Tic, tac...
En la noche electoral, después de ganar las elecciones perdiendo dos escaños y más de 13.000 votos, Jorge Azcón enfatizó ante sus seguidores el “Tic, Tac” del cocodrilo que, además de la mano del tiránico capitán Garfio, se comió un despertador.
La película de Disney Peter Pan le sirvió de metáfora sobre el cercano e inevitable final del sanchismo. Una estrategia obsesiva, una necesidad de revancha electoral, que les está haciendo perder de vista que el “Tic,Tac” también está sonando desde su extrema derecha.
De 7 a 14 escaños, acercándose al 20 por ciento de los votos, Vox está en una posición el doble de fuerte que cuando Azcón adelantó las elecciones por primera vez en la historia de Aragón. Con la finalidad de debilitar a Vox y de desgastar al Gobierno de Pedro Sánchez personalizado en esta ocasión en la ex portavoz y ex ministra de Educación, Pilar Alegría, que ha caído al suelo electoral del PSOE en Aragón y tiene una ardua tarea de oposición por delante.
El riesgo de bloqueo de la comunidad autónoma es mayor que lo era cuando se convocaron las elecciones. Basta con mirar hacia Extremadura y hacia Castilla y León, próxima estación de la gincana electoral diseñada por Alberto Núñez Feijóo que continúa sin digerir el shock de no haber conseguido alcanzar la presidencia después de las elecciones generales de 2023. En Aragón después del 8-F, Vox reclamará proporcionalmente a sus resultados departamentos potentes y partidas presupuestarias previamente cerradas.
En el PP estaban avisados. El cocodrilo del “Tic, Tac” ya se había comido al centroderecha en Francia y en Italia, y está amenazando con hacerlo en el Reino Unido, en Alemania y en Portugal. En la segunda vuelta de las presidenciales portuguesas, que coincidieron con las elecciones en Aragón, fue el líder de la extrema derecha, André Ventura, el que compitió con el candidato socialista, Antonio Seguro. El candidato del PSD, el equivalente al PP, había quedado el quinto en la primera vuelta a pesar de que el líder de su partido, Luis Montenegro, es el primer ministro del país.
El candidato socialista arrasó en la segunda vuelta con el 67 por ciento de los votos pero Ventura, admirador del dictador Salazar, alcanzó el 33 por ciento de los votos, un porcentaje que le acerca al liderazgo en el espacio de la derecha. Lo diferencial, y esto es lo más importante, es que líderes del centroderecha, como ex presidente de la República Aníbal Cavaco Silva y el alcalde de Oporto, Pedro Duarte, pidieron el voto para el candidato socialista. La centralidad. La prevención frente al extremismo. Ursula von der Leyen: “La voz de Portugal en defensa de nuestros valores europeos compartidos sigue siendo firme”.
Por contra, en España y en Aragón el PP se está mimetizando cada vez más con Vox (inexplicable lo de Vito Quiles y Los Meconios en el cierre de campaña) y el PSOE de cara a las elecciones generales parece sentirse cómodo y hasta ridiculiza la dinámica de Feijóo, pese a la alarmante pérdida de debate interno, de poder y de liderazgos en los territorios.
Ni unos ni otros se están dando cuenta de que los electores los están castigando por la bronca diaria, que insensibiliza la gestión que beneficia a los ciudadanos, y por la falta de acuerdos en las grandes cuestiones de Estado. Con alguna ejemplar excepción como la de Andalucía tras la tragedia ferroviaria de Adamuz. Cuanto más se alejan de la centralidad/moderación, el PP y el PSOE más cerca tienen al cocodrilo del “Tic,Tac”, más engordan a Vox. Y, en el caso de los socialistas, abren el abanico para que opciones territoriales con un liderazgo fresco, como el de Chunta, sean bien recibidas por los electores mientras que otra histórica y zalamera con el Poder, como el Par, se queda sin representación parlamentaria después de 43 años de autonomía.