En Murcia y sin caspa: algunos actores de la escena independiente de la Región
¡Lonja negra, BESTIAPARDA, Ajuntaera, La distribuidora, La navaja producciones, La innovadora, Rancho rosa, Studio2020! Quizá no termine de encajar como cántico hooligan, pero esa retahíla de nombres funciona como antídoto contra la angustia que provoca un paseo por el lado salvaje de la Cultura Murciana. Se lo digo porque lo he probado: sale uno del Almudí con cara de acelga después de leer sobre la canonización de las manos del alcaldísimo, pronuncia esos nombres con la cadencia de las viejas clavadas en las traviesas de los bancos eclesiásticos y a la altura de Verónicas se ven las cosas de otra manera. Cierta esperanza, cierto orgullo. Hay más nombres, decenas de ellos han atado a lo largo de los años los nudos de una red de cultura alternativa basada en diferentes grados de autogestión que cubre buena parte de esta tierra extraña. “¿Alternativa a qué?”, me dirán. Echen un ojo a las agendas del concejal de Cultura de Murcia y de la Consejera y me entenderán.
Empecemos por Belén Conesa. Belén fue la madre de La Postiza, aquella residencia-artística-que-no-daba-lache en la que uno podía darse un garbeo apoyando a los Amigos de Ritsona, hincarse una exposición vacilona con una lata fresca en la mano y echarse unos bailes con el gran Renatus Semper y sus vinilos de Machito. Ahora tiene otro proyecto: “Hace un tiempo se me ocurrió recuperar La Postiza, pero en seguida me di cuenta de que ese no era el camino, necesitaba hacer las cosas de una manera diferente —apunta— . En La Postiza me acabaron comiendo los gastos, tú necesitas que el proyecto respire y, a la vez, sacarte un sueldo para poder vivir. Buscaba algo más horizontal y en el que no dependiera de un sitio que no es mío”. Así nació BESTIAPARDA, un colectivo de “comisariado quinqui” formado por ella misma, Ale Carbonell, Pablo López Jordán y Romu López. “Somos cuatro personas con experiencia en diversos ámbitos de la cultura y con una idea común, de ahí nace eso de 'comisariado quinqui', que se puede resumir en que queremos hacer algo profesional pero para todo el mundo, huyendo de todo tipo de ínfulas y conceptos elitistas de la cultura”, explica.
Otra cosa no, pero ideas tienen: de momento han organizado Réquiem, un festival de electrónica experimental en Kasablanka, y Fotomaratón, un concurso de fotografía en la galería Efímera.
Acaban de cerrar La ciudad de las personas: “Estará dentro del Open House [el festival de arquitectura y cultura de Murcia] y lo que queremos es que los hijos de los migrantes nos enseñen edificios o zonas de la ciudad que sean importantes para ellos”, dice Conesa. Pretenden montar Huerta paraíso, un ciclo de conciertos –un domingo al mes, paella y rocanrol, no dirán-, y un club de lectura para preadolescentes. “Estará enfocado en la novela gráfica y habrá una serie de encuentros en los que abordaremos cuestiones que se plantean a esas edades”, resume.
Un espacio propio
La navaja producciones se definen como “una promotora de carácter asociativo para gente que busca una programación fuera del circuito musical habitual y con dos señas de identidad: pasión por la música y cero intención de ganar perras en el proceso”.
Es probable que la mayoría de conciertos guapos de punk, emo y pop chiquitico que hayas visto en Murcia últimamente se los debas a ellos. Nacieron a mediados de 2023. “Un poco por aburrimiento y necesidad de crear un espacio propio dentro de Murcia y de la falta de una agenda con nombres que nos gustaran”, explican. Se puede uno hacer socio y por 15 euros al mes le permiten participar -editan un fanzine- y votar bandas.
Más en los aledaños, aunque también con querencia por el negro y el vello facial, se pueden ustedes topar con Lonja negra, el colectivo que forman varios sospechosos habituales de las escenas de eso que Alfonso Alfonso suele llamar rock heterodoxo. Después de varios tumbos por la periferia de la ciudad han puesto el huevo en Dinero estudio, una nave en un solar de Churra a la que han llevado a figuras del nivel de Negro, La Joya, Dame Area o Pablo und Destruktion.
De vuelta al centro, La distribuidora tiene su sede en la calle Mariano Vergara. Desde allí, Murcia subcultura lleva casi dos años organizando exposiciones, conciertos, presentaciones y cualquier historia que enarbole la bandera DIY. Además, han creado la Asociación Subcultural de Creadores Independientes.
Al otro lado del puerto de la cadena, la artista y gestora cultural María Garberí montó Studio 2020 hace cinco años. Lo que en principio fue un “proyecto multidisciplinar que mezclaba tatuaje con exposiciones de artistas emergentes” se mudó el año pasado al casco viejo de Cartagena para convertirse en “un espacio abierto, alternativo y contemporáneo de encuentro cultural donde sucediesen cosas independientes de la programación cultural de la ciudad”.
Exposiciones, charlas, conciertos...Garberí habla de “una cultura abierta, de comunidad” y de crear lo que a ella misma le faltaba en Cartagena. El movimiento en 2020 demuestra que no era la única.
“La cara oscura de la autogestión”
“El principal escollo al que nos enfrentamos es la absorción del trabajo asalariado de los que estamos dentro —cuentan desde La navaja— . Eso hace que a veces no estemos lo conectados que deberíamos, problemas de no tener gente profesionalizada y que se dedique a esto al 100%. A veces también tenemos problemas económicos, pero bueno, esa es la cara oscura de la autogestión”.
A María Garberí tampoco le sobran los billetes: “Vengo de una familia de clase trabajadora y sin grandes recursos económicos, vivo a expensas de convocatorias y subvenciones”. Dice que echa en falta “educación cultural y apoyo estructural por parte de las instituciones”: “No deben vivir al margen de los espacios independientes, igual que nosotras no deberíamos vivir al margen de las instituciones. Proyectos como este mueven público, generan programación cultural, descentralizan el arte, apuestan por lo local y lo emergente y abren nuevos formatos, todo ello sin los recursos que sí tiene la institución”.
“Lo que falta es infraestructura para la creación -continúa-. No pueden ser los espacios independientes y pequeños los únicos lugares donde encontrarnos. Harían falta aulas-taller, estudios o talleres compartidos donde artistas emergentes puedan desarrollar su obra, encontrarse y crecer juntas, pero también espacios para quienes ya estamos en un punto intermedio de la carrera y necesitamos lugares donde seguir creando, investigando y generando sinergias”.
También reclama “un espacio cultural público dedicado a la creación contemporánea: un lugar donde se produzca, se dialogue, se compartan procesos, se hagan coloquios y encuentros”. Más aún: “Y, sobre todo, que se cedan espacios y recursos con libertad de organización, sin dirigir los contenidos. Eso me parece clave. Hay ejemplos muy buenos de este tipo de modelos en otros puntos del territorio español y creo que Cartagena tiene potencial de sobra para algo así”. “Si en Cartagena no hay condiciones para crear, producir y vivir del trabajo artístico, el talento acaba yéndose, y sin artistas no puede existir un tejido cultural real”, remata.
Belén Conesa también echa de menos “más profesionalidad de la gente que gestiona lo público”: “En la Región hay un montón de gente que se busca la vida en la autogestión porque no hay manera de lidiar con lo público”, apunta. También le falta “un mayor apoyo a los centros y colectivos independientes desde lo público y mayor colaboración entre espacios y colectivos independientes”. Dice que “eso se logra saliendo de lo precario”: “Desde ahí ocurrirán muchas cosas. A menor precariedad, menor envidia, menos empujones y mas compañerismo y respeto en general”.
En La navaja no quieren ni oír hablar de las palabras 'Instituto', 'Industrias' y 'Culturales': “No tenemos relación con las administraciones y no pretendemos tenerla a no ser que nos den un bolsón de perras sin pedirnos absolutamente nada a cambio”. ¿Se lo imaginan? Diego Avilés y Carmen Conesa arrastrando el bolsón de perras por callejuelas por las que ni siquiera cabe el trono de una virgen menúa. Yendo a Fitur, pasando de reuniones con inversores y bolis con la cruz de Caravaca, camisetas de 'Conoce Cruce del Raal', escuchando con el contoneo con el que escucha un cargo del Partido Popular y luego levantando un índice. Diciendo: “¿Tienen ustedes un minuto para que les hable de la Murcia sin caspa?”. Lo pienso y me crujen hasta los pelos.
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