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Azcón, Chueca y el Real Zaragoza: de rascar votos a la espantada ante una crisis histórica

20 de mayo de 2026 22:50 h

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Si la sombra de Agapito Iglesias se cernió sobre el PSOE aragonés la década pasada, la figura de Jorge Mas –flanqueado por Joseph Oughourlian, Mariano Aguilar y el sempiterno Juan Forcén– promete hacer lo mismo con el PP aragonés, y en especial con Jorge Azcón y Natalia Chueca. Si hace no mucho alardeaban del proyecto deportivo y trataban de rascar votos dentro de La Romareda –aupados por la anterior propiedad–, ahora la espantada de ambos del palco de autoridades es tan llamativa como histórico el descalabro del club, abocado al descenso al fútbol semiprofesional. Una situación crítica que tendrá unas implicaciones en el pago por el nuevo estadio –más de 150 millones de euros públicos comprometidos hasta el momento– aún difíciles de calibrar.

El aficionado zaragocista guarda ya en la retina varias fotos para el recuerdo (negativo), pero una sobresale al resto: la del 23 de mayo de 2019, apenas a tres días de las elecciones municipales. Ese jueves, el entonces candidato por el PP Ayuntamiento de Zaragoza, Jorge Azcón, recorrió el césped de La Romareda junto con el ahora expresidente del club, Christian Lapetra, y el exvicepresidente, Fernando Sáinz de Varanda, para presentar su proyecto de nuevo estadio. Una utilización electoralista del Real Zaragoza, amparada por la propiedad –entonces, con César Alierta como máximo accionista–, que ya despertó fuertes críticas del resto de los partidos. En el colmo del absurdo, la sociedad anónima deportiva se vio obligada a sacar un comunicado de descargo y a recibir al día siguiente al cabeza de lista de Demos Más a la Alcaldía, Raúl Burillo.

Así empezó la historia con el club blanquillo de Jorge Azcón, a quien de manera progresiva se iría uniendo Natalia Chueca. Al menos la historia pública, porque la privada venía de antes, con un nombre destacado: el constructor Juan Forcén, amigo íntimo del dirigente aragonés e hilo conductor del consejo de administración del Real Zaragoza SAD desde el final de los tiempos de Agapito Iglesias. Hijo del histórico del PAR Isabelo Forcén, el empresario fue el principal responsable de traer a la capital aragonesa los inversores que ahora han llevado a un club histórico al borde del precipicio deportivo.

Unos inversores con nulo arraigo en la ciudad y en la sociedad aragonesa, vinculados en exceso al Atlético de Madrid y cuya cabeza visible, el millonario cubanoamericano Jorge Mas, es el presidente más invisible del fútbol profesional. Tanto que vive al otro lado del Atlántico, que apenas ha pisado el club y que está más pendiente de su equipo en Miami, con Messi al frente, y de arbitrar la reconquista de Cuba por parte de Donald Trump desde la Fundación Nacional Cubano Americana.

Junto a Mas aparece el máximo accionista del grupo Prisa, Josep Oughourlian, también principal propietario del club aragonés a través de la sociedad Gloval Tavira.

Ninguno de ellos dio la cara el pasado domingo en el Ibercaja Estadio, donde el Real Zaragoza cosechó una humillante derrota por 1-3 frente a un Sporting de Gijón que llegaba de vacaciones. Tampoco estuvieron el presidente Azcón o la alcaldesa Chueca, quienes han sido habituales cuando el viento soplaba a favor. Curiosamente, el único representante político de peso en el palco fue el presidente de la Diputación Provincial de Zaragoza, Juan Antonio Sánchez Quero. “El señor Azcón y la señora Chueca son especialistas en aparecer para la foto cuando las cosas van bien, pero cuando llegan las dificultades se esconden y abandonan a la afición zaragocista”, afeó el lunes su número dos en la DPZ, Teresa Ladrero.

'Esta ruina empezó en los despachos', se podía leer en el campo de fútbol el domingo y también en redes sociales. Así, gran parte de la desastrosa mochila que arrastra el Real Zaragoza se atribuye al empresario soriano Agapito Iglesias, propietario en la etapa del socialista Marcelino Iglesias –a quien se ligó desde el primer momento– y que protagonizó una etapa marcada por la polémica, con procesos judiciales por supuesta compra de partidos que quedaron en nada y por un descenso a Segunda División pese a tener el presupuesto más alto de la historia, con una plantilla planificada para luchar por acceder a la Liga de Campeones: la deuda arrastrada por ese descalabro y los desmanes posteriores aún no se ha terminado de enjugar, quince años después.

A Iglesias le sucedió la Fundación 2032, con César Alierta al frente y otros empresarios aragoneses a su lado, Juan Forcén entre ellos. Pese a que consiguieron librar a la sociedad anónima deportiva de la liquidación y redujeron la deuda a través de un concurso de acreedores, los resultados sobre el césped fueron mucho más mediocres y no solo no se logró el ascenso, sino que la deriva fue cada año peor.

Ocho años después, a finales de 2022, llegaron los actuales propietarios, que no se han podido desembarazar de las sospechas de haber desembarcado en Zaragoza con un único fin: sacar rédito de la construcción del nuevo campo. El propio Jorge Mas está haciendo lo mismo en el Atlético Miami. Y como evidencia sólida aparece su cercanía al poder político del PP en Aragón, de nuevo con un enlace conocido: Juan Forcén.

De la mano de Azcón y Chueca, los propietarios del Real Zaragoza SAD han ido dando pasos para levantar la nueva Romareda. Un paso tras otro, todos en apariencia orquestados. Ni un euro iba a costar a las arcas públicas, según dijeron ambos dirigentes populares. Entonces la propiedad del club alegó que 40 años de explotación del campo, como se estableció en un principio, no eran suficientes, y el PP aceptó aumentarlos a 75 a través de la figura del derecho de superficie. Podemos recurrió al Tribunal Administrativo de Contratos Públicos de Aragón (TACPA) y logró paralizar provisionalmente el proyecto en junio de 2023, pero el Tribunal Superior de Aragón revirtió esta decisión en menos de un mes. Pese al breve lapso temporal, el Real Zaragoza SAD arguyó que la inseguridad jurídica creada le obligaba a renunciar a la construcción: esto sirvió de excusa por un lado para que entrara capital público a través de una sociedad mixta –con un socio privado elegido a dedo–, y por el otro para que Azcón y Chueca hayan atribuido desde entonces esta circunstancia a “la oposición”. El círculo se cierra.

O no, porque los problemas no han dejado de agravarse. El coste para las arcas públicas del nuevo estadio ha ido aumentando al mismo tiempo que se reducía la aportación privada: el Real Zaragoza incumplió con los 6,8 millones de euros que debía desembolsar en 2024, lo que obligó a reprogramar el calendario de pagos, y esperó hasta última hora para aportar los 10 millones comprometidos para el año pasado.

Las consecuencias económicas del descenso

Como recuerda la Cámara de Cuentas de Aragón en un reciente informe, la “viabilidad” de la sociedad La Nueva Romareda “está garantizada en la actualidad por la aportación de los dos socios públicos”, el Gobierno de Aragón y el Ayuntamiento. Pese a esto, la propiedad del club seguirá pudiendo explotar el nuevo estadio en forma de eventos deportivos y musicales. La entrada de Vox en la sociedad, sin embargo, ha obligado al PP a adoptar una posición más vigilante, y la alcaldesa ya ha recordado más de una vez que el pacto parasocial suscrito a tres bandas fija una penalización en caso de incumplir con los pagos: de aplicarse las cláusulas correspondientes, la sociedad anónima deportiva se quedaría sin los beneficios de la mencionada explotación.

Y ahora llega el escenario del más que posible descenso, lo que también tiene implicaciones directas. En primer lugar, porque el pacto parasocial establece unas aportaciones anuales menores para el club en Primera RFEF: el canon fijo baja de 1,1 millones a 275.000 euros, un 75% menos. A cambio, el Real Zaragoza recibiría menos dinero de Ibercaja en concepto de 'naming': de un millón de euros a 500.000 en la tercera categoría del fútbol español, diferencia que tendría que devolver porque la entidad bancaria ya transfirió el total de 10 millones comprometido. Pero la incógnita más importante es si la drástica reducción en los ingresos televisivos y por entradas puede afectar al compromiso de los máximos accionistas con el nuevo cambio. Porque el cronograma para la sociedad anónima deportiva con La Nueva Romareda, como se ha dicho, se mantiene y es claro: 5 millones este año, 12 millones en 2027 y 7 más en 2028, hasta un total de 24 millones de euros. La consecuencia de no pagar a tiempo: el Real Zaragoza SAD se quedaría sin los ingentes ingresos por la explotación del campo durante los próximos 75 años.