Otra ‘venta de humo’: una fallida fábrica de diamantes amplía la lista de fiascos de Gran Scala y el ‘Rubbiatrón’
La inexistente fábrica de diamantes sintéticos que iba a operar en Zaragoza y cuyo supuesto promotor fue detenido hace unos días por el Cuerpo Nacional de Policía acusado de haber ‘levantado’ 2,7 millones de euros al Ministerio de Industria se ha convertido en el enésimo fiasco empresarial en Aragón, territorio en el que la ‘venta de humo’ tiene una larga tradición.
Así lo reflejan episodios que en algunos casos se acercan a la categoría de mito, como ocurrió con aquel complejo de casinos y parques temáticos que iba a operar bajo la marca Gran Scala, con el acelerador de partículas al que la retranca local bautizó como el ‘Rubbiatrón’ o con la siderurgia que nunca llegó a instalarse en Ontiñena, la misma localidad en la que jamás comenzó a rodar la ruleta.
En todos esos casos, y en algunos otros, se dan algunos perfiles coincidentes entre los que destaca el intento de, con mayor o menor éxito, obtener financiación pública para poner en marcha los tinglados, o los supuestos tinglados, industriales, de tal magnitud que los promotores, aparentemente interesados en beneficiar a los aragoneses con una creación de empleo que acaba por no darse, no podrían asumir por sí solos.
En esos casos, lo que se busca es el apoyo de las administraciones públicas y de sus respectivas cajas al tiempo que se descarta la posibilidad de recurrir de entrada a la financiación privada, a la de las entidades financieras.
“No realizaron los proyectos ni reintegraron las cantidades recibidas”
En el último caso de la serie, el Grupo de Blanqueo de la Jefatura Superior de Policía de Zaragoza detuvo hace unos días a un hombre de 60 años como el “presunto autor y cerebro de la trama” que meses atrás había obtenido sendos préstamos de 1,26 y 1,48 millones de euros de un plan de reindustrialización y fomento de la competitividad industrial para poner en marcha en Zaragoza dos industrias “dedicadas al procesamiento para obtener grafeno y para la obtención de diamantes sintéticos” o CVD.
“Sin embargo, después de serles abonadas las mencionadas subvenciones, las empresas no realizaron los proyectos ni reintegraron las cantidades recibidas”, informó la Policía, cuyos investigadores llegaron a verificar “la manipulación de varias facturas y otros documentos presentados al objeto de burlar las inspecciones” del ministerio.
El empresario, inicialmente arrestado como presunto autor de un fraude de subvenciones y de otro de falsedad documental, quedó en libertad tras declarar en Comisaría, a la espera de que pueda citarlo el juzgado que instruirá las diligencias.
Según la información facilitada por la Policía, tanto la industria de procesamiento de grafeno, un mineral raro de elevadas conductividad eléctrica y térmica, así como dureza, que se utiliza para fabricar placas solares y smartphones, entre otras aplicaciones, como la de fabricación de diamantes sintéticos, cuyos usos se concentran en el sector tecnológico, solo existían sobre el papel, algo que, en cualquier caso, no impidió que accedieran a los créditos del Ministerio de Industria.
Comida precocinada, coches eléctricos, altos hornos y casinos
No es la primera vez que las ayudas millonarias que ese ministerio moviliza para financiar la reindustrialización y la diversificación del tejido productivo acaban volatilizándose, tal y como ocurrió con los 2,6 millones que iban a servir para poner en marcha una fábrica de alimentos precocinados en Calanda, con parte del millón largo (más otros 600.000 euros de la DGA) en que iba a basarse el diseño y la construcción de un monovolumen eléctrico en Motorland, con otro millón destinado a instalar una factoría de material ignífugo en Calamocha o con los 800.000 euros sin intereses que consiguió el promotor de una planta de calderería que no llegó a funcionar en Ejea.
Solo esos asuntos suponen la concesión en los últimos años por el Ministerio de Industria de ayudas por más de ocho millones de euros para proyectos a desarrollar en Aragón que, o no pasaron del papel a la realidad, o que cuando lo hicieron se revelaron como inviables.
International Leisure Development (ILD), la empresa con sede en Londres con la que un grupo de empresarios intentó colocarle al Gobierno de Aragón aquel macrocomplejo de casinos, hoteles y parques temáticos conocido como Gran Scala, acabó disuelta en marzo de 2015, tres años después de que se hiciera patente el músculo financiero de sus promotores: dejaron a medio pagar las opciones de compra de las 1.300 hectáreas en las que iban a levantar un tinglado que requería una inversión de 17.000 millones de euros y, por no cobrar, al final no lo hizo ni el despacho de abogados que se encargó de los trámites, al que dejaron sin pagar una minuta de 250.000 euros.
El principal efecto tangible del proyecto, que en realidad nunca superó la fase de ‘idea’, consistió en que unas decenas de familias regularizaran la propiedad de terrenos que llevaban décadas y décadas pasando de generación en generación en Ontiñena, la misma localidad en la que quince años antes una planta siderúrgica iba a crear más de 2.000 empleos.
Entre uno y otro fiasco, se desarrolló en Zaragoza el del ‘Rubbiatrón’, un acelerador de energía bautizado así en referencia a su principal diseñador, Carlo Rubbia, que iba a situar a Aragón como un territorio puntero en materia de energía hasta que, pese al apoyo del Gobierno autonómico y de la universidad, la cosa se acabara quedando definitivamente cuatro años después en ‘agua de borrajas’; como la fábrica de diamantes y la de procesamiento de grafeno.