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Pedir un empleo a los Tres Reyes Magos… o al Three Party Andaluz

El acuerdo de PP, Ciudadanos y Vox es la ilusión de colocación a dedo para gente de derechas que ha esperado décadas el cambio de gobierno. Pero también cuadros nombrados por el PSOE inician acercamientos al sol que ahora calienta

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Teodoro García Egea firma el acuerdo de Mesa del Parlamento andaluz con su homólogo de Vox, Javier Ortega.

Los secretarios generales del PP y Vox, Teodoro García Egea y Javier Ortega Smith, al firmar el acuerdo de Mesa del Parlamento andaluz.

Un puesto de trabajo es lo que los adultos más anhelan mientras los niños piden bicicletas, videojuegos y muñecos. Conseguir un empleo, o salir de la precariedad con uno de salario digno, o conservar la suerte, si se es un privilegiado en el segundo país, tras Grecia, con más paro de la  Unión Europea ( 15,3%). Peor en Andalucía, con un 22,9% de desempleo que se dispara a 46% entre menores de veinticinco años. Pero este 2019, en el sur andaluz, mantiene la ilusión del milagro, hasta del ascenso, incluso pasados los Reyes Magos. Porque quienes durante cuarenta años han esperado que los suyos llegaran a San Telmo y les señalasen con su dedo mágico contienen ahora el aliento para que Moreno Bonilla, Juan Marín y Santiago Abascal no les quiten el regalo de las manos.  

El tradicional parón político de Navidad se ha vuelto este año en frenesí de llamadas y reuniones, pulsando, abriendo, considerando opciones. Igual que hacen los pequeños, mayores de todas las profesiones –con, quizá, una llamativa cantidad de periodistas- recapitulan en listas sus buenas obras que merecen recompensa de las majestades de la estrella del Three Party. Han sido muchas décadas como para ahora resignarse a que pase, fugaz cometa, rumbo a una repetición electoral.

Jamás estuvo en la carta de deseos que el cambio de gobierno implicara sanear de verdad el acceso a la función pública. Esas tonterías de la regeneración en serio son para los ingenuos, buenistas que creen todavía. Progres, la mayoría. A esos se les planta una diadema con dos orejas de burro y la etiqueta “radical de izquierda” y, como todos estos años, a la esquina castigados. De lo que se trata es de “quítate tú para que ponga yo a los míos a hacer lo que os criticamos: servir al partido en vez de a los ciudadanos”. La cantidad de “criaturas” –en términos del ex Dr. Gral. de Empleo, Fco. Javier Guerrero, hacedor de la pax social de Chaves y Griñán a golpe de gin tonics, falsos EREs y, según su chofer, noches de nieve- que se frotan las manos. Pongamos que un periodista, por informar con pulcra ecuanimidad, ahora llega a jefe de prensa de un consejero. Pues su hueco es cubierto por otro igualmente imparcial. Ganan dos pájaros de un tiro.

La magia navideño-electoral trueca drama en fiesta, despidos en contratación. La siempre lúcida  Lourdes Lucio escribió antes de que se partiera el turrón: “Miles de personas, ligadas al PSOE y que no tienen una plaza en su poder, tendrán que cambiar de trabajo. Será el mayor ERE que se haya visto nunca en Andalucía”. Será también la mayor agencia de colocación.

El cuento navideño, revelador de la naturaleza humana, tiene su dilema moral y para más emoción, hasta giro de guion. El dilema es el de qué consentir para subir. Ahí, Pablo Casado con entusiasmo y Albert Rivera pese a la tibieza dejan claro al trepa raso que no hay problema en entregar a Abascal -cuya carrera laboral resume este vídeo- y Ortega Smith (ambos machos alfa de un Vox en que el ex juez Serrano es palmero bufón) en bandeja de plata las cabezas de 972 asesinadas por el machismo desde 2003.

¿Y el giro inesperado? Pues que ciertos nombrados por el PSOE que ya metían sus cosas en cajas y telefoneaban a laboralistas considerando litigar por sus plazas, se dicen ahora “dispuestos a colaborar con los nuevos”. Algunos que aún escriben palabras para la presidenta en funciones Susana Díaz o para el portavoz parlamentario Mario Jiménez sobre el PSOE como “dique de contención” del neo-franquismo de Vox, ya ponen velas en otros altares con tal de quedarse. Ven ilusos a sus jefes por confiar en la investidura pero, en cambio, factible que, haciendo valer su experiencia de décadas como sumisos, la nueva hornada de mandamases les deje a ellos continuar. La viga y la paja eternas.

Uno de estos linces de la asesoría política con quien trabajé hace veinte años en un periódico del que me echaron por ser su delegada sindical, me acabó preguntando: “¿Y tú, qué haces?”, a lo que respondí que soy freelance para medios como eldiario. “El periodismo es ‘tiesura’. La libertad tiene un precio, ¿eh?”. Y sonrió de oreja a oreja, a dos pasos de nuestros hijos, asumiéndose esclavo.

Empiezo mi lista de deseos por los que trabajar este 2019:

Que la crítica a los políticos se amplíe a auto-crítica ciudadana porque hay mucha corrupción interiorizada.

Que quienes trabajen en la Administración, por oposición o confianza, asuman que su jefe no es quien les nombra, sino la sociedad que con sus impuestos les paga.

Y que afronten que el precio de toda “pequeña traición cotidiana” es la anemia democrática con la que se nutre el fascismo. Que ya sabemos cómo acaba.

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