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Más allá de los disturbios en Charlotte: salir, para enseñarles

En los primeros 24 días del 2015, la policía estadounidense mató a mas personas que la policía británica durante los últimos 24 años

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En su celebrada obra para cinta magnética Come Out, el compositor estadounidense Steve Reich toma una frase del testimonio del joven afroamericano Daniel Hamm, en el que describe la brutalidad policial que sufrió una noche en 1964, tras ser detenido por un crimen que no cometió. “Tenía que, como, abrir la herida,” empieza la voz de Hamm, “y dejar que la sangre de la herida saliera, para enseñarles.”

Tras repetir la frase tres veces, Reich aísla las últimas palabras— come out, to show them—para repetirlas en bucle. A medida que avanza la composición, las distintas velocidades de los magnetófonos que reproducen la grabación hacen que se rompa el unísono, produciendo primero una reverberación, luego un eco, después un canon rítmico y así paulatinamente, hasta que las palabras se vuelven indescifrables, disueltas en el desfase.

Come Out cumplió los 50 en abril, pero como demostraron esta semana los disturbios en Charlotte, su relevancia no ha hecho más que aumentar con el tiempo. En su magnífico  ensayo para la revista digital Pitchfork, el periodista musical Andy Beta cuenta que la frase de Hamm anticipa los demoledores hashtags utilizados por el movimiento Black Lives Matter: #ICantBreathe (‘No puedo respirar), #SayHerName (‘Di su nombre’), etc. 

La actualidad de la obra no se limita a las palabras de Daniel Hamm. A nivel puramente sonoro, también capta el zeitgeist norteamericano. Empezando con el asesinato de Oscar Grant en Oakland, la creciente visibilidad del racismo policial en Estados Unidos dinamitó la hipótesis de la ‘era post-racial’ que auguraban muchos tras la elección de Barack Obama. Potenciada por las redes sociales, esta visibilidad ha hecho prácticamente imposible ignorar la violencia sistémica que se aplica a las personas negras en “la tierra de la libertad”. Tamir Rice. Sandra Bland. La lista crece y los gestos desobedientes se multiplican. Alton Sterling. Philando Castille. Los disturbios, también. Terrence Crutcher. Keith Lamont Scott. Artistas, deportistas e intelectuales negros toman posición. Incluso algunos pegan tiros, como hicieron los ex-militares Micah Johnson en Dallas y Gavin Long en Baton Rouge. Come out, come out, show them, show them. El ruido es ensordecedor. 

Y la realidad, asfixiante. En The Counted, una base de datos mantenida por The Guardian que expone, en tiempo real, los datos disponibles sobre las personas que han sido asesinadas por la policía estadounidense, cuentan que ya son 791 en lo que va de año. Las personas de origen indígena son las que tienen la tasa más alta de asesinatos sufridos (2,8 veces mas alta que los blancos), seguidos por las afroamericanas (2,5 veces más). En los primeros 24 días del 2015, la policía estadounidense mató a mas personas que la policía británica durante los últimos 24 años. En el pueblo de Pasco, Washington, la policía disparó 17 veces a Antonio Zambrano-Montes, casi tres veces el número de balas disparadas por la policía finlandesa en el año 2013.

Pero estos no son los datos mas inquietantes. Según un estudio publicado por el investigador Cody T. Ross en la revista científica PLoS, la probabilidad de que la policía dispare por lo menos una bala en una intervención es 3,5 veces mayor cuando el sospechoso es una persona no armada negra que cuando es blanca. Y lo que es francamente horrífico, en Miami, Houston y Chicago, la probabilidad de que la policía dispare es dramáticamente mayor cuando se trata de una persona no armada negra que cuando es una persona blanca armada (19, 7 y 6 veces más, aprox, respectivamente).

Por tanto, la escala del problema es difícil de sobreestimar. De hecho, retratarlo como un problema en vez de múltiples problemas nos empuja a buscar soluciones mágicas. Lamentablemente, las ejecuciones extrajudiciales (hablemos claro) de las personas negras no se van a frenar incorporando cámaras a los chalecos de la policía. Cambiar los procesos de selección y formación de la policía puede ayudar, pero tampoco mucho. Por ejemplo, en la ciudad de Houston, se requiere que los agentes tengan como mínimo dos años de estudios universitarios y no deja de ser un ejemplo paradigmático de esta impunidad policial. 

El racismo y la violencia son elementos estructurales y constitutivos de los Estados Unidos. La esclavitud y el genocidio, su base económica. Abordar esta realidad requiere un cambio profundo en prácticamente todos los aspectos de la sociedad. En este sentido, las propuestas del Movimiento por las Vidas Negras recogidas en su proyecto A Vision for Black Lives, esboza lo que podrían ser los próximos pasos en un camino que ya demasiado largo. Pero para que se den esos pasos, no pueden ni deben dejar de producirse revueltas como las que hemos visto en Charlotte, Baltimore o Ferguson.

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