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Me aburrís, racistas

18 de agosto de 2026 23:00 h

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Me aburrís. Me aburrís con vuestros bulos, con vuestro supremacismo mimetizado, con vuestro narcisismo, con vuestra ignorancia y vuestra incultura. Me aburrís con vuestra falta de empatía, con vuestra sevicia digital, con vuestra carencia de cariño recibido.

Me aburrís con vuestros manotazos desesperados, ese ansia pueril para que alguien os haga casito. Me aburrís con vuestra Europa: grecolatina cuando os conviene, judeocristiana cuando toca, aunque de paso, por cierto, eso deje fuera a unos cuantos millones de balcánicos. Me aburrís con vuestra necesidad avasalladora de meter cabeza en cualquier medio, el que sea, con vuestra maleabilidad a cambio de unos pocos likes, con vuestros argumentos ad hoc, con vuestras contradicciones bochornosas, a veces, incluso, en el mismo día, en el mismo tuit.

Me aburrís con vuestra defensa de no sé qué integridad nacional, de las fronteras impuestas, de las patrias imaginarias mientras negáis los derechos más elementales

Me aburrís con vuestro fascismo cultureta, con vuestras lecturas de trazo gordo, con vuestros negacionismos públicos, insostenibles en la intimidad. Me aburrís, mucho, con vuestro fútbol patriotero. Y con esa solemnidad de cartón piedra con la que pretendéis convertir cada opinión en una verdad y cada prejuicio en una idea.

Me aburrís con vuestra defensa de no sé qué integridad nacional, de las fronteras impuestas, de las patrias imaginarias mientras negáis los derechos más elementales. Me aburrís con vuestras reivindicaciones impostadas de religiones que ni por asomo practicáis, con vuestro conservadurismo de postín, con vuestra nostalgia inventada.

Me aburrís con vuestros literatos henchidos de soberbia y tan escasos de obra verdadera. Con vuestros filósofos de pacotilla. Me aburrís con vuestros titulares de clickbait, vuestros pareceres prefabricados y vuestra incapacidad para mantener una idea durante más de cinco minutos sin convertirla en consigna.

Me aburrís con vuestra vocación de pastores de incautos, con vuestro afán de engañar a los más vulnerables, a quienes todavía están intentando averiguar quiénes son mientras vosotros les vendéis una identidad de saldo

Me aburrís. Me aburrís con vuestro odio a las mujeres, a las diferencias. Me aburrís con vuestra masculinidad tan, tan, tan frágil que supura toxicidad; tan delicada que creéis que se desmoronará el día en que por fin aceptéis esa homosexualidad que todavía hoy reprimís a golpe de burpees y mancuernas.

Me aburrís con vuestros gurús engolados, salidos de algún programa de televisión, de alguna tertulia sumisa, de un youtuber esquinado en Andorra, de alguna red social para adolescentes perpetuos. Me aburrís con vuestra vocación de pastores de incautos, con vuestro afán de engañar a los más vulnerables, a quienes todavía están intentando averiguar quiénes son mientras vosotros les vendéis una identidad de saldo.

Me aburrís con esa necesidad constante de ser vistos, escuchados, celebrados, temidos. Con vuestra falta de autoestima. Con vuestra falta de amor propio, aunque en eso sí, en eso os entiendo. Yo tampoco podría quererme si fuera tan fatuo como cada uno de vosotros. Me aburrís, ridículos.