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La parábola del Partido Popular

Pablo Casado va aprendiendo de sus veteranos; lo hace deprisa, tal y como nos muestra con la ristra de mensajes que escribió en Twitter durante la moción de censura

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Corren tiempos de claroscuros. Tiempos en los que el mundo antiguo se agota  y el mundo nuevo no termina de llegar. Mientras tanto, durante la espera, aparecen las morbosidades. Algunas vienen  a explicarse en la red del pajarito azul y otras se explican solas.

Sin ir más lejos, ahí tenemos las de Rafael Hernando que nos las presenta cada vez que tiene ocasión. Porque Hernando no se corta,  lo lleva con orgullo y sin sentir vergüenza alguna de la postura que adopta en el estrado. Es posible imaginar que es la misma que mantiene en la barra cuando menea el vaso. Son muchas horas de entrenamiento las que muestra Hernando, el portavoz, cuando se pone al tema.

Con todo, no vine aquí para escribir sobre lo chulesco y lo venéreo del portavoz Hernando, sino a dar réplica al más joven de la banda. Me refiero a Pablo Casado, que a veces me recuerda al principiante que acaba de cruzar el umbral del prostíbulo donde sus mayores pillan cacho. "Mira y aprende, chaval". Y con estas cosas, Pablo Casado va aprendiendo de sus veteranos. Lo hace deprisa, tal y como nos muestra con la ristra de mensajes que escribió en Twitter durante la moción de censura; patrañas de ciento cuarenta caracteres que incendiaron los Interneles.  

Porque la mentira tiende a desgastarse cuando se funda en una necesidad perpetua y, en este caso, la necesidad perpetua no es otra que la de mantener un Gobierno cubierto de capas fósiles y altas costras de corrupción. Un toma y daca amparado por los partidos dinásticos de un régimen –el del 78– condenado a desaparecer aunque Pablo Casado lo quiera impedir tuiteando embustes y reescribiendo una verdad, como lo es la democracia, con un relato falso y fundado en la mentira.

Los disparos de Pablo Casado en Twitter nos llevan hasta la famosa paradoja de Epiménides el cretense, cuando aseguró que todos los cretenses mentían y que si él decía la verdad, estaba mintiendo puesto que era cretense y que si mentía entonces estaba diciendo la verdad. Bien se pueden cambiar los términos y donde dice cretense poner Pablo Casado. Hagan la prueba y se darán cuenta de que la parábola resulta muy ajustada a la realidad que estamos viviendo. Tanto es así, que Pablo Casado resulta poco original y copia a los veteranos de su partido cada vez que toca emputecer la verdad.

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