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¿Es racional votar a Syriza?

Si los griegos quieren renegociar sus condiciones con la Troika, votar a un partido que prefiera salirse del euro antes que cumplir con las actuales condiciones podría ser la decisión más acertada.

Syriza se sitúa como la fuerza con mayor intención de voto en Grecia

Dos automóviles avanzan en sentido contrario, uno contra otro, en una carretera de un solo carril. Ninguno quiere salirse al arcén para evitar el choque, aunque ambos saben que si llega a producirse las consecuencias serán fatales para los dos. Llegado el momento, uno de los conductores ellos arranca el volante y lo tira ostensiblemente por la ventanilla, de manera que deja en el otro conductor la responsabilidad: o arcén, o muerte segura.

Thomas C. Schelling, economista premiado con el Premio Nobel de Economía en 2005, pasó buena parte de su vida investigando sobre juegos no cooperativos como el que acabamos de describir, y nos regaló algunas de las páginas más lúcidas sobre economía que se han escrito jamás. Una de sus obras, “La estrategia del conflicto” está considerada un clásico de la ciencia política en materia de estrategias no cooperativas como la que acabamos de señalar. Según Schelling, hay ocasiones en las que es mejor cortarse un brazo antes que darlo a torcer.

No estamos en ese escenario, afortunadamente, pero podemos aprender de estos juegos estratégicos para evaluar la situación de la Grecia preelectoral. La tesis central de este post es que si los griegos quieren renegociar sus condiciones con la Troika, puede resultar racional votar a un partido que prefiera salirse del euro antes que cumplir con las actuales condiciones. El motivo es sencillo: si el gobierno de Grecia valora la permanencia en la Eurozona por encima de cualquier otra consideración, la Troika no tiene ningún incentivo para cambiar las actuales condiciones del programa de ajuste.

Supongamos que los jugadores son Grecia y Alemania (o la Troika, si se prefiere), y ambos tienen que decidir qué resultado es el óptimo para sus intereses. Grecia puede cumplir o no el memorándum, y Alemania puede “expulsar” o no a Grecia del Euro.

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Dado que hay varios resultados posibles, estableceremos un orden de preferencias. Es importante destacar que las preferencias son preferencias subjetivas, no resultados finales. Es decir, un individuo puede preferir algo que piense que es lo mejor para él, aunque realmente no lo sea. Para poder organizar la información, asignamos un valor a cada una de las opciones, siendo 3 la opción más preferible para cada actor y 0 la menos preferible

Para nuestro ejercicio, establecemos el orden de preferencias para Syriza en Grecia, que sería:

a) Incumplir el memorándum y no ser expulsada del euro (3 puntos para Grecia)
b) Cumplir el memorándum y mejoran sus condiciones (2 puntos para Grecia)
c) Incumplir el memorándum y ser expulsada del euro (1 punto para Grecia)
d) Cumplir el memorándum sin mejorar las condiciones (0 puntos para Grecia)

Por su parte, Alemania –o la Troika- plantean el siguiente orden de preferencia:

a) Grecia cumple el memorando y no mejoran sus condiciones (3 puntos para Alemania)
b) Grecia cumple el memorando y mejoran sus condiciones (2 puntos para Alemania)
c) Grecia incumple el memorando y es expulsada del euro (1 punto para Alemania)
d) Grecia incumple el memorando y no es expulsada del euro (0 puntos para Alemania)

Ahora ordenamos los puntos y los volcamos en lo que en teoría de juegos se llama matriz de pagos. Una matriz de pagos es una manera de ordenar la información visualmente. Por ejemplo: si Grecia cumple y Alemania cede (casilla azul de la matriz), Alemania se llevaría 2 puntos y Grecia se llevaría 2 puntos, al ser la opción b) para ambos. Si Grecia incumple y Alemania cede, Grecia se llevaría 3 puntos (es su primera opción) y Alemania no se llevaría ninguno (es su última opción).

La matriz quedaría establecida así:

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Este juego es un juego no cooperativo donde cada actor tiene una estrategia dominante: Grecia incumplir, y Alemania no ceder. Una “estrategia dominante” es aquella decisión que ofrece un resultado superior para uno de los jugadores con independencia de lo que haga el contrario. Por ejemplo, para Grecia, su estrategia dominante es “incumplir el memorando”, ya que sus puntuaciones son mayores que si cumple, con independencia de lo que haga Alemania. (Si Alemania cede, Grecia gana 3 frente a 2; si Alemania no cede, Grecia gana 1 frente a 0). De la misma manera, para Alemania, su estrategia dominante es no ceder: si Grecia cumple, Alemania gana 3 frente a 2; si Grecia no cumple, Alemania gana 1 frente a 0.

El resultado global de este juego es que ambos países seguirían su estrategia dominante: Grecia incumpliría y Alemania obligaría al país a salir del euro. Su resultado global sería la casilla naranja (1,1), en el que ambos países se conformarían con su tercera opción. Este resultado es peor que el resultado de la casilla azul, en el que Grecia cumple el memorando y Alemania ofrece mejoras en las condiciones del mismo. Este resultado (2,2) es superior a cualquier otro, ya que la suma total de los puntos que obtendría cada país es la mayor de la tabla, y cada país lograría su segunda mejor opción.

Sin embargo, como hemos visto, ninguno de los países tiene incentivos para llegar ahí de manera individual. En teoría de juegos, este formato se conoce como el “dilema del prisionero”.

Supongamos que los griegos deciden votar a un partido cuya última opción sea salirse del Euro. En ese caso, el orden de preferencias de Grecia sería:

a) Incumplir el memorándum y no ser expulsada del euro (3 puntos para Grecia)
b) Cumplir el memorándum y mejoran sus condiciones (2 puntos para Grecia)
c) Cumplir el memorándum sin mejorar las condiciones (1 punto para Grecia)
d) Incumplir el memorándum y ser expulsada del euro (0 puntos para Grecia)

Las preferencias de Alemania no cambiarían. En este caso, la matriz de resultados sería la siguiente:

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En este caso, Alemania mantiene su estrategia dominante de no ceder. Grecia no tiene estrategia dominante, ya que su mejor resultado depende ahora de lo que haga Alemania. Su mejor jugada es, sabiendo que Alemania va a cumplir su estrategia dominante y no va a ceder, cumplir con el memorando antes de salir del Euro (casilla naranja).

Supongamos ahora un tercer caso: los estudios plantean que una salida de Grecia de la Eurozona es la peor de las soluciones posibles para ambas partes. Alemania prefiere ahora cualquier solución antes que la salida de Grecia del Euro. En ese caso, la matriz sería la siguiente:

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En este caso no hay estrategia dominante, ya que los resultados de cada uno de los países dependen de lo que haga el otro. No se sabe de antemano qué hará cada país. Esta es una versión del juego en el que los dos automóviles van a chocarse directamente, conocido como “el juego del gallina”. Si ninguno da su brazo a torcer, el golpe está asegurado, pero ninguno tiene incentivos para echarse al arcén.

Hasta aquí el juego. Ahora veamos la estrategia. Alemania decide entonces “romper el volante” y anuncia que no va a ceder de ningún modo: la alternativa es cumplir el memorándum o salirse del euro. La matriz del juego queda reducida la decisión de Grecia de cumplir o no cumplir con el memorando.

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En este caso, antes de salirse del Euro, Grecia cumplirá el memorándum sin recibir nada a cambio. Y esta es precisamente la solución en la que Alemania –o la Troika, o los amigos de la austeridad o los enemigos del populismo- quieren situar los términos del debate sobre las elecciones Griegas. Lo que tradicionalmente se llama “tómalo o déjalo” (o, más castizo: son lentejas). Cuando se plantea de manera “categórica” que la Troika no dará su brazo a torcer están rompiendo el volante y tirándolo por la ventanilla. Es un chantaje que la ciudadanía griega –y el gobierno resultante de las elecciones- no debe tolerar. La ciudadanía responsable de otros países de la Eurozona tampoco no lo debe admitir.

Afortunadamente, el mundo no es sólo teoría de juegos, los actores hablan y cooperan, y existen instancias de intermediación que pueden convertir este juego “no cooperativo” en un juego “cooperativo” con una mejor estructura de incentivos para todos los implicados y donde el resultado que cuente sea el resultado global.

De esta manera, y teniendo en cuenta que es posible la coordinación entre actores (cosa que no ocurría en el “dilema del prisionero”), es racional que el electorado Griego vote a un partido que prefiera salirse del euro antes que cumplir el actual memorando, y que anuncie con anterioridad sus preferencias y que esas preferencias sean creíbles. Con esa estructura, el juego tiene opciones de convertirse en cooperativo si hay coordinación de actores. Habrá negociación entre la Troika –o Alemania- y Grecia. Y los griegos verán muy mejoradas sus condiciones de vida. Pero no será porque no le quede más remedio a Grecia, sino porque es el mejor resultado posible para ambas partes.

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En conclusión: votando a Syriza, es bastante probable que Grecia cumpla un memorando donde sus condiciones mejoren sustancialmente, porque dado el estrepitoso fracaso del plan de rescate de Grecia, sólo puede mejorar.

Hacen bien los griegos en plantearse esta opción de cara a las próximas elecciones.

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