Irán: nueva agresión de EEUU basada en mentiras
Hace 23 años, en marzo de 2003, una coalición de países, encabezada por Estados Unidos y con la participación de España, entonces gobernada por Aznar, invadió Ira. El pasado día 28 de febrero el tándem Trump/Netanyahu ordenó un bombardeo masivo sobre Irán. El paralelismo entre los dos casos es evidente: en ambos la intervención se basó en mentiras, existencia de armas de destrucción masiva en Iraq, inmediatez de obtención de bombas atómicas en Irán y liberación del pueblo oprimido, algo que nunca ha sido un objetivo de EEUU. Los ejemplos de Afganistán, Iraq, Gaza… y más recientemente Venezuela no dejan lugar a dudas.
Pero en el caso de Irán, el presidente de EEUU, además de mentiras, utiliza, cual matón de western de tercera, el chantaje y la amenaza contra todos los que, como a él le gusta decir, no le besan el culo. Lo ha hecho incluso con su aliado europeo por excelencia, el primer ministro británico Keir Starmer, pero su fijación está en Pedro Sánchez, que ya se plantó con la propuesta de incrementar el gasto militar hasta el 5%. Trump no se molesta, ni siquiera, en guardar las formas y no solo incumple el Derecho Internacional, ignora los Derechos Humanos y pone en peligro la paz internacional, además, declara la guerra a un país sin la aprobación del Congreso estadounidense.
Una vez más, la reacción de las instituciones europeas ha dejado bastante que desear, han hecho referencias generales a la contención y al respeto del Derecho Internacional, pero, cuando concretan, solo detallan las barbaridades cometidas por el régimen iraní, obviando quién ha comenzado la guerra. Afortunadamente no solo es el Gobierno español el que pone limitación a la utilización de las bases; Gran Bretaña, Francia e Italia, entre otros Estados, solo permiten su utilización para misiones defensivas, pues las ofensivas, los miles de misiles y bombas que caen sobre Irán son ilegales.
Pretender justificar los bombardeos a Irán por la represión brutal a la que está sometida su población no se sostiene. En primer lugar, porque ni a Trump ni a Netanyahu les ha importado nunca la democracia de los países ni el bienestar de su ciudadanía -la administración norteamericana, ante la caída del sha, prefirió el gobierno del ayatolá Jomeini a otras opciones laicas-; de ser así, tendrían una ardua tarea, empezando por el régimen de los talibanes -las mujeres afganas están peor que las iranís- y continuando por sus aliados, los gobiernos de los países del Golfo Pérsico.
En segundo lugar, porque nadie puede ir por el mundo “impartiendo” justicia según sus propias normas, y menos en función de sus intereses. En cualquier sociedad mínimamente civilizada el uso de la fuerza solo es justificable en defensa propia y, en este caso, la fuerza empleada tiene que estar en consonancia con la agresión recibida, recibir un puñetazo no justifica la muerte del agresor. El recurso a la guerra preventiva es una falacia, no se puede agredir a nadie con el argumento, sin ninguna prueba -algo difícil de conseguir-, de que son un peligro. Además, ¿cómo va a suponer un riesgo para la humanidad el programa nuclear de Irán si ya lo habían destruido hace unos meses?
Por último, la historia reciente nos enseña que la intervención externa puede acabar con una dictadura, pero no supone la liberación de un pueblo si el fin de la dictadura no va acompañado de un proyecto económico y político con ese objetivo. Y en este caso, lejos de pensar en la ciudadanía iraní, el proyecto es cobrarse una pieza significativa en el tablero geoestratégico que amplie el poder de Israel en Oriente Medio y prive a China de un importante socio económico. Si además la guerra favorece a Trump y Netanyahu en sus próximas elecciones, miel sobre hojuelas.
Lo que no ha sido una sorpresa ha sido la reacción de las derechas, ha primado de tal forma el “todo vale” contra Sánchez, están siendo tan seguidistas de Trump que están haciendo el ridículo. No sé si en los dirigentes de las derechas españolas -derecha a partir de ahora, pues, en esto también, tienen la misma política- prima la maldad o la estupidez -tal vez una mezcla de las dos-, pero se están cubriendo de gloria.
Empezaron diciendo que Sánchez no era leal con sus aliados, que estaba con los terroristas y se quedaba aislado… Pero, ¿qué tipo de aliado es el que empieza una guerra ilegal, sin contar contigo, y luego te exige que le apoyes? La derecha confunde lealtad con sumisión, Abascal, el “patriota” a tiempo parcial, lo viene demostrando permanentemente con la forma de dirigir su partido. En cuanto al aislamiento, van en aumento las muestras de apoyo – más después de las amenazas de Trump- hacia nuestro Gobierno, desde Brasil hasta Turquía, incluidos numerosos dirigentes políticos europeos, es la derecha la que se ha quedado sola. Hasta Meloni y Le Pen, sus referentes europeos, se alejan de su sumisión.
Si bien la respuesta de la derecha, el posicionamiento acrítico con el presidente de EEUU, no ha sido una sorpresa -como tampoco me extraña su interpretación binaria del mundo- todavía me asombra lo bajo que puede caer la dirección del Partido Popular en su confrontación con el Gobierno. Pretender hacer creer que la presencia militar española en misiones de la ONU o de la UE es estar en guerra es una barbaridad, pero manipular un video, para poner en boca de la ministra Robles algo que no ha dicho para “demostrar la rectificación del Gobierno” es repugnante, es cruzar una línea de difícil retorno. De todas formas, si el gobierno ha rectificado y apoya el ataque a Irán, ¿por qué nos sigue insultando Trump? Que los dioses nos amparen si estos personajes llegan a gobernar en España.
El Gobierno español ha sido vanguardia en el rechazo a colaborar en una guerra injusta, ahora nos toca a la ciudadanía ser vanguardia en unas movilizaciones que sirvan de ejemplo en otras ciudades del mundo para gritar juntos: NO A LA GUERRA.