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Liliana Marcos

Investigadora en Desigualdad y Políticas públicas de Oxfam Intermón

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Mentirijillas con importancia: en España se pagan muchos impuestos

Hay mantras tan repetidos que acaban adquiriendo la categoría de verdades incuestionables con resultados que, como veremos, están lejos de ser inocuos. Una de ellas es que en España se pagan muchos impuestos, más que en otros países europeos. Nada más lejos de la realidad, la presión fiscal española es 6,9 puntos inferior a la media de la zona Euro y nuestro esfuerzo fiscal -entendido como lo que recauda un estado en relación a su capacidad recaudatoria potencial- está al nivel de Hungría y es la mitad que el danés.

En la última década, ha sido el impuesto de sociedades el tipo impositivo que ha arrastrado hacia abajo nuestra recaudación; muy especialmente en lo que respecta a la contribución los grandes grupos consolidados, cuyos tipos efectivos son más bajos que los de las empresas más pequeñas (6,14 vs. 15,4). En 2007, 22,3 de cada 100 euros recaudados provenían del impuesto de sociedades, ahora sólo son 12 de cada 100. Lo que ha subido es el peso de lo recaudado que cae sobre familias en forma de IVA e IRPF, lo que puede hacer compresible que haya quien crea que en España se pagan muchos impuestos¸ ya que una parte desproporcionada de ellos salen de sus bolsillos.

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Reducir la desigualdad y 1,34 millones de razones más

La crisis que azotó a España a partir del 2008 hizo que muchas personas se tuvieran que apretar el cinturón; pero si hubo a alguien al que el cinturón casi ahoga fue a las rentas más bajas, las que vieron que sus ingresos caían de forma desproporcionada por una combinación de desempleo, devaluación salarial y, en muchos casos, una ausencia de protección efectiva por parte de nuestro sistema de protección social contra la pobreza. 

A partir del inicio del crecimiento de nuevo y la creación del empleo, hay quien ha podido soltarse más las apreturas que otros. De nuevo, si la crisis fue asimétrica porque sufrieron más los de abajo, la recuperación lo fue porque una mayor parte del crecimiento fue a manos de los de arriba gracias a una evolución muy diferenciada de las rentas del trabajo y las del capital: mientras que los salarios no crecían, los aumentos en productividad se vieron dirigidos a beneficios que se transformaron en su mayoría en dividendos. A modo de ejemplo, los beneficios de las sociedades no financieras, crecieron en 2017 un 13,8%, acumulando 6 años de crecimiento. Por su parte el salario medio creció ese año un 0,4%. Como la mayoría de nosotros y nosotras vivimos de los salarios y las rentas del capital están muy concentradas (en 2015, el 5% de la población con mayores rentas de capital capturaban alrededor del 50% de ellas) la desigualdad se incrementa. 

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Y salimos de casa sin mirar atrás

Hay vidas que cuesta creer, hay injusticias que no parecen de este siglo. Y, sin embargo, son, tan cotidianas, tan cercanas, tan de todos los días, que no las vemos. La precariedad laboral tiene rostro de mujer, tiene el rostro de Lucía, y Lucía es invisible.

Lucía lleva 5 años trabajando para el mismo empleador y no tiene vacaciones pagadas, derecho que adquirieron los asalariados en nuestro país nada menos que en 1931. Si Lucía se pone enferma, no entra dinero en casa. Si Lucía se rompe un brazo, ese mes hay que endeudarse para pagar el alquiler. A Lucía le pueden decir “mañana no vuelvas” y se va con una mano delante y otra detrás, a pesar de que la prestación por desempleo se generalizó en España a partir de 1961. Lucía va a pasar 40 años rompiéndose la espalda y su pensión rondará los 380 euros de la actual pensión no contributiva. Exactamente la misma cantidad que si se hubiera pasado esas cuatro décadas sentada. Estamos en 2018 y Lucía tiene los derechos laborales propios del siglo XIX. En España se calcula que hay más de 600.000 Lucías, y seguro que todas las personas que lean esto conocen alguna. Lucía es trabajadora del hogar. 

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La foto que queremos de Sánchez y Valerio

Hace unos pocos meses, cuando aún era presidente, Mariano Rajoy nos sorprendió haciéndose una foto en la Moncloa con las Kellys, uno de los colectivos laborales más afectados por la crisis. Por la misma razón, por ser legítimos demandantes de mejoras laborales tras una devaluación significativa de sus condiciones, Rajoy podría haberse visto con un grupo de teleoperadores, hacerse una foto con guardias de seguridad, con los técnicos que instalan los cables del teléfono o con el personal de soporte informático de muchas de las grandes empresas de este país. Y esa es la foto donde queremos ver al Presidente Sánchez y a la nueva Ministra de Trabajo.

Una foto con trabajadores y trabajadoras que han vivido en sus carnes la progresiva pauperización del empleo gracias a la subcontratación, utilizada como una vía rápida para la reducción de costes salariales y no como una forma flexible de acceder a servicios y profesionales especializados. Una tendencia en alza que se ha visto favorecida por las debilidades en la regulación de la subcontratación de nuestro Estatuto de los Trabajadores.

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Economía creciente, salarios menguantes

Al mantra frecuentemente escuchado de: “Es mejor un mal trabajo a que no tener trabajo” le falta un componente fundamental: la parte del pastel de la actividad económica que se convierte en beneficios empresariales. La precariedad laboral (poco salario, muchas horas, ningún control sobre tu vida) no sería necesaria si cambiamos la máxima que propone que salarios bajos suponen menos desempleo. La ecuación debería ser algo así como “menos de beneficios empresariales junto con salarios dignos construyen una economía que funciona para todos y todas, y no sólo para una privilegiada minoría”.  

¿No es la hora de que la recuperación económica deje de ser a expensas de las trabajadoras y trabajadores devaluados? Debemos entrar en otro escenario, en un círculo virtuoso que se sostiene en que profesionales mejor pagados aumentan la demanda y la producción, incrementan beneficios, y... eso supone de nuevo, volver a empezar: con trabajadores bien pagados, y aumento del empleo,, delos salarios y la demanda.  

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