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Cinco obstáculos a los que se enfrentan las mujeres en política

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Miren la foto de arriba y luego estas otras:  la de la Cumbre Río+20 y la de un encuentro de presidentes autonómicos. ¿Cuál les parece más habitual? Los mares de corbatas son la norma en las fotos de cónclaves políticos. Si el protagonismo es femenino, pensaremos que la cita tiene que ver con género, y casi siempre acertaremos. Ni las polémicas leyes de igualdad que pretenden garantizar la paridad entre mujeres y hombres en las instituciones han logrado aún terminar con el predominio masculino en política.

En el Congreso de los Diputados, sólo el 36% de los escaños está ocupado por mujeres. Los partidos cumplen con las cuotas pero colocan a más hombres en los puestos de salida. Además, las mujeres duran menos. Según un estudio publicado en 2007, el 2,6% de las diputadas llevaba tres o más legislaturas en la Cámara baja, frente al 23% de los diputados. 

Esta radiografía se reproduce también en la política local, marcada por lo que los estudios de género denominan el techo de cristal, esa barrera invisible que encuentran las mujeres al promocionarse y acceder a puestos de responsabilidad en su profesión, incluso en sectores feminizados (pensemos cuántos periódicos están dirigidos por mujeres, que son mayoría en cambio en las aulas de Periodismo). En la Comunidad Autónoma vasca, el 40,6% de las concejalías está ocupada por mujeres, de los 251 ayuntamientos sólo 55 tienen alcaldesas; un 22%.

La Asociación de Municipios Vascos, Eudel, lanzó en 2005 la red Berdinsarea con el objetivo de potenciar la coordinación y los resultados de las políticas locales de igualdad. Eudel presentó recientemente su último proyecto, la escuela de electas locales Virginia Woolf Basqueskola. El objetivo es brindar a las concejalas y alcaldesas un espacio propio (de ahí que la hayan bautizado en homenaje a la autora del célebre ensayo 'Una habitación propia') para reflexionar sobre los condicionantes que se encuentran en política por ser mujeres, y trabajar en cómo superarlos. "S i queremos que electos y electas tengan un peso equitativo en las políticas públicas , tendremos que adoptar estrategias diferenciadas para compensar e ir eliminando esos diferentes obstáculos de partida", señala Mireia Espiau, coordinadora de Berdinsarea.

Para ello empiezan por ofrecer una serie de seminarios, talleres, sesiones de coaching y un 'barnetegi' (una especie de campamento intensivo de fin de semana) en los que se profundizará en cuestiones como el liderazgo o la conciliación de la vida política y personal. Además, compartirán experiencias con las participantes de iniciativas homólogas, como la Red de Mujeres Políticas de Suecia o el Instituto de Formación Política para Mujeres. de la Diputación de Barcelona.

¿Y cuáles son esos condicionantes que impone el sexismo? Berdinsarea resume en cinco los principales obstáculos identificados a partir de los relatos de las propias electas, y aporta comentarios realizados por ellas:

1- Redes de influencia. Las mujeres tienen menor acceso a las redes de influencia que facilitan entrar en la política, afirma Espiau desde Berdinsarea: "Los mecanismos de cooptación, que funcionan sobre todo entre pares, aventajan a quienes ya llevan tiempo en dichas redes, en detrimento de muchas mujeres recién llegadas. Y sin redes propias de apoyo, es posible que menos mujeres se atrevan a dar el paso a la política municipal; un problema especialmente importante en municipios de menor población". “ Una cosa es llegar a la política y mantenerse, y otra es pintar algo el tiempo que estés", comenta una electa.

2- Apoyo en el aprendizaje. Las electas vascas lamentan también que tienen que ir aprendiendo sobre el ejercicio de responsabilidades públicas, "sobre la marcha", y señalan que la carencia de información y formación suficientes provocan inseguridad a la hora de diseñar y argumentar medidas: “Cuando entras,  nadie te explica nada porque es una manera de que dependas de ellos para sacar muchas cosas adelante y no perder el control".

3- Reparto estereotipado de áreas de gestión. Según las impulsoras de la escuela Virginia Woolf, las mujeres se quedan " encasilladas" en áreas con "menos peso simbólico, que son vistos como una extensión del rol femenino de cuidado". Por ejemplo, Asuntos Sociales, Igualdad o Educación.

4- Dificultad de conciliar. Dado quelas mujeres dedican de media mucho más tiempo a las tareas del hogar y de los cuidados, se encuentran con mayores dificultades para compaginar vida personal y profesional. El modelo imperante espera una dedicación casi total por parte de las electas a su función pública; mientras que esa dificultad ni se contempla en los hombres (pese a que ese modelo también es insostenible para ellos), de las mujeres se espera que solucionen por sí mismas cómo compatibilizar su faceta de políticas con la de madres o cuidadoras.

5- 'Empoderamiento' y liderazgo. La escuela de electas pretende también combatir la "mayor tendencia de las mujeres  a no valorar sus aptitudes y conocimientos, así como su mayor inseguridad a la hora de liderar equipos mixtos o de tomar decisiones", como consecuencia de una socialización sexista que prepara más a los hombres para desenvolverse en los espacios públicos y les inculca en mayor medida valores como el liderazgo, la competitividad y la ambición profesional. Mientras, las mujeres siguen recibiendo un bombardeo de mensajes (desde las revistas, las películas e incluso la propia familia) que vinculan su éxito al amor y la maternidad.

El modelo de liderazgo imperante sigue muy ligado a la masculinidad tradicional y, de hecho, cuando una política lo encarna es bautizada como " dama de hierro". Además,a las políticas se las juzga más por su físico y por cómo llevan su vida familiar. Los titulares sobre el escote de Angela Merkel, la breve licencia de maternidad de Soraya Sáenz de Santamaría o el  cambio de imagen de María Teresa Fernández de la Vega demuestran que el sexismo introduce una presión añadida para las políticas con proyección pública

El resultado es que las mujeres encuentran más obstáculos no sólo para entrar en política sino para permanecer en ella, alerta Mireia Espiau, quien destaca que es una realidad que "atraviesa la experiencia de mujeres que vienen de horizontes políticos muy distintos". Así lo resume uno de los testimonios recogidos: “ Es muy difícil mantenerse porque el propio sistema de hacer política se lo impide a las mujeres; no sólo por el tema de la conciliación, sino por el hecho de cómo se hace la política, el día a día del reparto del poder, de la manera de funcionar y decidir”.

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