El Lago Chad, la salvación de muchos refugiados nigerianos
Una larga canoa se desliza entre los juncos de las tranquilas aguas del Lago Chad. Los rostros abordo están tensos, incluyendo el de Alhaji Haoudou, de 16 años, que está deseando saltar a las arenosas orillas de Baga Sola, en Chad. Es uno de los más de 80 pasajeros, que huyó de Nigeria semanas antes, tras la masacre ocurrida en su ciudad el 3 de enero, y se subió a un bote ya sobrecargado.
Ese día los combatientes arrasaron con fuego una docena de aldeas y la ciudad portuaria de Baga, en la costa occidental del cuarto mayor lago de África. Docenas de personas –quizás cientos, según algunas versiones– perecieron en solo unos días. Otros se ahogaron mientras cruzaban el lago.
Este es el último bote fletado por las autoridades chadianas y ACNUR. Recogerá a unos 7.000 supervivientes repartidos en incontables islotes, parches de arena que parecen haberse desprendido de la tierra firme, como icebergs separados de un glaciar. Allí las condiciones son precarias y muchos refugiados solo sobreviven con la ayuda de algunos residentes locales. Trasladarlos a Dar-es-Salam, un campo levantado en un árido descampado a 75 kilómetros de la frontera con Nigeria, es una prioridad humanitaria y un reto.
Visualiza el video de los refugiados nigerianos que cruzan el Lago Chad
Sobre este blog
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En la actualidad, 34,4 millones de personas reciben la asistencia de ACNUR en más de 120 países. www.eacnur.org