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¿Tú también, Juan?

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Si Juan Sánchez ha aceptado sobornos estamos perdidos. Aunque no lo parezca, la corrupción de un modesto comunista de la periferia municipal de Andalucía sería en cierto sentido un hecho mucho más alarmante que la corrupción del tesorero del primer partido de España, más que la del presidente de una próspera autonomía, más que la del yerno del mismísimo rey y hasta más incluso que la del presidente de todo un Tribunal Supremo.

A fin de cuentas todos estos tipos son gente importante e incluso muy importante, y en esa clase de gente no es raro un cierto sentimiento de impunidad, que combinado con la falta de imaginación suele resultarles letal. De hecho, siempre los pillan por lo mismo: porque no toman suficientes precauciones, y no las toman porque siempre se sintieron impunes y porque nunca tuvieron la imaginación necesaria para suponer que alguien podía permitirse la audacia de investigar sus andanzas.

La detención y encarcelamiento bajo fianza de 200.000 euros del exalcalde de Izquierda Unida y actual concejal de Urbanismo de la localidad malagueña de Casares ha dejado conmocionados y perplejos no sólo a sus compañeros de la coalición y del Partido Comunista de Andalucía, sino a mucha más gente, a la gente que todavía creía que quedaban espacios en la vida pública española inmunes a la corrupción. Si, como creen los investigadores policiales y el propio juez, Juan Sánchez fuera en verdad culpable de haber aceptado dinero de una trama investigada por blanqueo de capitales, a la que pudo favorecer en el proceso de autorización de una urbanización a pie de playa, estaríamos ante el último escalón de la degradación pública de todo un país.

Los vecinos de su pueblo y hasta la propia alcaldesa han reunido los 200.000 euros de la fianza que le permitirá salir de la cárcel. Sus vecinos y sus amigos creen en él, pero para que los demás sigamos haciéndolo tendrá que explicarnos con todo detalle qué ha pasado. Los demás también queremos creer a Juan Sánchez, pero las cosas se han puesto tan feas que tendrá que convencernos de que no ha hecho lo que dicen que ha hecho. Uno de los hechos investigados es el cobro de varios billetes premiados de la ONCE.

César Valejo clamaba con voz amarga y premonitoria: “si España cae, digo, es un decir, salid, niños del mundo, a buscarla”. También mucha gente de la izquierda clama, incluso sin saberlo, eso mismo estos días: “si cae Juan Sánchez, digo, es un decir…”. En el momento de caer asesinado, el otro César preguntaba, conmocionado y perplejo, “¿tú también, Bruto?” Igualmente, mucha gente de la izquierda se pregunta desolada estos días “¿tú también, Juan?”.

Si ese hombre al que todos cuantos le conocen han considerado siempre un ejemplo de honestidad con su pueblo, de entrega con su partido y de compromiso con las mejores causas, que son siempre las causas perdidas, si ese hombre también hubiera sucumbido a la tentación del dinero sucio, ¿qué asidero ético nos queda? ¿Qué ejemplo, qué espejo, qué modelo, qué horizonte, maldita sea?

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