Las izquierdas asedian a Moreno con los cribados y una sanidad que “provoca muertes” en el último debate electoral
Un debate frente a un aluvión de encuestas. El segundo choque entre los candidatos de los cinco partidos con representación en el Parlamento andaluz ha venido precedido por la publicación de hasta seis sondeos que coinciden en tres cuestiones: el PP está rozando de nuevo la mayoría absoluta, el PSOE puede horadar su suelo –que son sus actuales 30 parlamentarios– y tanto Vox como las dos formaciones más a la izquierda (Por Andalucía y Adelante Andalucía) mejoran sus actuales cifras. Con estos datos bajo el brazo, los mismos que se barajan desde la precampaña, los aspirantes han encarado un encuentro en Canal Sur Televisión que siempre se publicita como “el decisivo” por aquello de ser el último.
Esta segunda confrontación a cinco previa al 17M ha estado adobado, además, por un coro de protestas que esperaba a los candidatos a las puertas de la sede de la RTVA, en la que se sumaban Mareas Blancas, representantes de Amama (la asociación que destapó la crisis con los cribados del cáncer de mama) y, sobre todo, trabajadores del propio Canal Sur, que este lunes han protagonizado la primera de las tres jornadas de huelga que ha convocado el Comité Intercentros. Los candidatos de izquierda –Antonio Maíllo, José Ignacio García y María Jesús Montero, por orden de llegada– han cruzado la calle para saludar a estos colectivos, mientras que Manuel Gavira (Vox) y el propio Moreno han pasado de largo cuando no hacía mucho que la televisión pública se fuera a negro durante el programa de Juan y Medio por esta protesta.
Y si Amama y las Mareas Blancas estaban en la puerta, en la cuestión sanitaria es donde las izquierdas se han hecho especialmente fuertes ante un Moreno visiblemente incómodo y que ha dejado muchos interrogantes sin responder con el argumento de que era “interpelado por todos”. “Todos contra mí”, ha lamentado, mientras las izquierdas (PSOE, Por Andalucía y Adelante) han acosado a preguntas a un líder del PP andaluz que se ha escudado en que la Junta “asumió su responsabilidad” con la salida de “toda la cúpula del SAS” e insistiendo en que “ninguna mujer ha fallecido”.
Agrio cara a cara Moreno-Montero
Pese a ello, no ha dado los detalles que se le han reclamado, limitándose a asegurar que “hubo un problema de información con 2.317 mujeres y se pidió perdón”, además de cesar a toda la cúpula del Servicio Andaluz de Salud (SAS). “¿No ha habido muertes? Debe ser que las familias se lo inventan”, ha replicado Montero, a la que se han unido Maíllo y García en su crítica a una gestión sanitaria que “provoca muertes” evitables. El choque Moreno-Montero también se ha reproducido cuando el presidente ha sacado a relucir tragedia ferroviaria de Adamuz (Córdoba), lamentando la falta de dimisiones y de explicaciones –lo que ha provocado la indignada reacción del alcalde del municipio–, a lo que le ha replicado que todo se sabrá, como también “qué pasó con el 112” y la actuación de los servicios de emergencia que dependen de la Junta.
Maíllo ha presentado una “enmienda a la totalidad” a su política sanitaria, que ha calificado de “desastre premeditado para convencer a la sociedad andaluza de que la mejor sanidad es la que se paga”. “Es un desastre”, ha apostillado, antes de que Moreno y Montero se enzarzaran en un agrio cara a cara de nuevo con los cribados de cáncer de mama como protagonistas.
El aspirante del PP ha acusado a la candidata socialista de “no decir ni una verdad”, recordando la promesa incumplida del PSOE en 2010 sobre el cribado de cáncer de colon y agarrándose a su propia experiencia personal. “Durante esos nueve años muchas personas fallecieron porque no hubo cribado de cáncer de colon, entre ellas mi padre, que tuvo un diagnóstico tardío y por tanto metastásico”. “A mí me habéis llamado asesino desde las cuentas oficiales del PSOE”, ha denunciado, antes de preguntarse de manera retórica “¿qué podría llamarle a usted?”. “¿Pero sabe la diferencia entre usted y yo? Que yo no soy como usted”, le ha espetado el candidato del PP. “Ni yo como usted”, ha replicado Montero.
Gavira, a hablar de su libro
Durante el debate, el cara a cara más común ha sido entre estos dos protagonistas, fajándose menos Moreno a la hora de replicar a Maíllo y García, que por su parte le ha dejado alguna que otra puya a la candidata socialista sobre todo en cuestión de financiación autonómica. Como en el primer debate, las izquierdas han llegado a hacerle un tres contra uno al presidente, que ha respondido con silencios, sonrisas irónicas o comentarios sueltos diciendo que los reproches que le hacían eran una barbaridad o directamente una mentira.
El que ha vuelto a parecer un verso suelto ha sido Manuel Gavira, al que de hecho en varios momentos le sobraba tiempo que consumía por puro protocolo. Sus ideas fuerza han sido las mismas: la “prioridad nacional” duramente replicada por las izquierdas (aquí Moreno no ha bajado a la arena), la bandera de una política de “sentido común” y centralizar en los migrantes prácticamente todos los problemas de la sociedad española, “colapsando” los servicios públicos y disparando la inseguridad, apuntándoles incluso de estar detrás de las violaciones y las agresiones a ancianos.
Moreno, como también hizo en el primer debate, casi no se ha dirigido al candidato de Vox, al que le reprochó que no suspendiera la campaña el día de luto oficial por la muerte de dos guardias civiles en la persecución de unas narcolanchas. Ante sucesos tan graves, ha vuelto a esgrimir el “sentido común”, que en este caso consistiría en que “ante el narco, el alto o el plomo, o que las narcolanchas se paren o acaben en el fondo del mar”.
El “lío” y el “chantaje”
En política es moneda de uso común decir que unas elecciones no se ganan en los debates, pero que sí se pueden perder. El presidente andaluz y aspirante a la reelección por el PP, Juan Manuel Moreno, evidenció en el celebrado hace una semana en RTVE que no estaba dispuesto a arriesgar lo más mínimo, lo que al final jugó en su contra y le llevó a ofrecer una imagen acartonada que rozó el bloqueo. Este lunes, encima, entraba en el plató con un mensaje cristalino que horas antes había llegado vía Madrid: Vox descarta la abstención si Moreno roza la mayoría absoluta pero no la logra, en ese escenario –ha avisado su portavoz nacional– lo que tocaría es negociar para que la ultraderecha entre en el Gobierno andaluz.
Esto, en el lenguaje de campaña de Moreno es el “lío” a evitar, al que confronta la “estabilidad” que reportaría renovar su mayoría absoluta, la misma táctica que tan bien le salió hace cuatro años al atraer un voto de centro progresista que vio en él una alternativa más viable para parar a la ultraderecha que la propia izquierda. Por encima de todo está el aval de su marca personal, muy por encima de las siglas del partido, presentándose como un tipo fiable, predecible y con sus dosis de progresista y andalucista. Como él mismo dijo hace cuatro años, “es mucho más fácil votar a Juanma Moreno que votar al PP”.
Frente al “lío” o el “desgobierno” de Moreno, como también lo ha definido en su último minuto, las izquierdas (sobre todo José Ignacio García y Antonio Maíllo) han contrapuesto el “chantaje” de asegurar que si el PP no logra mayoría absoluta está en riesgo hasta la convocatoria de oposiciones. “No sé si sabe lo duro que es estudiar unas oposiciones, yo sí. Es durísimo chantajear a los andaluces y andaluzas diciendo «o me votan o no se van a celebrar las oposiciones», ha lamentado García, profesor de Secundaria, que ha insistido en que es falso que no se puedan convocar oposiciones si no se conforma Gobierno de inmediato: ”Se nota que nunca ha hecho unas oposiciones“.
“Fraude” fiscal y “fritos” a impuestos
La otra cuestión en la que han cargado las tintas las formaciones de izquierdas ha sido en la política fiscal del Gobierno de Moreno, contra el que Maíllo (Por Andalucía) ha cargado llegándole a acusar de cometer “fraude fiscal en términos políticos” porque “cuando le dice a la gente que le baja impuestos, se los baja a los superricos”. Por su parte, García (Adelante) ha lamentado que en Andalucía alguien que gana 80.000 euros al año puede desgravarse las clases de inglés privadas de su hijo, “pero si ganas 25.000 euros al año no puedes desgravarte el alquiler de tu vivienda”.
En paralelo, María Jesús Montero ha sacado a escena la “asfixia” de las universidades andaluzas, “mientras autorizan universidades privadas sin criterios de calidad”, “con menos papeles que un conejo de campo”, como ha llegado a afirmar José Ignacio García. Montero ha ido más allá y ha extendido el problema a todas las etapas educativas: “¿Qué le parece que las familias andaluzas tengan que endeudarse para matricular a sus hijos en formación profesional o en el máster obligatorio? No ofertan plazas públicas para la formación. ¿Por qué obliga a las familias andaluzas a endeudarse?”.
Donde más cómodo se ha mostrado Juan Manuel Moreno, y ha dado una imagen más suelta, ha sido con el modelo de financiación autonómica, no sin antes acusar a Montero de “freírnos a impuestos” como ministra de Hacienda durante los últimos años en el Gobierno de España, convirtiendo a Andalucía y al país en general “en un infierno fiscal”. Y ante el argumento de la socialista de que la Junta ha recibido 54.000 millones de euros más que los que transfería el Ejecutivo central bajo la presidencia del PP, Moreno ha respondido con que “ese es nuestro dinero, no lo regala el Gobierno de España”.
“Usted sería una magnífica candidata en Cataluña”, ha esgrimido Moreno por un lado, mientras por el otro Montero volvía una y otra vez a pedir explicaciones por la no aceptación de un modelo con el que Andalucía es la que más gana. Un rechazo que a Andalucía le cuesta 5.700 millones de euros que deja de ingresar si se incluye el fondo de compensación.
Y un último toque más frívolo, centrado en los looks lucidos en el debate, en el que han vuelto a repetir dos candidatos con corbata, aunque esta vez han aparcado el color verde para apostar por el azul (Moreno) y el rojo (Gavira). Las izquierdas han vuelto a prescindir de este complemento, con Maíllo con camisa blanca y García en vaqueros y camiseta, esta vez con una imagen de Federico García Lorca en defensa de “la memoria histórica, la cultura andaluza y Granada”. Montero, por su parte, ha apostado por el rojo frente al vestido verde del primer debate.