eldiario.es

Síguenos:

Boletines

Boletines

Menú

Josep L. Barona

Doctor en Medicina, catedrático de historia de la ciencia en la Universitat de València y miembro del Instituto de Historia de la Medicina y de la Ciencia López Piñero.

  • Reacciones a sus artículos en eldiario.es: 4

Síndrome de fatiga democràtica

El baròmetre de Transparència Internacional de 2017 analitza la corrupció en el món i mostra clarament que els partits polítics són percebuts pels ciutadans com a organitzacions corruptes. Al nostre país, la proliferació d'escàndols i processos judicials per corrupció que afecten polítics i partits ha incidit en la devallada d'aquell optimisme democràtic de finals del franquisme i la transició. Alguns politòlegs han anomenat al desencís actual síndrome de fatiga democràtica. En aquest context han pres força en l'última dècada dues tendències: el populisme i la tecnocràcia. Els arguments tecnòcrates s'inspiren en el pensament post-polític sorgit en els anys noranta, al qual també podríem anomenar postdemocràtic. La seua ideologia és gerencial, el govern és gestió de problemes. Poc importen els vots, les eleccions o les mesures impopulars. La tecnocràcia no només ha ocupat governs a Itàlia, Grècia o Xina, i ha orientat polítiques neoliberals i neoconservadores; també domina àmbits molt influents d'organismes internacionals gens democràtics com el Banc Central Europeu, el Banc Mundial o el Fons Monetari Internacional.

D'altra banda, els moviments populistes han cobrat força davant la fractura entre les elits i la ciutadania. La mobilitzacions ciutadanes i de col·lectius socials expressen el neguit. Aquest neguit es materialitza en les dones, els pensionistes, els joves, els col·lectius LGTB, els treballadors precaris, pels drets civils, el benestar i contra la injustícia que representa l'acumulació de riquesa en poques mans, el creixement de les desigualtats i la precarietat. La consigna "no ens representen" és expressió de la síndrome de fatiga democràtica. No valen ni els partits corruptes ni les solucions tecnocràtiques: la democràcia ha estat segrestada i cal recrear-la. El moviment dels indignats de maig o els ocupes de l'espai públic a la plaça de l'Ajuntament de València o Wall Street demanen un nou concepte de democràcia, capaç de resoldre aquella ironia de Karl Marx: "Als oprimits se'ls permet cada pocs anys decidir què representants de la classe opressora van a representar-los i reprimir-al Parlament. "

Seguir leyendo »

Síndrome de fatiga democrática

El barómetro de Transparencia Internacional de 2017 analiza la corrupción en el mundo y muestra claramente que los partidos políticos son percibidos por los ciudadanos como organizaciones corruptas. En nuestro país, la proliferación de escándalos y procesos judiciales por corrupción que afectan a políticos y partidos ha incidido en el desplome de aquel optimismo democrático del final del franquismo y la transición. Algunos politólogos han llamado al desencanto actual síndrome de fatiga democrática. En este contexto han tomado fuerza en la última década dos tendencias: el populismo y la tecnocracia. Los argumentos tecnócratas se inspiran en el pensamiento post-político surgido en los años noventa, al que también podríamos denominar postdemocrático. Su ideología es gerencial, el gobierno es gestión de problemas. Poco importan los votos, las elecciones o las medidas impopulares. La tecnocracia no solo ha ocupado gobiernos en Italia, Grecia o China, y ha orientado políticas neoliberales y neoconservadoras; también domina ámbitos muy influyentes de organismos internacionales nada democráticos como el Banco Central Europeo, el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional.

Por otro lado, los movimientos populistas han cobrado fuerza ante la fractura entre las élites y la ciudadanía. La movilizaciones ciudadanas y de colectivos sociales expresan el malestar. Ese malestar se materializa en las mujeres, los pensionistas, los jóvenes, los colectivos LGTB, los trabajadores precarios, por los derechos civiles, el bienestar y contra la injusticia que representa la acumulación de riqueza en pocas manos, el crecimiento de las desigualdades y la precariedad. La consigna “no nos representan” es expresión del síndrome de fatiga democrática. No valen ni los partidos corruptos ni las soluciones tecnocráticas: la democracia ha sido secuestrada y hay que recrearla. El movimiento de los indignados de mayo o los ocupas del espacio público en la plaza del Ayuntamiento de Valencia o Wall Street demandan un nuevo concepto de democracia, capaz de resolver aquella ironía de Karl Marx: "A los oprimidos se les permite cada pocos años decidir qué representantes de la clase opresora van a representarles y reprimirles en el Parlamento."

Seguir leyendo »

1 de maig: elits decadents, ciutadania activa

Els pensionistes, les dones, els ciutadans indignats qüestionen les decisions de la justícia, denuncien la subordinació laboral, social i humana de les dones, i reivindiquen el dret a un salari i a una pensió dignes. Fins aquí no sembla que els arguments que mobilitzen a la societat espanyola avui responguen a una ideologia extremista i revolucionària. Si n’afegim la crisi d'estat que ha obert el laberint de Catalunya, i el cuinem amb el menyspreu per la universitat i la cultura que demostra el cas Cifuentes i els seus analfabets c; si li posem unes gotes de masclisme passat de moda, estil Pedro Agramunt, i el maridem amb aquest atemptat contra la dignitat humana que destil·la la sentència balsàmica de les violacions grupals (animals salvatges violant a una femella), tenim un paisatge depriment de crisi social, política i moral. Es poden afegir més ingredients, però amb només aquests el menú està servit.

La mobilització no és conseqüència del populisme, sinó que és la reacció honorable d'una societat perplexa i indignada, molt distant (en l'econòmic, moral i social) d'una elit omnipotent i miserable (casta, grup social dirigent, manada de bandits o delinqüents, què més s’en fa?) la principal característica de la qual és la mediocritat perpetuada a través de pautes de servilisme i complicitat.

Seguir leyendo »

1 de mayo: élites decadentes, ciudadanía activa

Los pensionistas, las mujeres, los ciudadanos indignados, todos ponen en jaque las políticas del gobierno, las decisiones de la justicia, denuncian la subordinación laboral, social y humana de las mujeres, y reivindican el derecho a un salario y a una pensión dignos. Hasta aquí no parece que los argumentos que movilizan a la sociedad española respondan a una ideología extremista y revolucionaria. Si a eso añadimos la crisis de estado que ha abierto el laberinto de Cataluña, y lo cocinamos con el desprecio por la universidad y la cultura que demuestra el caso Cifuentes; si le ponemos unas gotas de machismo trasnochado al estilo Pedro Agramunt, y lo maridamos con ese atentado contra la dignidad humana que destila la sentencia balsámica de las violaciones en manada (animales salvajes violando a una hembra), tenemos un paisaje deprimente de crisis social, política y moral. Se pueden añadir más ingredientes, pero con solo estos el menú ya está servido.

La movilización no es consecuencia del populismo, sino que es la reacción honorable de una sociedad perpleja e indignada, muy distante (en lo económico, moral y social) de esa élite todopoderosa y tramposa (casta, grupo social dirigente, manada de bandidos o delincuentes, ¿qué más da?), cuya principal característica es la mediocridad perpetuada a través de pautas de servilismo y complicidad.

Seguir leyendo »

La muerte digna del Dr Montes

Dos factores han transformado de manera determinante nuestra manera de encarar la muerte durante el último medio siglo: el aumento de la vida media - que alarga el proceso envejecer-, y la creciente capacidad de la tecnología sanitaria para suplantar las funciones orgánicas y prolongar indefinidamente la vida. El alargamiento de la vejez aumenta el deterioro orgánico y los medicamentos y las máquinas se aplican para contrarrestar ese inevitable proceso. Envejecer puede convertirse en un gran negocio para la industria del ramo, al disparar el consumo sanitario. Una ruina para las arcas públicas. Japón y España encabezan las estadísticas de esperanza de vida en torno a los 84 años. Los cambios en la estructura demográfica de la población no solo repercuten en la economía, sino muy especialmente en el estado de salud y la calidad de vida. De todo ello se deriva un nuevo dilema que nos obliga a la deliberación y a la regulación normativa de situaciones inéditas en el pasado. Conceptos que hace décadas eran ajenos a la preocupación de los ciudadanos, como la eutanasia, el derecho a una muerte digna, los límites del encarnizamiento terapéutico, la sedación terminal, el testamento vital y las últimas voluntades o el suicidio asistido, plantean posicionarse ante realidades ineludibles que cada día surgen en nuestro entorno y son dilemas cotidianos en los hospitales y especialmente en las unidades de cuidados intensivos.

No llegué a conocer personalmente a Luis Montes. Cuando hace unos años un colectivo de estudiantes de medicina valencianos quisieron invitarlo a un debate abierto en la facultad sobre sedación y eutanasia, su iniciativa no fue autorizada. Su defensa del derecho del paciente a una muerte digna en el hospital Severo Ochoa de Leganés lo convirtieron en mártir de la hipocresía de políticos de moral absolutista frente a la muerte y amplia tolerancia frente al dinero sucio y la corrupción. Montes fue acusado, vilipendiado, procesado, expedientado y apartado de su puesto, ante jueces que aplican un código penal en muchos sentidos autoritario y anacrónico. Una democracia madura necesita otra cosa.

Seguir leyendo »

14 d’abril

El nostre llenguatge polític està impregnat de conceptes procedents de la Grècia clàssica. L'historiador de la filosofia antiga Mario Vegetti explica l'etimologia polisèmica i el sentit metafòric de conceptes com corrupció, que la medicina grega emprava per designar l'humor malalt i també la societat malalta. També explica que monarquia designava el sistema polític tirànic en el qual un sol element imposava el seu domini sobre la resta, en contraposició a la eutarquía o equilibri harmònic del conjunt d'elements que componen la societat. Sabem que la virtut cívica és l'essència de la política republicana que van concebre Aristòtil i Ciceró, la que va heretar Maquiavel i van desenvolupar Milton, Rousseau i Jefferson durant la Il·lustració. Des del seu origen remot, republicanisme vol dir civilitat, és a dir, construcció d'una ciutadania lliure entre iguals.

El 14 d'abril de 1931 va ser per a la societat espanyola una alliberadora revolució dels clavells. Farta dels abusos d'una monarquia inútil, còmplice amb la dictadura de Primo de Rivera, farta d'oligarques corruptes i mediocres, farta del poder absolut de l'Església i les seves corporacions sobre cossos i ànimes, la societat espanyola va triar en les urnes un pacífic canvi de règim i va proclamar la IIª República. El monarca i el seu seguici es van aplicar a fer les maletes per sortir del país. La societat espanyola iniciava així la construcció d'una república, on els vells poders havien de ser substituïts per institucions de participació igualitària en una societat civil, sense servilisme ni dominació. El 1931 la societat espanyola que va assumir els ideals republicans estava formada per artesans, obrers i camperols, per científics, artistes, professionals, intel·lectuals, dones i homes que aspiraven a l'emancipació, és a dir a posar fi a les institucions de dominació del casticisme obscurantista tradicional. Van mirar l'Europa cosmopolita i moderna del progrés, les avantguardes que es rebel·laven contra les tradicions ancestrals, i van tractar de sepultar el llast de la superstició, la incultura i el quimèric passat imperial. Van creure en el futur. Van triar la intel·ligència, la creativitat i la llibertat enfront dels fills de la mort. En aquesta aposta pel futur havia les idees de Joaquín Costa, Ferrer i Guàrdia i Giner de los Ríos, i l'activisme de Victòria Kent i Clara Campoamor, i el prestigi de Gregorio Marañón, Ortega y Gasset, i Ramón y Cajal. I tants i tants altres.

Seguir leyendo »

14 de abril

Nuestro lenguaje político está impregnado de conceptos procedentes de la Grecia clásica. El historiador de la filosofía antigua Mario Vegetti explicaba la etimología polisémica y el sentido metafórico de conceptos como corrupción, con el que la medicina griega expresaba el humor enfermo y también la sociedad enferma. También explicaba que monarquía designaba un sistema político tiránico, en el que un solo elemento imponía su dominio sobre el resto, en contraposición a la eutarquía o equilibrio armónico del conjunto de elementos que componen la sociedad. Sabemos que la virtud cívica es la esencia de la política republicana que concibieron Aristóteles y Cicerón, la que heredó Maquiavelo y desarrollaron Milton, Rousseau y Jefferson durante la Ilustración. Desde su origen remoto, republicanismo significa civilidad, es la construcción de una ciudadanía libre entre iguales.

El 14 de abril de 1931 fue para la sociedad española una liberadora revolución de los claveles. Harta de los abusos de una monarquía inútil, cómplice con la dictadura de Primo de Rivera, harta de oligarcas corruptos y mediocres, harta del poder absoluto de la Iglesia y sus corporaciones sobre cuerpos y almas, la sociedad española eligió en las urnas un pacífico cambio de régimen y proclamó de la IIª República. El monarca y su séquito se aplicaron a hacer las maletas y tuvieron que salir del país. La sociedad española iniciaba así la construcción de una república, donde los viejos poderes tenían que ser sustituidos por instituciones de participación igualitaria en una sociedad civil, sin servilismo ni dominación. En 1931 la sociedad española que asumió los ideales republicanos estaba formada por artesanos, obreros y campesinos, por comerciantes, científicos, artistas, profesionales, intelectuales, mujeres y hombres que aspiraban a la emancipación, es decir a poner fin a las instituciones de dominación del casticismo oscurantista tradicional. Miraron a la Europa cosmopolita y moderna del progreso, y a las vanguardias que se rebelaban contra las tradiciones ancestrales, trataron de sepultar el lastre de la superstición, la incultura y el quimérico pasado imperial. Creyeron en el futuro. Eligieron la inteligencia, la creatividad y la libertad frente a los hijos de la muerte. En esa apuesta por el futuro estaban las ideas de Joaquín Costa, Ferrer Guardia y Giner de los Ríos, y el activismo de Victoria Kent y Clara Campoamor, y el prestigio de Gregorio Marañón, Ortega y Gasset, y Ramón y Cajal. Y tantos y tantos otros.

Seguir leyendo »

Por la gestión pública de la sanidad

Hay dos modos de gobernar, el que busca el beneficio financiero y empresarial, y el que antepone a cualquier otra cosa el bienestar y la realización práctica de los derechos civiles de los ciudadanos. Ambos pueden ser compatibles o no. Pero es inmoral e injusto, y debería ser un delito anteponer el beneficio económico a costa de la vulneración del derecho ciudadano. Pienso en el precio del medicamento para tratar la hepatitis C o en el acceso a la asistencia de los emigrantes y refugiados. Cuando se trata de gestionar aspectos esenciales como la educación, la salud, la dependencia, los salarios, las pensiones, la energía, el transporte, la investigación científica o la seguridad, ningún gobierno debería delegar la gestión en favor de entidades privadas que, en definitiva, se rigen exclusivamente por la lógica del beneficio. La educación, la salud, la seguridad o la vida digna, solo puede concebirse como un negocio en la mente y en el programa político de quienes, careciendo de todo escrúpulo, están dispuestos a eliminar los excedentes humanos de sus beneficios empresariales y financieros.

El gobierno del Partido Popular se ha caracterizado por un programa privatizador de todos los aspectos de la economía. Ese no ha sido tradicionalmente, ni debe de ser ahora, el modelo de la socialdemocracia. La privatización conduce a la americanización más individualista y neoliberal, lo contrario del modelo social europeo: es la destrucción del Estado de Bienestar. En nombre de la crisis y de la llamada tercera vía, los partidos socialdemócratas europeos entraron en esa dinámica autodestructiva y ahora sufren la consecuencia política de una profunda crisis en toda Europa.

Seguir leyendo »

Per la gestió pública de la sanitat

Hi ha dues maneres de governar, la que busca el benefici financer i empresarial i la que posa per davant de tot el benestar i la realització pràctica dels drets civils dels ciutadans. Tots dos poden ser compatibles o no. Però és immoral i injust, i hauria de ser un delicte, anteposar el benefici econòmic a costa de la vulneració del dret ciutadà. Pense en el preu del medicament per tractar l'hepatitis C o en l'accés a l'assistència dels emigrants i refugiats. Quan es tracta de gestionar aspectes essencials com l'educació, la salut, la dependència, els salaris, les pensions, l'energia, el transport, la investigació científica o la seguretat, cap govern hauria de delegar la gestió en favor d'entitats privades que, en definitiva, es regeixen exclusivament per la lògica del benefici. L'educació, la salut, la seguretat o la vida digna, només es poden concebre com un negoci en la ment i en el programa polític de qui, no tenint tot escrúpol, està disposat a eliminar els excedents humans dels seus beneficis empresarials i financers.

El govern del Partit Popular s'ha caracteritzat per un programa privatitzador de tots els aspectes de l'economia. Aquest no ha estat tradicionalment, ni deu ser ara, el model de la socialdemocràcia. La privatització condueix a l'americanització més individualista i neoliberal, el contrari del model social europeu: és la destrucció de l'Estat de Benestar. En nom de la crisi i de l’anomenada tercera via els partits socialdemòcrates europeus van entrar en aquesta dinàmica autodestructiva i ara pateixen la conseqüència política d'una profunda crisi a tota Europa.

Seguir leyendo »

Per la igualtat

La igualtat no té sols una dimensió jurídica, sinó que s'ha de plasmar en la dinàmica social i això requereix dues coses que són la mateixa: mobilització social i acció política. El privilegi i la desigualtat són injustos, immorals i malaltissos. Tendim a creure que en les nostres democràtiques societats occidentals s'han minimitzat les diferències per imperatiu constitucional: entre negres i blancs, fidels i infidels, homes i dones, pobres i rics, nens i adults, rurals i urbans. No obstant això, entre la legalitat i la realitat hi ha un abisme. L'abisme de portar a l'acció la declaració de principis. Perquè els drets no són res sense la capacitat d'exercir-los, i per això quan les constitucions democràtiques declaren el dret a un habitatge decent, a l'educació, a l'atenció sanitària, a l'ocupació, al capdavall, a una vida digna, estan marcant el camí al governant. Fer créixer només la riquesa de les elits sense redistribuir-la, és tant com afavorir la desigualtat i governar per als interessos dels poderosos. Només una filosofia social cínica s'atreveix a legitimar la desigualtat i la injustícia com una cosa natural emparant-se en l'individualisme, la lògica del benefici i la cobdícia. Pur darwinisme social disfressat de corder  benvolent amb la retòrica oportunista de l'ètica dels negocis.

La desigualtat és substancialment malaltissa perquè genera formes molt variades de patologia social: violència, explotació, abús, racisme, dominació. Ho diuen tots els informes sobre desenvolupament humà de l'OCDE. Assumir la Declaració Universal dels Drets Humans implica governar pel dret de tot ciutadà a viure en unes condicions d'integració social, uns nivells de benestar mínim d'acord amb els estàndards que prevalen en la societat.

Seguir leyendo »