emoción, como lloraba el personaje de Ramón Langa en un futuro indeseable.

La Gran Crisis, con mayúsculas, va camino de completar su primera década y ha hecho que consideremos normal lo que antes era indecente. Tener un trabajo indefinido a jornada completa no debería ser una excepción y parece que es así.  Según los datos del Ministerio de Empleo sólo el 8,8% de los contratos que se hicieron el pasado mes de enero eran indefinidos. Un afortunado de cada once nuevos trabajadores será indefinido. Entre los otros diez, habrá trabajadores parciales y temporales, pero seguro que hay algún infiltrado que se queje de que se queje al jefe de cómo el indefinido trabaja menos por culpa del sueldo Nescafé. Tal vez el director premie su lealtad perruna y le dé una galleta.

El Gobierno de España insiste en que estamos saliendo de la crisis y su único objetivo es llegar a noviembre de 2015 con un parado menos que los que encontró tras ganar las anteriores elecciones generales de noviembre de 2011. Poco le importa que haya menos parados con cientos de miles de españoles en el extranjero, con menos horas cotizadas, con menos derechos laborales, y con los sueldos en caída libre. Trabajar no siempre te va a sacar de vivir bajo el umbral de la pobreza. Lo único que les importa es el pleno empleo. También en el Antiguo Egipto había pleno empleo, a latigazos, arrastrando piedras y acarreando agua. Imagino que al menos, por decencia, los faraones no se infiltrasen por un día entre los esclavos para mejorar su imagen pública.

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