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Las encuestas, un arma cargada de futuro

Cuentan los teóricos que las encuestas electorales tienen varios efectos además del pretendido de fijar una fotografía del momento de opinión pública

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La poesía ya no rinde pero las encuestas, sí. Las encuestas son un arma cargada de futuro. Así que no podemos pensar que no están siendo cargadas y... disparadas. Otra cosa es que consigan derribar sus objetivos porque eso depende de nuestro sentido crítico y de nuestras convicciones. Depende también de nuestra capacidad de recuerdo de lo sucedido en la legislatura, de nuestra capacidad de concentración en la situación real para que no nos dispersen con artificios. Depende, al fin y a la postre, de nuestra libertad y de nuestro deseo de ejercitarla.

Cuentan los teóricos que las encuestas electorales tienen varios efectos además del pretendido de fijar una fotografía del momento de opinión pública. Se sabe que pueden reducir el número de votantes por los que creen que un solo voto no cambiará la foto y también que perjudican a los que van a la zaga y fortalecen a los que van delante (teoría del furgón de cola).

Allport decía “la publicación de los resultados de una encuesta que refleja la mayoría de un grupo es uno de los métodos más poderosos para estimular esa tendencia”. No sé por qué me habrá venido a la mente esa cita. Quizá porque entre fogón y fogón hemos pasado de una foto a cuatro a una en la que un partido sufre un incremento excepcional y de la que los titulares que llegan al gran público se han convertido en una gorda y negrita: “El PP ganaría hoy las elecciones...” “El PP supera al PSOE en 8 puntos”... “El CIS da la victoria al PP...”

Para mi el titular sigue siendo que el 41’6% de los españoles que afirma que irá a votar dice que aún duda. De entre ellos el 28’7% lo hace entre el PSOE y otro partido y otro 4´8% entre IU y Podemos. Así que podemos concluir que más de un tercio de esos indecisos afirma tener en un lado de su dilema a un partido progresista. Quizá lo que el CIS nos dice es que es la izquierda la que está “cogitosa” en el sentido descartiano del término. El otro 11% de los indecisos deshoja la margarita entre el PP y Ciudadanos.

No me extraña nada. En los últimos tiempos no es la primera vez que escucho la pregunta : ¿a quién voto? realizada por ciudadanos claramente de izquierdas que se debaten, ellos sí, a varias bandas. Hay pues parte del voto que quiere desbancar al PP que duda de la mejor manera de hacerlo. Y también hay sitio para la estupefacción, puesto que un 9% de los indecisos afirma no saber si decantarse por el PP o el PSOE.

Y aquí es donde conviene no olvidar el efecto de las encuestas sobre nuestras meninges a la par que no olvidamos los acontecimientos que nos han traído hasta aquí. Los corruptos, los recortes, las desigualdades, la merma de libertades, las mordazas, el aborto, el asalto a la Justicia, el abuso y tantas cosas a las que hemos sobrevivido pensando sólo en este momento.

La poesía sigue siendo un arma cargada de futuro y las encuestas sólo se disparan en las urnas. Y como dijo Celaya:

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan

decir que somos quien somos,

nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.

Estamos tocando el fondo.

¡Feliz campaña electoral!

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