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Trump. ¿Por qué? y ¿ahora qué?

En momentos así, parecidos a los de los años 30 del siglo pasado,siempre surgen populistas, demagogos que con frases simples ante temas complejos consiguen encandilar a millones de personas, incluso mayorías, que no entienden lo que les está pasando

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I.- Vivimos en unos momentos en que gana quien se supone que tiene que perder. El Brexit en Gran Bretaña, Donald Trump en los EE.UU; los partidarios del NO en el referendo por la paz en Colombia....Vamos de sorpresa en sorpresa y si seguimos así a lo mejor pierde Renzi en Italia la reforma constitucional y acaba ganando Le Pen las elecciones en Francia. Pero, ¿ por qué tanta sorpresa?. Quizá, porque demasiada gente- los medios, las élites, lo “establecido”, trampean haciendo solitarios. No es tan extraño lo que está pasando aunque no sea fácil explicarlo en pocas líneas. El hecho cierto es que la globalización es un fenómeno objetivo producto de los rápidos avances de la ciencia y la técnica- luchar contra ella es inútil- que está dirigida, en lo esencial, en el interés de las grandes corporaciones multinacionales, que la política democrática no controla inmersa, todavía, en los estados nacionales. Esta mundialización se está produciendo, como ya dijeron los clásicos, con una creciente concentración del capital que en momentos de crisis se acelera y con un aumento espectacular de la desigualdad relativa. Por ejemplo, en los EE.UU el 1% de los más pudientes han concentrado más del 50% de los ingresos generados en los últimos 20 años. Esto coincide con un fenómenos de fuertes corrientes migratorias/refugiados de origen diverso como pobreza, guerras, terrorismo que se dirigen, como es lógico, hacía las zonas más ricas- Europa, EE.UU, principalmente. Si añadimos que contamos con líderes “pigmeos” ante los retos gigantes que tenemos que afrontar, pues siguen utilizando códigos que ya no sirven para nuestra época, tendremos el cuadro que explica bastante las sorpresas.

II.- En momentos así, parecidos a los de los años 30 del siglo pasado,siempre surgen populistas, demagogos que con frases simples ante temas complejos consiguen encandilar a millones de personas, incluso mayorías, que no entienden lo que les está pasando, solamente que cada vez están peor y quieren regresar a los viejos/buenos tiempos sin darse cuenta de que eso ya no es posible. Se arremete contra la globalización, contra los emigrantes, contra “ los de arriba” como antaño se arremetía contra los judíos, el tratado de Versalles o los “ comunistas”, aunque esperemos que sin las mismas consecuencias. En este caldo germinan de nuevo los nacionalismos, el racismo, la xenofobia etc. Trump ha ganado con este mensaje, parecido al del Brexit en Gran Bretaña y el que utiliza Le Pen en Francia o los gobernantes húngaros, polacos y los de alternativa por Alemania. Ahora, el nuevo Presidente americano parece que modera su lenguaje pero mantiene dos propuestas que, en mi opinión, son las más peligrosas. Una es la del proteccionismo económico a la antigua usanza. En las condiciones actuales esto puede conducir a una “guerra económica” que podría terminar en conflictos de otro tipo. La segunda, es el ataque a los emigrantes que, supuestamente, ponen en cuestión la supremacía blanca. Esta deriva puede conducir a enfrentamientos internos y a formas autoritarias de ejercer el poder, que ya veremos hasta donde llega. No debemos olvidar que la sociedad americana siempre ha tenido amplios sectores con tendencias racistas y a las personas de color no se les han reconocido sus derechos civiles hasta bien avanzados los años 60. Donald Trump ha hecho declaraciones inquietantes en este sentido, es un millonario de negocios locales, nada cosmopolita, de mentalidad anti ilustrada que regala los oídos de los trabajadores y clases medias blancas con promesas falsas y lanza improperios contra Wall Street cuando en realidad es un exponente del capitalismo más agresivo que se jacta de no pagar impuestos.

III.- Cómo pueda comportarse el nuevo inquilino de la Casa Blanca en la arena internacional es impredecible, pero nada bueno pueden esperar España ni la Unión Europea. Dará alas a fenómenos negativos y peligrosos como los variados populismos que pululan por Europa y no me extrañaría que no derramara lágrimas si el proyecto europeo saltara por los aíres, lo que podría suceder si Le Pen ganase las presidenciales en Francia. Ante una China que extiende su influencia en Asia y otros lugares, una Rusia que pugna por recuperar la influencia perdida y nuevos actores- India, Turquía, Irán..- que crean sus zonas de intereses, harían bien los países europeos de acelerar su unidad. Es la salida mejor que nos queda para hacer frente a los nacionalismos y populismos, ganar peso y autonomía. No podemos seguir dependiendo, estrategicamente, de los EE.UU. Hay que poner en pié, de una vez, una fiscalidad europea, un presupuesto digno de ese nombre, un Tesoro europeo, una unión económica del euro, un ejército de la Unión para las operaciones y amenazas comunes, lo que exigiría que los países centrales y la Unión misma tendrían que cambiar de política con el fin de ganarse a las grandes mayorías- hoy decepcionadas- y demostrar que con una unión cada vez más estrecha es la única manera de dirigir los procesos económicos en una orientación más igualitaria y democrática.

Nicolás Sartorius es vicepresidente Ejecutivo de la Fundación Alternativas.

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