La arquitectura del hielo de Aragón, declarada Bien de Interés Cultural

Nevera de Camarillas

El Consejo de Gobierno del Ejecutivo autonómico ha aprobado el Decreto por el cual se declaran Bienes de Interés Cultural (BIC), en la categoría de Monumento, las neveras y pozos de hielo en Aragón: La arquitectura del hielo en Aragón, conforme a una lista de 58 enclaves de las 3 provincias aragonesas.

Esta declaración tiene por objetivo destacar la relevancia arquitectónica e inmaterial de esta arquitectura del hielo, resaltando sus ejemplares más relevantes, seleccionados por diversos factores: por su factura arquitectónica, por sus características inmateriales, por representar un importante eslabón en la comprensión de la red del comercio y abastecimiento del hielo, por la documentación archivística asociada o por su interacción con el paisaje

Las neveras, neveros, pozos de hielo, chelo o yelo, pocicos y neverías constituyen una tipología de arquitectura tradicional, en una fase preindustrial, vinculada a la categoría de arquitectura relacionada con el agua en estado de hielo, también denominada “arquitectura del frío”. Aragón cuenta con alrededor de 300 elementos de este tipo distribuidos por toda su geografía. En la mayoría de los casos su origen se remonta al periodo comprendido entre los siglos XVI y XVIII, excepcionalmente en el siglo XIX, para iniciar su abandono a finales del siglo XIX, con la producción de hielo industrial. Durante el siglo XX comenzaron a restaurarse algunas de ellas y mostrarlas al público, de manera que actualmente muestran muy diferente estado de conservación.

La conservación de la nieve fue una actividad practicada desde la Antigüedad, pero fue en el Renacimiento y en la Edad Moderna cuando la obtención del hielo con diferentes finalidades se convirtió en un recurso y también en una moda generalizada, debido a diversos factores. Entre ellos, los avances médicos (el hielo era necesario en los hospitales como remedio terapéutico); la invención de la imprenta, que facilitó la publicación de ensayos médicos sobre los beneficios del hielo en la salud; el incremento de la población y la necesidad de conservar alimentos más tiempo; y la diversificación de los gustos culinarios, especialmente entre las clases acomodadas y aristocráticas.

Las neveras y pozos de hielo presentan unos rasgos comunes básicos, que tienen que ver con la utilidad y la observación experimentada como productoras preindustriales de hielo. Estos elementos presentan un pozo cilíndrico excavado en el terreno y una cubrición por medio de bóvedas semiesférica de ladrillo o piedra o cúpulas de aproximación de hiladas, normalmente, con solería de piedra o de tierra impermeable en la que se excavan los desagües para evitar que el agua del hielo derretido siga dañando el producto en el interior, finalidad que también cumple el intercalado de paja con la nieve en capas sucesivas de unos 50 centímetros, aproximadamente. Se llenaban y vaciaban a través de una abertura practicada a media altura, frecuentemente acodada y con otra abertura en el centro de la bóveda para empozar mediante pisones y mazas y sacar los bloques de hielo, divididos con las sierras.

En el entorno de los pozos o neveras existía un “raso” o “era”, zona delimitada para acumular y recoger la nieve con la que se llenaban las neveras. Los límites de esos rasos eran a veces motivo de litigio y precisaban un mantenimiento constante de limpieza de árboles y arbustos, imprescindible para que se produjera la acumulación de nieve. Por ello numerosas neveras se emplazan en las afueras de los pueblos, en zona algo más elevada aprovechando las eras, ya aplanadas y limpias, con los pajares aledaños que proporcionaban la mies ya cortada para intercalarla con las capas de nieve.

Por lo que respecta a la morfología y tipo de construcción, no existe una nevera igual a otra, sino que todas ellas se adaptan al terreno, al medio en donde se ubican, a los materiales y técnicas constructivas practicadas en la zona y a la cantidad de población que abastecían. En cuanto a la propiedad, mientras algunas eran de particulares, otras pertenecían a órdenes religiosas vinculadas a monasterios y conventos, otras eran de propiedad municipal, de la monarquía o incluso señoriales.

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