El voto rural en Aragón: “Tenemos que votar todos, jóvenes y mayores”

Abrimos la puerta del Colegio Público Ferrer y Racaj del barrio de La Llama, en Ejea de los Caballeros, que cumple 110 años y que nació con espíritu obrero. Allí están llamados a las urnas 786 vecinos y vecinas, y la media de participación supera el 60% a una hora del cierre de urnas.

En la mesa se sienta como presidenta por segunda vez Isabel, que recuerda cómo en la anterior participación estaba en período de lactancia: “Mi pareja trajo al bebé un par de veces para darle de mamar”. Las personas citadas a estar en las mesas electorales pueden solicitar exención en caso de embarazo avanzado y lactancia hasta los nueve meses del bebé.

A la mesa A se acerca Ruth, de 48 años, que regenta uno de los bares al bajar “la cuesta del parque”, dice. Ha vivido en el barrio toda su vida y confiesa que viene a votar por “convicción y compromiso”. Además, para hacer más llevadero el último tramo de la tarde, les ha traído chocolate caliente y churros recién hechos. Los seis miembros de la mesa y algún que otro votante los han cogido de buena gana.

Hasta la mesa B se acercaba a paso lento pero seguro otra Isabel, que a sus 94 años le ha pedido a su hija que la acompañara hasta el colegio electoral. Votante desde las primeras elecciones convocadas en España, no ha faltado a ninguna de las citas: “Tenemos que votar todos, los jóvenes y los mayores”, sentencia a media voz y con toda la certeza y sabiduría de la experiencia acumulada en casi un siglo de vida.

Apostado en la puerta, Manuel lleva toda la jornada en el colegio: “Sólo he salido un rato a almorzar, pero aquí sigo hasta que sea el recuento”. Tiene 24 años y es afiliado al Partido Popular desde hace seis. Ha sido apoderado en todas las elecciones convocadas desde noviembre de 2019. “Con nuestro voto tenemos la oportunidad de cambiar las cosas, y también de quejarnos cuando estamos en desacuerdo con las decisiones políticas que se toman en Aragón”, expresa.

El desencanto se ha instalado entre las capas más jóvenes de la población. Pedro, de 25 años, explica que ha votado desde que ha tenido la oportunidad aunque considera que “seguimos alimentando a políticos que no están a la altura”, lamenta, y asegura haber “perdido la ilusión independientemente de quién salga, sobre todo viendo cómo han ido yendo las cosas hasta ahora”.

Chelo es trabajadora por cuenta propia, tiene 66 años y se jubila el 22 de marzo: “Soy modista y me han alargado la jubilación más de un año desde que cumplí los 65”. En sus últimos meses en activo ha sido llamada a participar en la mesa B del colegio electoral de su barrio: “Nunca antes en mi vida me había tocado, el día se hace largo, pero como experiencia ha estado bien y forma parte de nuestra participación y responsabilidad como ciudadana”.

Una opinión que comparten el resto de votantes que han ido llegando hasta el comedor del colegio de este barrio, que hoy se convierte en la sala donde se convoca a los aragoneses y aragonesas a ejercer su derecho a decidir quiénes serán sus gobernantes.