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Baltasar Garzón

Juez, abogado, director del despacho jurídico ILOCAD SL., con sede en Madrid (España). Presidente de la Fundación Internacional Baltasar Garzón, pro Derechos Humanos y jurisdicción universal, con sede en Madrid, con programas en desarrollo en España, Argentina, Colombia, República Dominicana, Ecuador, México. Coordinador de la Veeduría Internacional de la reforma de la función judicial en Ecuador (pro bono). Asesor de la fiscalía de la Corte Penal Internacional. Miembro del Comité de prevención de la tortura del consejo de Europa en 2011-2012. Asesor de la Misión de Apoyo al Proceso de Paz de la OEA en Colombia (2011-2012). Asesor de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Representantes de Argentina. Presidente y director ejecutivo del Centro Internacional para la Promoción de los Derechos Humanos de la UNESCO de Argentina.

Autor de 7 libros y múltiples artículos y ensayos. Coopera con el departamento de Derechos Humanos de la Universidad de Washington de Seattle (EE. UU.). Doctor Honoris Causa por más de 25 universidades de todo el mundo. Miembro de diferentes organizaciones humanitarias y centros de Derechos Humanos y de mediación en conflictos, dentro y fuera de España.

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El tiempo de los jueces ha pasado

En 1981 Óscar López Rivera fue condenado a un total de 70 años de presidio acusado de conspiración para la sedición, sin que se le imputara ningún hecho violento, por reclamar la independencia de Puerto Rico. Después de pasar 35 años recluido en cárceles norteamericanas, el presidente norteamericano Barak Obama, le concedió el indulto en enero de 2017. Pocos meses después comenzarían los avatares para los independentistas catalanes por promover la secesión y proclamación de la República de Cataluña.

Es este un ejemplo de lo que puede suponer una sentencia judicial cuando se mezcla con un conflicto político. El caso del procés desde su inicio se vio afectado por el tinte político que impregnó todo. Sería en septiembre de 2017 cuando el fallecido fiscal general Maza daría instrucciones para que se desencadenara el tsunami judicial que este lunes cumplió una de sus principales etapas, aunque no la última. A Pujol y sus colegas les vino de perlas la "aparición" de esta crisis de reclamación de la soberanía para camuflar sus chanchullos económicos. Puigdemont y los suyos fueron autores de una ilegalidad manifiesta cuando optaron por desafiar la Constitución y el Estatut, en vez de resolver los problemas por la vía de la negociación, el debate y el acuerdo político. Los sectores más radicales se frotaban las manos de satisfacción ante la oportunidad de ejercer su vocación antisistema. Por su parte, el Partido Popular, que tanto había trabajado en crear el caldo de cultivo previo, entró al trapo con dedicación. Cataluña le venía bien a Rajoy por desviar la vista de la corrupción que se dirimía en los tribunales y culminaría en el caso Gürtel con una sentencia clara de condena al PP y su salida del Gobierno, tras una moción de censura.  En este punto, unos y otros se asemejan: los del 3%, los de Banca Catalana, los del Palau, los de la Púnica, los de la Gürtel…

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Violencia contra la tierra

"Ustedes tienen Dios, nosotros tenemos Omama. Ella creó la vida, creó a los yanomamis, permite todo lo que sucede. Nosotros nos comunicamos con ella permanentemente". ¿Quién en el mundo secularizado hablaría de corazón de esta forma? (Palabras de un indígena yanomami Miguel Xapuri Lanomâmi, citado por Leonardo Boff)

Como siempre, regreso de América con el corazón alimentado de la generosidad de sus gentes, pero con el ánimo entristecido al comprobar cómo la violencia agrede cada día al espíritu libre de pueblos que no merecen padecer una realidad de tal calibre. Las mujeres, las niñas y los indígenas, los más vulnerables, siguen siendo las víctimas eternas de una situación que clama a la conciencia y que parece eternizarse en un bucle de asesinatos, desapariciones forzadas y demasiada impunidad. Lo he comprobado sobre el terreno, desde mi posición privilegiada de visitante que luego vuelve a sus asuntos, a muchos kilómetros del miedo. Pero esta vez he podido palpar la inquietud por una nueva violencia que se asienta en Latinoamérica, que tiene su máxima expresión en la Amazonia, contra la que se está perpetrando sin sigilo y a la luz del día un auténtico crimen, Ecocidio.

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Preservar la independencia judicial

Suele ocurrir que cuando de un juez dicen que "instruye mal" lo que de verdad ocurre es que no instruye al gusto del que lanza la acusación. Y cuando lo repiten hasta la saciedad, a pesar de que se demuestre reiteradamente que no es así, lo que buscan es retirar a ese juez de la investigación en curso para ganar tiempo, cambiar el curso de los acontecimientos o conseguir otro titular al frente del juzgado que, influido por la acción contra su predecesor, esté más en línea con lo que se le marque. A veces hay incluso un posible candidato para el que es preciso dejar el puesto libre. Y también, en ocasiones, de lo que se trata es de curarse en salud por lo que pueda pasar cuando finalmente se dicte sentencia obviando la propia responsabilidad y apuntando al instructor como causante de todos los males. Se bien lo que digo porque lo he sufrido en mis propias carnes. 

Eso es lo que veo está pasando en Sevilla con la jueza María Ángeles Núñez Bolaños, sucesora de la venerada, por la derecha mediática y política, jueza Mercedes Alaya desde julio de 2015 y heredera por tanto de casos tan complejos como el de los ERE y sus derivaciones que afectan directamente a la junta de Andalucía, gobernada en aquel tiempo por el PSOE, cuya eliminación política sería el objetivo último de muchos.  Pues bien, en una acción muy poco habitual, el fiscal jefe anticorrupción, Alejandro Luzón, caracterizado por su prudencia y contención, ha presentado ante el Consejo General del Poder Judicial una denuncia disciplinaria contra la magistrada. La denuncia del fiscal Luzón tiene como objeto que el CGPJ dictamine si Núñez ha incurrido en falta grave o muy grave de retraso y falta de atención a sus casos. A lo largo de más de un centenar de folios, el Fiscal Anticorrupción se explaya en opiniones que culminan con la de que la denunciada está efectuando un vaciamiento de las piezas que conforman el procedimiento tras acordar la exclusión de los cargos de la Junta de Andalucía, (acuerdo que sin embargo fue adoptado por la Audiencia Provincial). La denuncia disciplinaria de  la Fiscalía anticorrupción se encuentra ahora en manos de Ricardo Conde, promotor disciplinario del CGPJ, ante quien la magistrada Núñez debe contestar por escrito las acusaciones recibidas que apuntan hacia archivos de piezas, prescripciones y enmiendas llevadas a cabo por la Audiencia Provincial.

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Torcer el Derecho

El 26 de mayo pasado las urnas de toda Europa hablaron. A algunos no les gustó lo que dijeron. Muchos se sorprendieron y otros lamentamos la victoria del Frente Nacional de Le Pen en Francia, o la más acuciante posición euroescéptica de un Reino Unido sumido en la locura del Brexit. A quienes se muestran en contra del proceso independentista en Cataluña les herviría la sangre conociendo que Carles Puigdemont recibía el respaldo popular necesario para ser llamado a recoger su acta de europarlamentario. Todas esas impresiones y opiniones son absolutamente legítimas, en democracia. Todas, salvo que provengan de un operador jurídico en la noble misión de impartir recta e imparcial justicia o del Ministerio Fiscal en el ejercicio de la acción penal. Ellos no pueden tener opinión, ni motivación política en la confección de sus decisiones o presentación de informe o dictámenes. Cada cual, al igual que la Abogacía del Estado, ha de seguir lo dictado por la ley y sólo la ley. Torcer el Derecho por razones políticas o evitar situaciones complejas, que supongan verdaderos quebraderos de cabeza para los altos funcionarios encargados de acusar y juzgar, no tiene cabida en un Estado democrático que se rige por el imperio de la Ley.

El político Oriol Junqueras, acusado en el denominado procés, ha cosechado su segunda victoria democrática. En la primera fue llamado a ser diputado del Congreso de España. En la segunda, a convertirse en europarlamentario. La ley dictamina que, para formalizar lo que aclamaron las urnas, es imprescindible recoger el acta que le acredita como tal, y ese acto es indeleble a la condición adquirida en aquellas. Ese documento, que metafóricamente podría corresponderse al altavoz físico que los ciudadanos dan a sus representantes, despliega efectos jurídicos tan importantes como la inmunidad parlamentaria.

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En el fondo lo tenía bien merecido

"…Una y otra vez se descubre que, cuando un individuo, sin más autoridad tras de sí que la del derecho moral, se defiende frente a una organización cerrada, la lucha no tiene salida…" (Stefan Zweig, Castellio contra Calvino. Conciencia contra Violencia)

La historia se repite en forma recurrente, con diferentes personajes, pero de una u otra forma, acontecimientos pasados vuelven al presente con renovadas energías. Pareciera que el siglo XVI ya está muy lejos, como lejana debería haber quedado la doctrina fanática e intransigente de Juan Calvino frente a la defensa de la libertad y la tolerancia de Sebastián Castellio. La primera supuso la hoguera para Miguel Servet; la segunda, la superación de los viejos dogmas de la iglesia inquisitorial a favor de la libertad de pensamiento que un siglo después daría origen a la Ilustración europea. Sería siglo y poco después que el fascismo y las corrientes autócratas y, por ende, fuera de toda regla ética, tendrían su momento cumbre y, dentro del mismo, el desarrollo de los mitos y mentiras como fórmula habitual de control y destrucción de la convivencia. La verdad y la racionalidad, de nuevo quedaron masacradas y desaparecidas.

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Cambalache

Toda campaña electoral es una etapa dura y por lo general aquejada de diferentes grados de crispación, que la ciudadanía soporta de la mejor manera posible. Lo positivo es que cada partido expresa públicamente sus planteamientos y propuestas, aunque, por supuesto, entre bastidores se urdan pactos de no agresión, a la vez que juramentos de odio infinito. El día después, con los resultados en la mano, comienza lo que tal vez sea la parte más fea de la política: el cambalache.

El primer escenario se produce al interior de cada partido. Llegado el momento de decidir sobre los futuros nombramientos, comienza una encarnizada batalla, plagada de puñaladas entre correligionarios para acabar con posibles competidores a tal o cual cargo. Aquí se debe tener especial cuidado con los autopostulados, aquellos que se promocionan a sí mismos sin ningún escrúpulo ni pudor, dispuestos a lo que haga falta para hacerse notar, denostando a quienes quieren suprimir, que suelen ser los más serios. Lanzan globos sonda dirigidos a causar la más burda intoxicación de quienes aún están en funciones para que sean reemplazados y señalan sin mayor fundamento a quienes quieren eliminar de la ecuación, sirviendo a su propio interés o bien a intereses ocultos, ya sean corporativos o económicos.

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Adiós, amigo mío

Alfredo Pérez Rubalcaba me demostró que existían responsables políticos con verdadera vocación de servicio público, coherencia y capacidad para ejercer la buena política en nuestro país. Esto es lo primero que me viene a la mente cuando tengo que ordenar los pensamientos y volcarlos en este texto que redacto con auténtico dolor. Hemos vivido muchos y malos momentos en la peor historia de España, la del odio, las bombas y la muerte. Cada uno en su papel, él de responsable político, yo de juez instructor en el número 5 de la Audiencia Nacional y, después, en otras tesituras. No pude encontrar un compañero de viaje mejor, con más criterio e inteligencia y capacidad para comprender el delicado, complejo y urgente trabajo que desarrollábamos magistrados, fiscales y funcionarios judiciales mano a mano con las Fuerzas y cuerpos de Seguridad del Estado con la amenaza del  terrorismo siempre pendiendo sobre la sociedad.

Siendo amigos, él como ministro del Interior y yo como magistrado, con la simpatía labrada palmo a palmo y milímetro a milímetro, con respeto, sin interferencias entre poderes; con la fuerza de superar día a día situaciones sumamente difíciles, supimos trabajar en pro de la justicia y la paz, una paz libre de la insensata violencia y con una apertura de miras para conseguirla, inclusiva, respetuosa con los derechos humanos, más allá de cualquier otro planteamiento, anterior o posterior, sostenido por otros líderes políticos.

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Avaricia

Entre los pecados capitales, la avaricia es uno de los más desagradables y de mayor riesgo. La RAE lo define como el afán o deseo desordenado y excesivo de poseer riquezas para atesorarlas. Y ratifica que desde un punto de vista religioso trasciende lo lícito y lo moralmente aceptable.

Esa capacidad sin fondo de acaparar más allá de lo que la razón aconseja, hace que el avaricioso busque su ruina y la de quienes le acompañan pues sus decisiones y opciones están empañadas por ese obsesivo interés en acumular que en ocasiones puede pasar por encima de lo ético e incluso de lo que marca la ley. Como juez he comprobado que la avaricia lleva a muchos ciudadanos al banquillo. Como abogado, me he visto en la tesitura de hurgar entre las razones de una conducta delictiva y casi siempre, aparece la avaricia como base habitual, sola o en compañía de otras faltas contra lo que recomienda el decoro, que  conducen a quien las practica a situaciones muy complicadas e incluso irreversibles. Pienso en la trama Gürtel, tal y como la investigué y de qué manera, aun encontrándose en prisión sus protagonistas, les interesaba más poner a buen recaudo el dinero tan poco legalmente conseguido, que ver de salir del tremendo apuro judicial a que su mala cabeza y su codicia les había llevado. Las penas que han recaído sobre ellos tras dos sentencias de la Audiencia Nacional y otra de Valencia son buena muestra de lo que digo.

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El futuro de las mujeres

No hay justicia social sin justicia de género. Eso lo sabemos todos  y en especial lo saben bien las mujeres de todas las épocas y de  todos los países. Del mismo modo que la democracia no es real cuando se cuestiona, ningunea y maltrata en todos los sentidos a las mujeres.

Lo cierto es que esta reivindicación sobre el papel relevante e igualitario de la mujer, en especial en sociedades que se jactan de democráticas y avanzadas, debería ser obsoleta a estas alturas. ¿En qué cabeza cabe que la vida, el trabajo, la seguridad o el esfuerzo sean distintos por el hecho biológico de haber nacido con uno u otro sexo? Pues ya ven, continuamos inmersos en una sociedad patriarcal, con dejes machistas que se reflejan en casi la totalidad de los ámbitos de la convivencia ordinaria, en la que siguen existiendo diferencias notables en sueldos y promoción laboral y profesional; en la asunción de trabajo familiar; en el cuidado de niños, ancianos y dependientes…, gracias a esa discriminación ancestral y actualmente vigente. Ella será quien cobre menos, deberá poner techo a su carrera o  dejar el trabajo para atender a los vulnerables a su cargo. Así es y la falta de voluntad para poner remedio a tales situaciones, resulta muy evidente.

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Gritos

Si hay algo urgente en este preciso momento y en esta campaña electoral, es acabar con la crispación. El tono de las intervenciones de la derecha está llegando a un nivel que sobrepasa la línea roja del respeto transformándola en intolerancia. La falta de moderación tiene nefastos efectos sobre la sociedad afectando a la convivencia ciudadana y hastiándola cuando más tendría que estar en calma y sosegada. Estos ruidos, que llegan a ser ensordecedores, sirven para ocultar la falta de contenido de muchos programas o para propagar las disparatadas propuestas desarrolladas por otras formaciones. También son de utilidad para ningunear a partidos más pequeños.

La vocación de Actúa ha sido desde su fundación colaborar en serenar esas voces y conducirlas al debate tranquilo y productivo. Ocurre que para ello tiene que haber voluntad y visibilidad. Y no parece que esas formaciones como el Partido Popular, Ciudadanos, Vox e incluso otros a la izquierda, tengan demasiado interés en moderar su discurso. Ni que a los partidos que no forman el quinteto de salida, como Actúa se les brinde esa posibilidad de incidir en el electorado a través de los medios.  

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