“La prevención de la violencia filio-parental debería empezar de los 3 a los 6 años”

María Jesús de Mur Larramona.

¿Están aumentando los casos de adolescentes o menores violentos con la pandemia?

Nosotros no estamos viendo un incremento desde la pandemia: tenemos un número de casos similar al de otros años. Desde la Fundación sí hemos detectado que durante la pandemia ha habido muchas situaciones que han aflorado, que ya estaban ocultas dentro de la vida familiar y que, al integrar a todos los miembros en el mismo domicilio durante tanto tiempo, la convivencia familiar ha afectado más que en otros periodos en los que hemos vivido con más libertad. De todas formas, no detectamos solo casos de violencia familiar, sino también problemas de convivencia familiar en general. Nos encontramos con familias que ya no tienen el perfil clásico exclusivamente: monoparentales, monomarentales, solteros con hijos, familias reconstituidas con una nueva pareja que han creado un nuevo hogar familiar, con lo que todo eso supone para las relaciones entre los hermanos y la relación con los nuevos familiares… Hay también familias adoptivas y acogedoras que hacen demanda de este servicio de terapia familiar porque se encuentran con dificultades que se pueden dar en el seno familiar ante las nuevas circunstancias que se crean.

¿Cómo suelen afrontar estos problemas las familias? 

Cuando una familia experimenta cualquier periodo de crisis o de dificultad, que puede ser dada por causas internas o externas y prolongarse más o menos en el tiempo, cada vez más estamos viendo cómo desde los centros educativos, desde las unidades de salud mental infanto-juvenil, desde los centros de salud, desde los hospitales... la tendencia es a trabajar rápidamente con la familia y a prevenir para que la situación no llegue a problemas más complejos. Entonces, si se derivan estos problemas a dispositivos como el nuestro, de terapia familiar, se pueden plantear soluciones para fortalecer a la familiar y evitar que esa crisis que está empezando pueda agravarse, para que la situación no vaya a más.

¿Surgen resistencias entre algunos padres o madres que no quieran ver el problema?

Tenemos que decir que estamos muy agradecidos de la implicación de las familias porque nuestro trabajo no se centra solo en el síntoma del menor o de la persona que viene a solicitar apoyo, sino en todo el sistema familiar. Nos encontramos con una actitud muy positiva por parte de las familias para trabajar en equipo, todos juntos. Se trata de trabajar las actitudes y las conductas que han provocado llegar a ese punto de violencia o de desentendimiento familiar. La diferencia de la Fundación Adcara es que es un trabajo sistémico: se trabaja con toda la familia, colaborando también con colegios, institutos y centros de salud, intentar encontrar soluciones globales.

¿Son chavales que habían ido dando otros problemas antes de llegar a las situaciones de violencia? 

Si nos centramos exclusivamente en la violencia filio-parental, recomendamos que haya un trabajo preventivo. Siempre decimos que nuestro trabajo tendría que empezar desde la base, desde la detección en los centros educativos, en las edades de 3 a 6 años, para no tener que implicar a estos niños y padres en situaciones de denuncias con la Fiscalía de Menores o con la justicia y poder fortalecer a la familia cuando los síntomas se estén dando en la base. Se puedan detectar desde un pediatra, un colegio en Infantil, en Primaria... no hay que esperar a Secundaria para empezar a trabajar. Es mejor hacerlo desde un punto de vista más preventivo y conseguir soluciones que nos eviten encontrarnos después con problemas de violencia filio parental muy delicados que al final acaban judicializándose.

Habla detectar los problemas desde sólo 3 ó 6 años, ¿qué debería hacer sonar las alarmas en esas edades tan tempranas?

Ya se pueden ver conductas difíciles en los centros educativos por parte de los niños. Se pueden ver problemas emocionales, de convivencia entre iguales, de convivencia con las figuras de autoridad... Estos serían los síntomas que nos harían pensar que podríamos tener ante nosotros una situación delicada. Al menos, nos tiene que mover a sentarnos a hablar con los padres y ver qué está pasando en la parte familiar para que este niño esté teniendo estas conductas en el aula. Muchas veces nos encontramos con familias que se están separando o se acaban de separar y son aspectos que los centros educativos o los pediatras desconocen. Pero en estos niños, al encontrarse en el domicilio con estos cambios tan alarmantes y tener tanta vulnerabilidad, normalmente se puede ver cómo sus actitudes y sus conductas en el medio educativo cambian radicalmente. Esto implica que tenemos que lograr que se gestionen bien las separaciones, que se aborden bien los divorcios para que, conjuntamente, esa gestión lleve a que las conductas y los comportamientos de los niños sean lo más normalizadas posibles.

¿Es frecuente que los casos de violencia filio-parental tengan su origen en un divorcio mal gestionado?

Podría pasar, sí. En muchas ocasiones nos encontramos con mucha falta de comunicación en el domicilio familiar. Lo más importante es la comunicación. Aunque haya que adaptarla a la edad de los niños y niñas o adolescentes que están sufriendo esas separaciones de sus padres, es fundamental que los padres comuniquen y den la información adecuada de ese periodo de crisis que están viviendo ellos en pareja. Si eso no se hace así, podría ser un desencadenante que lleve a que estos niños o adolescentes tengan un problema de control, de actitud, de comportamiento y que eso pudiera con el tiempo ir a más.

¿Qué otras causas pueden llevar a estos comportamientos?

A veces, ocurre tras duelos de niños por el fallecimiento de algún familiar muy, muy cercano, sobre todo, en este periodo de pandemia. De hecho, hemos editado un cuento, que está colgado en la página web de la Fundación Adcara (https://adcara.org/), para trabajar con ellos esta separación que tienen que sufrir de los familiares que han perdido. También nos encontramos con niños que abusan de las nuevas tecnologías, pero no ocurre solo en los niños: también en adolescentes y adultos. Es decir, son niños que copian de los adultos el abuso de las nuevas tecnologías. Ahora mismo, hay estudios que señalan que los niños de Secundaria dedican más de cuatro horas diarias a las redes sociales y a las nuevas tecnologías. Entonces, tratar el abuso de las nuevas tecnologías también es algo que se nos está demandando muchísimo, por parte de padres que no consiguen limitar el abuso de sus hijos adolescentes de móviles, ordenadores y tablets. Necesitan estrategias para llevar un control más adecuado del uso de estas tecnologías.

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