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¿Estamos en pleno empleo o no?

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Se ha publico recientemente las cifras de la situación del empleo en España, mediante la otra cara de la moneda, que es la tasa de desempleo. Según los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) difundidos este martes por el Instituto Nacional de Estadística (INE), 22,46 millones de personas están trabajando en España. La tasa de paro ha caído por debajo del 10% por primera vez desde 2008, y el número de personas desempleadas se sitúa por debajo de los 2,5 millones, su mejor registro en 18 años. Esta evolución también se refleja en Andalucía, aunque históricamente, la región mantiene una tasa de paro entre 4 y 5 puntos por encima de la media nacional.

Se habla de una situación de pleno empleo, término que procede de la teoría económica, y que no significa que la tasa de desempleo sea 0%. Se utiliza para describir situaciones en las que prácticamente toda la población activa tiene trabajo, aunque siempre exista un porcentaje de personas que buscan empleo y no lo encuentran de forma inmediata: jóvenes que acaban de terminar sus estudios, o trabajadores que encadenan contratos con breves periodos de transición. Además, el pleno empleo también se refleja en otros factores productivos: escasez de locales disponibles, necesidad de anticipar pedidos de materias primas, o llamamos a un fontanero y tarda dos semanas en aparecer por casa.

La tasa de paro más baja registrada en España fue del 7,93% en el segundo trimestre de 2007, mientras que en Andalucía se situó en el 11,95%

Desde una perspectiva histórica, podemos afirmar que estamos cerca del pleno empleo, aunque aún no lo hemos alcanzado. La tasa de paro más baja registrada en España fue del 7,93% en el segundo trimestre de 2007, mientras que en Andalucía se situó en el 11,95%, y estas son las cifras representativas del pleno empleo. Sin embargo, la comparación con Europa sigue siendo desfavorable: el desempleo español se mantiene cuatro puntos por encima de la media de la UE, actualmente en torno al 6%.

Y ahora viene la madre del cordero: ¿por qué existe ese diferencial con la UE? Sinceramente, las respuestas ya están muy manidas: baja productividad, mercados segmentados, la negociación no se adapta a las necesidades de las empresas… Todo eso es cierto, pero no podemos olvidarnos de varias cuestiones. Por un lado, el tamaño de las empresas. España cuenta con un tejido productivo dominado por pymes, lo que limita la movilidad interna y reduce las posibilidades de recolocación dentro de la propia empresa. Esto incrementa el riesgo de desempleo cuando se producen ajustes.

Por otro lado, es relevante analizar dónde se ha creado empleo. En los últimos años, el crecimiento se ha concentrado en industria, turismo, logística, agroalimentación, sanidad, tecnología y servicios profesionales, con un dinamismo notable también en sectores como la publicidad. Este patrón responde a la combinación de crecimiento económico, digitalización y mayor demanda de servicios.

España cuenta con un tejido productivo dominado por pymes, lo que limita la movilidad interna y reduce las posibilidades de recolocación dentro de la propia empresa

Si de nuevo nos comparamos con la UE, los datos muestran que España tiene una proporción mayor de jóvenes con estudios superiores, fruto de la expansión universitaria. Sin embargo, también presenta más abandono escolar temprano (14% frente al 10% alemán) y un mayor porcentaje de adultos con baja cualificación. Además, muchos países europeos cuentan con un sistema de formación profesional dual que facilita la inserción laboral y permite acceder más adelante a estudios superiores. La consecuencia es que la creación de empleos en sectores como el aeronáutico o la biotecnología no crean oportunidades accesibles para una parte de la población, debido a una estructura educativa polarizada.

A ello se suma la escasa movilidad laboral, condicionada tanto por factores económicos como culturales. Pensemos en una persona que vive en Andalucía y recibe una oferta en Madrid: no se trata solo del salario, sino del coste del alquiler, del nivel de vida o de las implicaciones familiares. Y la dificultad aumenta cuando la mudanza afecta a toda la familia o existen responsabilidades de cuidado. La movilidad laboral no es igual que mover un camión de una ciudad a otra; es mover vidas. Por eso, políticas públicas que fomenten la conciliación, la flexibilidad horaria o que faciliten el acceso a la vivienda de alquiler, podrían mejorar el ajuste entre oferta y demanda de trabajo.

Finalmente, está el arraigo familiar y cultural, que también limita la movilidad. No debe interpretarse como una crítica; al contrario, es un rasgo profundamente positivo de nuestra identidad social. Valoramos estar cerca de la familia, de los amigos y de nuestras tradiciones. Somos así. A un californiano le puede dar igual trabajar en Boston. A un trianero no le da igual trabajar en Berlín.