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Itziar Abad

Escéptica, perversa y peleona. En permanente movimiento y construcción. (Si no, me aburro mogollón y le empiezo a dar vueltas al sentido de la vida...)

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De las creadoras de... "Mi cuerpo es mío" llega ahora... "Mi deseo, también"

Escriben Tere Maldonado, de FeministAlde!, e Itziar Abad.

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In memoriam; esto es lo que diremos

La historia oficial nos contó que unos malos malísimos de 'oriente' le declararon la guerra a 'occidente', que por eso uno de ellos entró con un rifle en un pub de Orlando y mató a 49 personas que se divertían en una fiesta latina. También nos contó que los buenos buenísimos, en su cavilar para encontrar una solución al problema, se plantearon prohibir la entrada de musulmanes en los Estados Unidos y debatieron sobre la necesidad de endurecer el control de armas.

En un tiempo récord, la historia ya necesita ser reparada. El sentido que el poder hegemónico ha establecido para esta masacre nos condena a las personas LGTB a la invisibilización, al silencio y al aislamiento, nos fabrica un gran armario y nos mete en él. Por eso, haremos que estas ausencias valgan la pena ser lloradas, ahora y después, y nos sirvan de aliento para seguir peleándonos ser lo que somos. Construiremos nuestra propia memoria, una verdad que nos dignifique y nos devuelva la agencia y el protagonismo.

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No están para susurraros cosas bonitas al oído

"Malfollada, nunca; roja, siempre; y puta, menos de lo que me gustaría". Así comenzó Onintza Enbeita, diputada de EH Bildu, su intervención en la charla 'Putas, rojas y malfolladas', organizada por esa formación dentro de un ciclo sobre las mujeres en la política. "Es lo más bonito que suele decir la derecha española", ironizó la diputada. "Normalmente hay cosas mucho peores, del tipo 'A no ser que te violen, no vas a ser madre nunca", que se sucedieron cuando Enbeita defendía el derecho a decidir de las mujeres, durante el intento del Partido Popular de reformar la ley del aborto. En la misma mesa se encontraba Anna Gabriel, diputada en el Parlamento de Catalunya por la Candidatura d'Unitat Popular (CUP). Ambas hablaron largo y tendido sobre las agresiones machistas —permanentes— contra las mujeres que hacen política y, en particular, contra las que son de izquierdas, independentistas y feministas y, además, lo gritan con orgullo a los cuatro vientos. A modo de ejemplo, el columnista de ABC Antonio Burgos escribía hace unos meses sobre las líderes de la CUP y de Bildu: "No es que quieran separarse de España: es que quieren que las echemos fuera. Por horrorosas y antiestéticas".

"Los insultos nos cosifican. Se refieren sobre todo a nuestros cuerpos, que son campos de batalla y objeto de comentarios. Los ataques no tienen que ver con las propuestas políticas que lanzamos, sino con nuestra talla de pantalón, con nuestra sexualidad o con nuestro corte de pelo", sostuvo Gabriel. "A falta de argumentos, arremeten contra nuestros cuerpos. Son cuestión de estado y su sola presencia hace que se tambalée la gran estructura machista que lleva siglos funcionando", abundó Enbeita. Sin duda, debe ser eso lo que desata el odio de algunos: les resulta irrespetuoso e inaceptable que una mujer se exprese en espacios de toma de decisiones que afectan a la ciudadanía.

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No vale lo mismo la muerte de una víctima que la de su verdugo

El pasado 29 de julio fue asesinada Dolores Moya González, en Serra (Valencia). Su marido, Marcos Cabo, de quien se estaba separando, habría rociado la vivienda con gasolina y le habría prendido fuego. Ella quedó atrapada en el baño. Días después, él se suicidó en la cárcel de Picassent, donde permanecía preso por orden judicial, acusado de asesinato.

El pasado 5 de agosto fue asesinada Maryna, en Castelldefels (Barcelona). Desconocemos sus apellidos porque la policía no se dignó en facilitarlos ni los medios de comunicación en averiguarlos; su origen bielorruso y que hubiera ejercido la prostitución seguramente influyó en que la identificación fuera de andar por casa. Su pareja, Ricardo Fernando, la mató a tiros a ella, a la hija de 7 años y al hijo de 12 que tenían en común. Después, se suicidó.

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¡Fantaseemos contigo, Toni Nadal!

Las palabras de Nadal están en negrita y sí que existieron en la realidad. Aquí, la prueba.

[La decisión de la Federación] no deja de sorprenderme por varias razones.

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Una rubia cara de mantener

Hace un par de semanas acudí a una administración bilbaína de la Seguridad Social, en busca de un par de documentos que necesitaba presentar en un nuevo empleo. Eran las 8:40 de un lunes y la oficina abría al público a partir de las 9:00.

En la acera, ya hacía cola un hombre de alrededor de 50 años, de estatura mediana, que llevaba un portafolios debajo del brazo y se miraba los zapatos. Me coloqué a esperar detrás de él. Cinco minutos después pasó por delante, taconeando, una mujer de pelo largo, liso y rubio, de no más de 40 años, vestida con una camiseta y unos vaqueros bien ceñidos. Era, en los parámetros de la estética hegemónica, una 'tía buena'. Al oír las pisadas de la mujer, el hombre levantó la cabeza, le siguió unos segundos con la mirada y me dijo:

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Patriarcado en catorce minutos (2ª parte)

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Patriarcado en catorce minutos

Catorce minutos en ecovía (autobuses públicos y supuestamente ecológicos que circulan por carriles exclusivos a lo largo de la Avenida 6 de Diciembre en Quito, Ecuador)separan mi casa de la Casa de la Cultura Ecuatorina, trayecto que recorro habitualmente. Aunque corto, es un viaje al patriarcado en estado puro. Suele ser hora punta y la gente se agolpa en las puertas y en los pasillos del autobús. En cuanto entran, mujeres y hombres se acomodan y se preparan para los frenazos bajo este patrón general: ellas, como pueden; ellos, como quieren.

Muchos hombres se cuelgan de una barra horizontal, con los brazos bien estirados, o de dos barras horizontales (y quedan así cruzados en el pasillo; ver foto). Los he visto que incluso ocupan dos asideros con una sola mano. Separan las piernas y adoptan una postura cómoda y adecuada para mantener mejor el equilibrio. Eso está bien. Sin embargo, si todo el mundo hiciera lo mismo, cabría en la ecovía la mitad de gente. Casi todas las mujeres, por su parte, se agarran a la barra vertical, con el brazo pegado al tronco, para ocupar lo menos posible y tal vez pensando, como yo, en que más gente pueda entrar en el autobús —con el cuidado y el bien común 'debidamente' interiorizados...—

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