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La opacidad sobre el rescate bancario abona el terreno a los especuladores

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El bono a diez años, la prima de riesgo española y los seguros de impago (CDS), es decir, todos los indicadores que alertan sobre la capacidad de pago de un país han tocado hoy nuevos récord. Los líderes europeos han amanecido en México sin entender qué está pasando, cuando anoche se acostaron tras una inédita teleconferencia pensando, como el Equipo A, que los planes habían salido bien. Para su sorpresa, una vez más, nada ha salido como habían previsto.

Desde hace algo más de dos años, cuando comenzó la llamada crisis de la deuda soberana, la Unión Europea se dedica a buscar parches periódicos para solventar un problema estructural. Con cada una de estas efímeras soluciones, desde Bruselas ponen todos los huevos en la misma cesta, y al más puro estilo ministra de Empleo, se encomiendan a la Virgen para que esta vez funcione el remedio. Cambian los huevos, hasta cambian la cesta, pero los burócratas de la Comisión y los que componen los distintos gobiernos de la Unión no aprenden.

Esta semana, la gran esperanza de salvar a la Unión Monetaria era que los griegos votaran por Nueva Democracia en los comicios. Un partido cuyas trampas contables han metido a todo el continente en este lío, pero que está redimido de su pecado original gracias a su aceptación de las normas de rescate.

Por enésima vez, Bruselas --y también Madrid y Berlín-- colocó los huevos en la cesta equivocada. Grecia genera incertidumbre en los mercados, no cabe duda. Pero la votación de ayer no podía ser la panacea. Primero, porque el hecho de que Atenas se quede o se vaya del euro no afecta en realidad a España, actual foco de atención de los especuladores.

Que no se rompa el euro no mejora las perspectivas de contracción y posterior crecimiento anémico de la economía española en el próximo lustro. Tampoco despeja las dudas sobre los activos tóxicos que obran en poder de la banca, es decir, suelo promotor, sobre lo que va a hacer el Gobierno con Bankia o cómo se va a meter en cintura a las revoltosas comunidades autónomas. Pensar que la victoria de los conservadores de Atenas daba ese famoso “respiro” que cacarean las portadas de hoy es, y era, mezclar tronchos con berzas.

Puede ser que la victoria de Syriza aún hubiera provocado una hecatombe mayor en las bolsas, pero la elección era susto o muerte (para el criterio inversor), y del susto no nos ha librado nadie. Además, y como casi se descontaba del resultado tan fragmentado de los anteriores comicios, el anémico triunfo de los conservadores no garantiza un Gobierno estable, y durante toda la tarde se han ido filtrando las diferencias entre las que hasta hace poco eran las principales formaciones mayoritarias. La suspicacia de los mercados es lógica: es como si, por causas de fuerza mayor, PP y PSOE formaran un Gobierno de coalición. La estabilidad del nuevo Ejecutivo que surja en Atenas no puede resultar más endeble.

Como ya comentamos en este blog hace días, los inversores, y también en parte los 'señores de negro' que invoca el ministro de Hacienda, quieren certezas. El mercado necesita datos, número y cifras exactos para hacer sus componendas de rentabilidad e inversión, y precisamente esto de aclarar no es lo que caracteriza al Gobierno de Rajoy. Es falso que España haya pedido un rescate que no le haya gustado a los mercados, como se ha llegado a decir. España no ha pedido aún ningún rescate, ni del gusto ni del disgusto de los mercados. Y cuanto más tiempo pasa, más corre su imaginación, y su temor, sobre lo mal que está la banca española.

Aparentemente, el Gobierno no quiere mover ficha hasta conocer las necesidades exactas de capital que van a anunciar las auditoras Roland Berger y Oliver Wyman y la espera está sirviendo de caldo de cultivo a la rumorología. Hoy, sin ir más lejos, los trader decían que las consultoras habían elevado las necesidades de capital a 150.000 millones de euros (frente al techo de 100.000 millones anunciado). Esta cifra es muy poco creíble, pero en el desconcierto reinante todo vale.

Si desde el Gobierno no dan de una vez el paso de aterrizar el rescate bancario, en las próximas horas saltarán nuevas alertas en las mercados que sí pueden herir de muerte a la capacidad de financiación de España. Mañana mismo el Tesoro tiene prevista una subasta de letras a 12 y 18 meses cuyo precio puede dinamitar los indicadores conocidos hasta ahora. El jueves hay otra subasta más: obligaciones del Estado.

La opacidad del Gobierno está sirviendo en bandeja a los especuladores lucrarse de las necesidades de financiación del Estado y también con los valores bursátiles. La información es poder, y la desinformación que se practica desde el Ejecutivo, y también desde Bruselas, el abono perfecto para que ganen unos pocos.

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