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ARAGÓN

El tamaño importa: son industrias, no granjas

Jaulas de gestación de cerdos en Virginia, EE UU. Wikimedia

A quien haya tenido contacto con ese sencillo manual de sentido común de 1973 que es “Lo pequeño es hermoso” de E. F. Schumacher, le sonarán las razones con las que el Tribunal Superior de Justicia de Aragón acaba de tumbar, en una sentencia de nueve páginas de recomendada lectura para quien se preocupe por la supervivencia del medio rural y la protección de su medio ambiente, una explotación porcina en zona protegida. Sentencia que evita que una mal llamada granja se instalarse en pleno Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara, no porque fuese lógico que en un espacio protegido pintan poco seis naves con 1.140 cerdas reproductoras más lechones, 1.200 cerdas de recría y 330 plazas de reposición con la consiguiente balsa de 10.000 metros cúbicos de purín (que no estiércol ni abono), ya que de hecho fue un juzgado de Huesca en primera instancia quien sostuvo que al no estar prohibido explícitamente debía permitirse (sic).

El Tribunal Superior entiende que “Lo que se pretende autorizar ahora no es propiamente una actividad agro-ganadera, sino una industria, una explotación en sí misma”. Lo extirpa además de lo que sí hubiera estado permitido, al considerarse la ubicación dentro del parque pero tratándose de una zona más antropizada, como “industrias y actividades artesanales […] de carácter tradicional”. Ni actividad agro-ganadera ni carácter tradicional. Y estas dos consideraciones son fundamentales, no solo porque reconocen la capacidad de lo cuantitativo para definir lo cualitativo, algo que va más allá de aquello de que en la dosis está el veneno, ya que da a entender que cuando pasamos de escala podemos dejar de hacer más de lo mismo para pasar a hacer otra cosa distinta. En este caso, dejar de ser ganadería y convertirse en industria, una industria que paradójicamente está terminando con la ganadería, la de verdad, y con el ganadero, aquel que lleva a cabo una actividad acorde al medio, para dejar a su paso endeudados al modelo de negocio que controlan las financieras de la propia industria. Por otra parte, y como consecuencia, termina también con la idea que ha sido bandera tanto de la publicidad como de las organizaciones afines sobre presentarse como la mejora de un sector tradicional al que ya nada se parece.

El “cuanto más, mejor” es un mantra asociado al progreso desde la revolución industrial, cuando ni la contaminación ni los límites físicos del planeta merecían un solo pensamiento que pudiera entorpecer su despliegue. Ni siquiera cuando Jevons planteó que conforme se perfecciona la tecnología para aumentar la eficiencia con que se usa un recurso, lo que sucede en realidad no es que su consumo disminuya, sino que aumente críticamente. A aquello la ortodoxia respondió con un “algo inventarán”. Hoy la ciencia, la conciencia y, aunque con lentitud, también las leyes y sentencias se han encontrado con la evidencia de que nada (físico) es infinito; los límites han aparecido y con ellos la responsabilidad. Ya no es tolerable dejarse llevar por un progreso acientífico, ciego, acrítico y sobre todo cobarde, que más que avance es una huida hacia adelante.

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Para la derecha todo vale

El líder del PP, Pablo Casado, y la portavoz de la formación, Cayetana Álvarez de Toledo, durante la segunda votación de investidura de Pedro Sánchez

Finalmente, tras una sesión de  investidura con la sorpresa del cambio de voto de la representante de Coalición Canaria, Ana Oramas, el fantasma del Tamayazo sobrevolando, y en la que las derechas han demostrado su escaso sentido democrático y su inquebrantable voluntad de bloqueo, ha sido investido Pedro Sánchez como Presidente del Gobierno. El Gobierno de coalición comienza su andadura.

El programa presentado por Sánchez, puede dar la vuelta -o paliar en parte- a la pérdida de derechos y libertades y el incremento de las desigualdades causados por los gobiernos de Rajoy. El flanco débil está en las fuentes de financiación. La mayor fuente del incremento de ingresos previstos dependerá del éxito de las medidas antifraude -la subida del IRPF a las rentas más altas no cubre ni de lejos el aumento presupuestario asignado a las políticas sociales- y la lucha contra el fraude no ha sido, hasta ahora, muy exitosa en España. Y una ralentización en el desarrollo de las políticas sociales, en buena parte dependientes de UP, puede generar  importantes tensiones entre los socios de gobierno.

Aunque espero que la exhibición pregolpista de la extrema derecha, la derecha y, como alguien dijo, la derecha menguante, sea capaz de soldar las posibles fracturas de los socios de gobierno y de consolidar y ampliar los apoyos recibidos en la investidura. Porque la cosa ya no va solo de luchar contra la desigualdad, de garantizar unos mínimos de subsistencia o de ampliar derechos, se trata de consolidar la democracia, de respetar la voluntad de la ciudadanía y de buscar marcos de convivencia entre los diferentes.

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Me importa un comino

Comino. Robert Bentley y Henry Trimen. Wikipedia

Cuando algo te importa poco o nada se suele decir: ‘me importa un comino’. Es una expresión habitual, popular, conocida por todos, que puede servir hasta para zanjar una conversación. Algunos más deslenguados emplean ‘me importa un huevo’ o ‘un pito’. A veces se utiliza ‘me importa un pimiento’.

Se escucha mucho ‘me importa un bledo’. También se emplea el rábano, el pepino y otros frutos y hortalizas. Resulta que el bledo es una planta de tallos rastreros. Y 

Hoy al mediodía, antes de la votación de investidura del ya presidente Sánchez, Montserrat Bassa, diputada de ERC ha dicho en la tribuna del Congreso que “la gobernabilidad de España le importa un comino”. Ha llamado tanto la atención su afirmación que todos los grandes periódicos digitales de España lo han reflejado inmediatamente de forma destacada. Mañana seguro que veremos la cita del comino de la diputada en muchas portadas de la prensa escrita, que últimamente refríe más que nunca lo digital.

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Nacionalistas pueblerinos

Tomás Guitarte, diputado de Teruel Existe.

Ruido y furia para tumbar la investidura de Pedro Sánchez y el primer gobierno de coalición de la izquierda en la reciente historia democrática respaldado por el PNV y apoyado por otras fuerzas nacionalistas y territoriales.

La de Sánchez es la única candidatura viable para salir del bloqueo de meses y la propuesta de Gobierno, arriesgada, muy arriesgada por descansar la estabilidad de la legislatura en ERC, una oportunidad para el diálogo entre la España madrileña, las fuerzas independentistas y esa España periférica plural, muy plural, y sensata, muy sensata, de la que tendrían que aprender los líderes políticos nacionales, algunos medios de comunicación con sede en Madrid y los creadores de opinión que se consideran el ombligo del Estado.

Alguno de ellos calificaban hoy de nacionalismo pueblerino y cantonal el de Teruel Existe. Así se simplifica desde la Puerta del Sol el conocimiento de una provincia y de un movimiento ciudadano con 20 años de trabajo, reivindicaciones y movilizaciones, por parte de uno de esos periodistas que ha perdido foco e influencia en los últimos tiempos, de uno de esos periodistas de mirada elitista que conocen poco y mal la España que late y desprende autenticidad fuera de los centros de poder de Madrid.

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España

Rosalía de Castro

El debate de investidura nos ha traído la realidad de muchas Españas, visiones diversas de un país que fue árabe y romano, con legado celta, que expulsó a los judíos y se crucificó en una guerra civil que sigue siendo una herida abierta, insoportable; una herida que no termina de curarse, porque los resquicios de tanta brutalidad lanzan sus aullidos que retumban desde las fosas comunes y desde las cunetas sin nombres ni flores. Somos la respuesta a las preguntas que otros formularon y que dejaron sin responder por miedo a la inmediatez de una dictadura, al sonido aterrador de las balas, al recuerdo frío de los últimos muertos y al tacto simétrico de un alma helada. Y así esa España plural y diversa, esa España hecha de pueblos con sus identidades y sus propias culturas ha ido avanzando en democracia a lo largo de cuarenta años, se ha ido construyendo a sí misma y en vísperas de revoluciones, que nunca llegaban, se ha hecho mayor. No hay peor sensación que la de acabar admitiendo que todo es tan confuso y arrebatadamente mediocre e insultante, que lo que dicen los diputados en sus sillones de corte sucede en otro sitio, fuera, como el barro en los días de lluvia, mientras nosotros nos cuidamos en casa y mantenemos la puerta cerrada y el timbre blindado para que nadie pueda romper nuestra paz, que es esa cotidiana manía de que no pase nada. Nunca. Pero las cosas pasan y las voces se alzan y mientras una España mira al futuro, incierto por supuesto, pero siempre futuro, la otra España se ha quedado colgada en el recuerdo de un tiempo donde las mujeres eran el reflejo de sus madres viviendo en cocinas encerradas y oscuras, una España colgada en el recuerdo de creerse única y a salvo, colgada en el recuerdo gris de hombres disponiendo qué es lo bueno y qué lo malo, colgada en el espejo de un país que no quiere conocerse para de esa forma jamás entenderse y nunca avanzar y seguir anclada en un pasado donde la tuvieron prisionera y cautiva.

Pero la historia de esta España nuestra, que lo es le pese a quien le pese, no es la historia de adjetivos repetidos hasta la saciedad, buscando insultar con el simple recuerdo. España, además de ser única, grande y libre, adjetivos que una y otra vez han sido usados como lema y arma para acorralar y estrangular al contrario, es mucha más cosas, infinidad de colores y matices de los que me siento muy orgullosa. España es Mediterráneo, es luz, es Rosalía de Castro, es Unamuno, es Goya, es Monte Perdido, es tacita de plata, es Malasaña, es Gernika, es lucha, es esperanza y sobre todo lo que más me gusta de ella es la forma tolerante y sabia con la que poco a poco, a veces con excesiva demora, ha ido nombrando y aceptando que el futuro es nuestro único compromiso como pueblo y que como pueblo debemos abrazarlo con diálogo, tolerancia, esperanza y ternura. Lo visto y oído los pasados cuatro y cinco de enero en el Congreso de los Diputados me llevan a pensar que España es mucho más sabia que muchos de nuestros representantes políticos, es infinitamente femenina, sabe escuchar sin insultar, reconoce su pasado y el dolor que se encierra entre sus páginas y por eso busca estrechar lazos que no sean ni de desprecio ni de odio, sino de respeto y de lucidez y que nos alejen definitivamente de los delirantes gritos de quienes se creen que España es suya y nosotros, sus necios siervos. No le demos la razón a Rousseau: el hombre no puede ser solo un animal enfermo.

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Un tontolaba

Adolfo Suárez Illana, del PP, se gira en su escaño, durante la intervención de la portavoz de EH Bildu en el Congreso, Mertxe Aizpurua.

Tontolaba es una palabra redonda. Si fulano es un tontolaba, no hace falta decir nada más. No conozco un adjetivo mejor para expresar de forma contundente la estupidez de alguien, la falta de valía y la cretinez. Forges la empleó en alguna ocasión, pero la escribía con hache: “Tus padres son unos tontolhabas”, diagnosticaba al niño el médico, mientas sus padres escuchaban en segunda fila. Se  puede encontrar también separada: ‘tontol haba’. Y sin contracción: ‘tonto del haba’.

Parece ser que tontolaba proviene del roscón de Reyes. Como es sabido, todo roscón debe llevar un regalo y un haba. El que en su trozo de roscón encuentra el regalo es coronado. Mientras que debe pagar el roscón quien se topa con el haba.

Así que no se puede considerar que tontolaba sea un insulto, más bien se podría comparar con el ‘pagafantas’ o con el marisabidillo, que muestra su enojo infantil cruzando los brazos y apretando los labios para manifestar su desacuerdo. Un tontolaba que no quiere participar y prefiere, en lugar de escuchar y conversar, mostrar su enojo haciendo un teatrillo para que todos vean que está allí y no pasar desapercibido. Lo mismo que hacen los niños mimados para llamar la atención. Los críos que hacen eso no son tontolabas, pero un señor de 55 años, que cobra por ser secretario cuarto de la mesa del Congreso de los Diputados, no es un niño.

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Romper los bloques ideológicos

Toni Roldán en una imagen de archivo. EFE

“Por cierto: ¿Os acordáis de los 180 diputados de PSOE y Cs? Ojalá todos los “patriotas” que ahora echan fuego por la boca hubieran entonces defendido con el mismo énfasis un acuerdo por el centro”. Es el tuit que escribió el exdiputado y exportavoz económico de Ciudadanos, Toni Roldán, la mañana del pasado 31 de diciembre.

Un tuit que, redactado por quien estuvo en el centro de mando de Ciudadanos, deja entrever que a Pedro Sánchez, sin que entonces sonaran las trompetas del Apocalipsis ni nadie lograra convencer al que acabaría electoralmente destrozado Albert Rivera, se le cerraron las puertas de un gobierno de socialistas y de liberales. Liberales trufados de nacionalistas, o nacionalistas trufados de liberales.

Como tampoco hay alternativa a Sánchez, que encabezó la lista más votada por los españoles en las dos últimas elecciones generales de abril y noviembre de 2019, la investidura solo podía pasar por Unidas Podemos, más después del daño innecesario que con la repetición de las elecciones se hicieron las organizaciones de la izquierda, incluida Más País-Equo, y por los nacionalistas independentistas de Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) y peneuvistas, las dos fuerzas mayoritarias en sus respectivos territorios en las elecciones del 10-N, y por las formaciones territorialistas a los que, y esto hay que recordarlo a diario, los ciudadanos votan y legitiman libremente.

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¿Qué narices es una nacionalidad histórica?

Boletín Oficial de Aragón del día de la publicación de la Ley de Actualización de los Derechos Históricos de Aragón.

El Tribunal Constitucional acaba de tumbar buena parte de los artículos y disposiciones de la Ley de Actualización de los Derechos Históricos de Aragón, aprobada en el parlamento autonómico y recurrida en el Congreso de los Diputados por el Partido Popular. De entrada, los aragoneses habremos de recordar  en las urnas quién pone el recurso y con qué intereses.

Varios historiadores aragoneses de reconocido prestigio consideran que la sentencia está politizada y constituye un atropello para Aragón. En cambio, varios constitucionalistas de la Universidad de Zaragoza, no menos significados que los anteriores, consideran que el Tribunal Constitucional ha obrado correctamente paralizando una ley que era “un chandrío”. Encontramos, pues, opiniones muy polarizadas entre gente sensata, cualificada y defensora de esta tierra. No se está juzgando la historia de Aragón, ni que las cuatro barras rojas sobre fondo amarillo del escudo español simbolicen al Aragón histórico. Se juzga el encaje constitucional de unos derechos defendidos por una nacionalidad no considerada “histórica” en la Carta Magna de 1978. Y esos derechos brillan por su ausencia en la Constitución. Es hora de reformarla, también por esta razón, porque se tiene por importuno al que pide cosas justas. ¿Quién le pone el cascabel al gato?

Todos los pueblos, con sus respectivos territorios, tienen su historia. Son históricos en sentido estricto. Ahora bien, la idea y el concepto de nación, como tales, no existían antes de la Revolución Francesa, aun cuando los nacionalismos utilicen siempre un enorme caudal de referencias históricas anteriores (medievales, celtas, íberas…) para acarrearlas hasta el presente y legitimar sus posiciones. La historia siempre ha sido un requisito importante para alcanzar la condición de nación. Cuanto más antiguas en el tiempo sean las referencias históricas, mejor. Todo sirve, incluso la invención de la tradición, para certificar la supuesta existencia de la “comunidad imaginada”, que pasa automáticamente de la fantasía al argumentario político sobre la base de una esencia nacional histórica que se desarrolla a lo largo de los siglos.

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Y nos gritemos Aragón

Nos encerraron en extensas praderas cercadas por cintas electrificadas y como teníamos miedo de que sus descargas dañaran nuestra piel e incluso nos pudieran provocar la muerte, aprendimos a ser ordenados, a movernos en una única dirección, a no levantar la voz, a seguir rigurosamente y en orden el tiempo que era el de la comida, el tiempo que era el del ocio, el que era el del sexo, el que era el del trabajo e incluso también ordenamos, dentro de un reloj que otros habían configurado para nosotros, el tiempo que era el de la libertad y el de nuestra historia, que no era más que la historia que otros habían escrito para que nosotros continuáramos autistas en la precariedad de los pensamientos más simples, de las reflexiones que ya no inquietan porque no llegan ni siquiera a ser reflexión. Y así consiguieron que la impotencia fuera tal que ya no buscábamos cimas que coronar, ni ríos que abordar, ni ciudades que descubrir, ni voces que nos dijeran cosas distintas, ni hombres ni mujeres diversos que supieran desdibujarse en la frondosidad de los caminos, que ya no caminábamos por miedo a ser distintos, por miedo a ser criticados, por miedo a ser excluidos. Por miedo a no ser queridos.

Y un día, sin casi darnos cuenta, descubrimos que lo que pensábamos que era remoto y pretérito nos acosaba desde todos los discursos y nosotros que habíamos sido adalides de la libertad, del socialismo, del aragonesismo que entroncaba con la realidad que a veces era cierzo, otras nieve, otras agua, otras desolación, otras progreso, otras montaña, otras pantano, otras dolor, otras sueño, otras lucha fuimos conscientes de que habíamos vivido demasiado tiempo cercados y con miedo y sin darnos cuenta habíamos presenciado el fallecimiento de nuestra propia historia. Y ahora el cercado es cada día más alto y por mucho que gritemos la verdad, esa que no necesita flores porque no precisa ser disfrazada, ya casi nadie nos escucha y solo deseo que nos hagamos sabios, viejos y bestias y nos gritemos Aragón en todas sus letras y en toda su historia. Y en toda su enorme hermosura de la que somos pasado, presente y futuro.

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Leguineche

Viajé a Brihuega el lunes 11 de julio de 1999 para conocer a Manu Leguineche. Me acompañó Pablo Segura, un fotógrafo amigo. Llegamos al mediodía y charlamos con el periodista más de dos horas en el patio de la “Casa de los Gramáticos”. Luego nos fuimos a comer a un pueblo cercano y, al despedirnos por la tarde, Leguineche me regaló un libro dedicado: “A Fernando, con un abrazo grande, y el recuerdo de vuestro paso por Bri”. En realidad, habría sido suficiente con una conversación de una hora. Fui a entrevistarlo para Ciberpaís, el suplemento de tecnología de El País, donde yo hacía entonces unas entrevistas de dos o tres folios a doble espacio, como mucho. Quería conocer a Leguineche y no me importó echar el día para una faena de una hora.

Han pasado veinte años, pero he recordado ese encuentro estos últimos días leyendo la biografía ‘Manu Leguineche. El jefe de la tribu”, de Víctor López, que ha publicado recientemente Ediciones del Viento. Al terminar de leerla, reconozco que me ha atrapado la melancolía. La vida de Leguineche es la de un pura sangre del periodismo. Un buen tipo que ejerció de vasco queriendo y de maestro del periodismo sin querer. Pero fue maestro de un periodismo que forma parte del pasado y que nada tiene que ver con lo que se está haciendo en los medios de comunicación en la actualidad. Leguineche ejercía el periodismo que caminaba en busca de la noticia. Ahora, las cosas han cambiado tanto que es la noticia la que camina hacia las redacciones.

“El periodismo es sacrificio, y el que quiera hacerse millonario que se dedique a otra cosa”, decía Manu a un grupo que era, según cuenta su biógrafo, “un especie de club de amigos que trabajaba sin horarios, a destajo y por pura vocación”. Era su época de Colpisa, una agencia que ahora es propiedad del grupo Vocento.  Cuando Leguineche, según explica Víctor López, entraba en la redacción y la veía demasiado poblada, preguntaba: “¿Qué hacéis aquí, en lugar de estar dónde pasan las cosas?”.

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