Una de zombies
Mientras sube la inflación como un suflé avaro y la bolsa de la compra nos grita la bolsa o la vida; mientras la sanidad privada nos priva de salud pública; mientras el precio de la luz da calambre y las calles se llenan de maleducados que quizá vayan a colegios de pago, los míos discuten como en una cena de cuñados y por mucho que prediquen igualdad, se aferran justamente a lo que les diferencia.
¿Qué se hizo de aquella vieja izquierda que dirimía sus diferencias entre Althuser y Sánchez Vázquez, discutía por Antonio Gramsci y amaba a Rosa Luxemburgo? Ahora, la veo tirarse los trastos a la cabeza como en un plató de la telebasura, con alma de twitter envenenado y vocación de sálvese quien pueda. En las gradas, Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal hacen manitas bajo el burladero y comparten palomitas de maíz, asistiendo a una corrida de forçados y enanitos toreros, al entretenido espectáculo de cómo a sus adversarios ya no les hace falta su auxilio para perder las próximas elecciones, sean las que sean.
La coalición que hizo posible la eutanasia, la nueva ley del aborto, los Fondos Next Generation, la Ley Trans y lo mejor de la del Sí es Si, a pesar de sus noes, emprende la explosión incontrolada de su Consejo de Ministros
El mismo Gobierno que fue capaz de auxiliar a los autónomos durante la pandemia, de fletar una reforma laboral que ha disminuido la precariedad, de crear el Ingreso Mínimo Vital frente al enriquecimiento máximo particular que crece exponencialmente cuando pintan bastos para los de abajo; ese mismo Gobierno, va camino de destruirse en treinta segundos, como las viejas cintas grabadas en la añeja serie Misión Imposible.
La coalición que hizo posible la eutanasia, la nueva ley del aborto, los Fondos Next Generation, la Ley Trans y lo mejor de la del Sí es Si, a pesar de sus noes, emprende la explosión incontrolada de su Consejo de Ministros y de sus respectivos grupos parlamentarios. Una ley no escrita recomienda a cualquier alianza electoral que se disuelva con sus respectivos carnets en la boca antes de llegar a unos nuevos comicios. Pero digo yo que, como recomendaba Georges Brassens, la que nació de la mayoría de la investidura de Pedro Sánchez, debería morir pero lentamente, de muerte natural, y no con un apuñalamiento masivo estilo Julio César.
En la España de hoy, que pone sordina a los desvaríos de la caverna y una lupa a cualquier traspiés de la progresía, podemitas y sociatas están jugando a peleas de pandillas en un descampado, a mamporros dialécticos de académicos por un quítame allá una tilde, a darse patadas en las espinillas durante un partido amistoso y a ver quién es el que mea más largo, trenzando a diario la soga con la que ahorcarse en las próximas urnas.
Buena parte de los éxitos de esta legislatura, que tanto inflama a los salamanqueses y cayetanos, radica en un pacto tácito entre el so que te pares y el arre que trote, entre la frescura y la experiencia, la templanza y la osadía
Les hemos oído lanzarse improperios, atribuirse la exclusiva del feminismo, intercambiarse los certificados de traidores o de adanistas: tardará en nacer, si es que nace, un bipartito tan claro, tan rico de aventura. Y ya no porque los socios que empiezan a dejar de serlo tendrían que acudir, al menos, a terapia matrimonial para explicar cómo volverían a casarse después de tan turbulento divorcio. Probablemente sea porque no habrá aritmética parlamentaria que aguante una sangría de votos como la que se avecina: puede que el PP y Vox --¿dónde su programa después una oposición de traca? -- no consigan los majestuosos resultados que les vaticina el séptimo de caballería de las encuestas; pero todo apunta a que el actual ejecutivo no va a conseguir adeptos para sus respectivas siglas sino abstenciones para su conjunto.
Buena parte de los éxitos de esta legislatura, que tanto inflama a los salamanqueses y cayetanos, radica en un pacto tácito entre el so que te pares y el arre que trote, entre la frescura y la experiencia, la templanza y la osadía. Ese formidable balance legislativo en una de las épocas más escalofriantes de las últimas décadas patrias no hubiera sido posible con el PSOE como Gary Cooper en “Solo ante el peligro”, ni con Unidas Podemos, por su cuenta y riesgo, como las facciones palestinas de “La vida de Brian”. Morados y colorados podrían aspirar al Óscar a la mejor coproducción y están a punto de obtener una estatuilla con los pies de barro, la de una derrota épica estilo “Espartaco” de Stanley Kubrick, con guión del represaliado Dalton Trumbo. Se abre el casting para un remake de “Oliver Twist” y el papel de huérfanos nos sienta de pesadilla. Los protagonistas de este mediometraje que merecería un spin-off ya están rodando una de zombies. Están muertos y no lo saben. Sus electores, como en “Los otros”, de Alejandro Amenábar, también estamos muertos y no lo sabemos. Quizá no convenga profanar nuestros sueños, pero, ahí lo dejo, nuestra imagen empieza a borrarse de los espejos.