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Veranos en los Pirineos casi cinco grados más cálidos: un proyecto pronostica los cambios climáticos a final de siglo

Vista desde el macizo de La Munia, en el valle de Bielsa.

ElDiarioAragón

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Los Pirineos podrían registrar a finales de siglo temperaturas de verano cerca de cinco grados superiores a las del periodo 1985-2015, en un escenario de emisiones muy probable intermedio-alto, mientras que los datos observados muestran que el calentamiento se está intensificando especialmente entre los 1.500 y los 2.200 metros de altitud, donde las temperaturas máximas han aumentado 1,8 grados y las mínimas 2,1 grados en los últimos 24 años.

Las nuevas proyecciones apuntan además a una disminución de las precipitaciones, especialmente durante el verano, con un déficit medio esperado cercano al 15%. A este escenario se suman cambios ya detectados en el manto nivoso, con pérdidas desiguales según altitud y macizos y un incremento significativo de las sequías de nieve. Estos son algunos de los resultados y avances presentados este lunes en las 'Jornadas técnicas sobre escenarios climáticos y adaptación territorial en los Pirineos: primeros resultados del proyecto LIFE Pyrenees4Clima', que se celebran los días 21 y 22 de septiembre en Vall de Núria y a las que acuden cerca de 90 expertos de diferentes ámbitos.

El proyecto –que cuenta con 47 entidades socias en todo el Pirineo– está liderado por el Observatorio Pirenaico del Cambio Climático (OPCC) y busca convertir el conocimiento científico sobre la evolución del clima en herramientas y soluciones concretas de adaptación para los territorios pirenaicos. Estas jornadas han servido para poner en común el nuevo conocimiento y reflexionar sobre como activar su integración en la acción climática.

Durante el encuentro se han presentado resultados y avances en siete ámbitos complementarios: los indicadores de cambio climático de los Pirineos; el calentamiento dependiente de la altitud; la evolución observada del manto nivoso; los nuevos escenarios climáticos de futuro; el análisis a escala de una experiencia demostrativa como la de Vallter 2000; las aguas subterráneas y la infiltración y su relación con la adaptación climática; y la modelización de la disponibilidad de agua y su relevancia para la gestión territorial, agrícola y turística.

“Necesitamos anticiparnos. Conocer cómo está cambiando el clima y cómo puede evolucionar en las próximas décadas es imprescindible, pero el verdadero reto es transformar ese conocimiento en herramientas y criterios útiles para las administraciones, los gestores y los territorios. Los impactos del cambio climático no entienden de fronteras y la respuesta debe construirse en base a la cooperación transfronteriza. En solo dos años, Pyrenees4Clima ha sido capaz de ofrecer ya datos y conocimientos clave para el futuro” de la cordillera, ha señalado la coordinadora del Observatorio Pirenaico del Cambio Climático (OPCC), Eva García-Balaguer. El proyecto, que se inició en 2024 se prolongará hasta 2031.

Déficit de precipitaciones

“Las evoluciones más importantes afectan a las temperaturas a finales de siglo, que podrían aumentar en verano cerca de cinco grados respecto a 1985- 2015 en un escenario de emisiones intermedio-alto. Los cambios son más fuertes a alta que a baja altitud”.

“En materia de precipitaciones, la señal es globalmente a la baja a escala anual y más marcada en verano, con un déficit medio esperado cercano al 15%”, ha expuesto explica el director adjunto científico de Climatología de Météo-France, Jean-Michel Soubeyroux. Estas proyecciones se basan en Euro-CORDEX CMIP6 –las proyecciones climáticas regionales más recientes para Europa, actualmente en fase de difusión–.

En cuanto a las precipitaciones, la señal es globalmente descendente, aunque muy irregular a escala anual, y todavía más acusada durante el verano, con un déficit medio esperado cercano al 15%.

Las proyecciones de futuro se complementan con nuevos datos sobre cómo está evolucionando ya la temperatura en función de la altitud. Los primeros resultados de un estudio del Servei Meteorològic de Catalunya (Meteocat), elaborado con datos del periodo 2002-2025, muestran una tendencia al aumento de las temperaturas máximas y mínimas en las tres franjas analizadas –por debajo de 1.500 metros, entre 1.500 y 2.200 y por encima de 2.200–, con un incremento especialmente intenso en la franja intermedia.

Entre los 1.500 y los 2.200 metros, la temperatura máxima ha aumentado 0,77 grados por década, equivalente a 1,8 grados en 24 años, mientras que la mínima lo ha hecho 0,86 grados por década, hasta acumular 2,1 grados en el mismo periodo.

El comportamiento es todavía más marcado durante el invierno: las máximas han aumentado 2,9 grados y las mínimas 3,1 grados en estos 24 años. “Este fenómeno por el que el calentamiento es más intenso en determinadas franjas de altitud de la montaña está demostrado en diferentes macizos, pero todavía no se había ratificado en los Pirineos. Estos primeros resultados apuntan a que también ocurre aquí y que es la franja intermedia de 1.500 a 2.000 metros la más afectada”, ha indicado explica el técnico del Servei Meteorològic de Catalunya, Pere Esteban.

La pérdida de nieve podría influir en ese mayor calentamiento los investigadores plantean que una de las hipótesis que puede contribuir a explicar este comportamiento es precisamente el retroceso de la cubierta nival.

La influencia de la nieve

La franja comprendida entre los 1.500 y los 2.200 metros coincide precisamente con aquella donde esa pérdida de nieve es más evidente. Por debajo de los 1.500 metros, la presencia de nieve es más escasa y esporádica, mientras que por encima de los 2.200 metros continúa manteniéndose una cubierta más persistente durante el invierno, que puede prolongarse hacia el otoño o la primavera. “Hay que seguir avanzando en el análisis de todos los datos que estamos obteniendo, pero el hecho de que se detecte un aumento superior de temperatura en la zona intermedia apunta a una influencia de presencia de la nieve, ya que es en este intervalo altitudinal donde el retroceso de la cubierta nival es más evidente”, ha apuntado Esteban.

Para profundizar en esta relación, Meteocat ha instalado una estación meteorológica automática en Bonabé, a 1.700 metros de altitud, y ha analizado los datos diarios de las estaciones meteorológicas de la zona correspondientes al periodo 2002-2025.

Además, con el proyecto PYRENEES4CLIMA, se han instalado sensores de temperatura y humedad relativa en dos transectos altitudinales: Bonabé-Moredo, en el Pirineo catalán, y Panticosa-Infiernos, en el Pirineo aragonés, en este último caso por parte del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC).

Situados aproximadamente cada 200 metros, permitirán obtener perfiles verticales entre los 1.500 y los 3.000 metros. El Pirineo occidental, donde más nieve se ha perdido La evolución observada del manto nivoso constituye otro de los resultados destacados del proyecto. El IPE-CSIC ha combinado observaciones directas, modelos alimentados por observaciones y un visor de nieve desarrollado a partir de las imágenes de satélite.

“Hemos detectado un descenso del manto de nieve que varía en intensidad según la altura y los macizos, siendo el Pirineo occidental el que más nieve ha perdido. Las cotas más elevadas del Pirineo han registrado también las mayores pérdidas de nieve. También observamos un incremento significativo de las sequías de nieve en el periodo 1959- 2024”, ha manifestado explica el investigador del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC), Juan Ignacio López Moreno.

En cambio, los trabajos realizados no muestran grandes cambios significativos en las nevadas extremas ni en los episodios de lluvia sobre nieve.

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