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Lina Gálvez

Lina Gálvez Muñoz es Catedrática de Historia e Instituciones Económicas de la Universidad Pablo de Olavide, de Sevilla. Es doctora por el Instituto Universitario Europeo de Florencia y ha sido profesora de las universidades de Reading, Sevilla y Carlos III, y como profesora visitante de la Universidad de Oxford. Dirige el observatorio de igualdad GEP&DO y los masters universitarios en Género e Igualdad y el de Derechos Humanos, Interculturalidad y Desarrollo. Su investigación se ha centrado en el análisis de las desigualdades, especialmente las de género; el análisis de los tiempos y los trabajos en los mercados y las familias; así como los efectos de género de las crisis económicas y las políticas de austeridad.

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Hamburguesas que humanizan los tiempos y la política

La polémica que se ha desatado estos días a cuenta de la cena del ministro Grande-Marlaska en un restaurante cercano al Ministerio del Interior cuando estaban ardiendo calles en el centro de Barcelona, demuestra lo lejos que estamos de entender que la política es una actividad humana más, y que por tanto, es preciso humanizar sus tiempos, la política de los tiempos e incluso la propia actividad política.

Según ha declarado el propio ministro del Interior - y no se puede dar por hecho que esté mintiendo-, tras quince horas en el ministerio salió a cenar con su jefe de gabinete que venía de otra reunión y, tras una hora de cena, volvió a su despacho del ministerio, donde estuvo hasta entrada la madrugada.

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La doble amenaza del neofascismo en Europa

Ahora que han vuelto a extenderse los movimientos de extrema derecha en casi todo el mundo, hay quien meramente se interesa por distinguir si los partidos surgidos de esos movimientos son galgos o podencos. Muchos analistas tratan de averiguar en qué medida fenómenos como el de Vox en España encajan o no en las características del fascismo tradicional. Una tarea que, en mi opinión, no es la que debe concentrar nuestros esfuerzos.

La experiencia y la naturaleza del fascismo italiano y del nazismo (o del franquismo) han sido ampliamente estudiadas. Sabemos de dónde surgieron, qué intereses defendieron y qué efectos provocaron. Por tanto, creo que lo menos relevante del auge de los actuales movimientos de extrema derecha en casi todos los continentes es el hecho de que éstos puedan ser reflejo de una u otra experiencia histórica anterior, por mucho que ellos mismos se presenten como nostálgicos herederos de un pasado mitificado y, por tanto, idealizado y tergiversado.

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Confiar en la política, votar por la democracia

Los datos sobre confianza y participación política en España muestran una realidad bastante preocupante. De una parte, unos porcentajes de confianza política bajos que, además, han consolidado su tendencia decreciente a raíz de la crisis económica y política. Y de otra, la existencia de una desigualdad en la participación electoral lacerante para nuestra salud democrática, con la existencia de auténticos agujeros negros de la democracia en algunas circunscripciones electorales. Ninguno de estos fenómenos es exclusivo de España, pero no por ello tenemos que ignorar su gravedad ni eludir la necesidad de combatirlos, especialmente ante una cita electoral como la de mañana, en la que tanto nos jugamos.

Por un lado, la serie del CIS sobre confianza política, que abarca desde la década de los noventa del siglo pasado hasta la actualidad, ilustra claramente la pérdida de confianza de la ciudadanía en la política como herramienta para resolver sus problemas. En los primeros años de la serie, el porcentaje se mantiene siempre, con ciertos altibajos, en torno al 50%. La tendencia cambia claramente con el estallido de la crisis y el empeoramiento de las condiciones de vida de millones de españoles, llegando a situarse por debajo del 30% a partir del verano de 2012, momento en que comenzaron a sentirse las consecuencias de las duras políticas de austeridad aprobadas en mayo de ese año por el recién estrenado gobierno del PP. El deprimente dato de febrero de 2019 es de un 33,5%.

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Manoseando el feminismo

La palabra feminismo corre una suerte muy desigual en los programas electorales de los principales partidos que se presentan a las elecciones el 28A. Aparece con frecuencia en los de los partidos de izquierda, 16 veces en el de Unidas Podemos y 37 en el del PSOE. Mientras que su presencia es testimonial en los de derechas. PP y Cs ni lo mencionan y Vox, que lo menciona una sola vez, lo hace para atacarlo.

Que las tres derechas no incluyan la palabra feminismo en sus programas, a excepción de la mención de Vox para proponer una "supresión de organismos feministas radicales subvencionados", no implica que el feminismo no esté presente en sus estrategias electorales. En realidad, está muy presente, aunque encubierto bajo formulaciones que suponen un auténtico fake sobre lo que representa el feminismo y el movimiento feminista. A falta de argumentos consistentes, la derecha española recurre a la caricatura, al viejo recurso de presentar lo que se quiere criticar como lo que no es, a costa en muchas ocasiones de decir sobre el feminismo auténticas barbaridades que ninguna persona sensata defiende. Como en otros campos, la derecha recurre a mentiras y fakes para referirse al feminismo, como las siguientes.

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Aprender a leer

Esta semana ha surgido la polémica a raíz de la noticia de que un colegio público de Barcelona había retirado el 30% de los libros de su biblioteca infantil (de 3 a 6 años) por sexista. A decir verdad, la medida no fue bien recibida por nadie, tampoco por mí, ya que combatir el sexismo de esa forma puede tener un claro efecto boomerang.

Purgar libros de una biblioteca es un acto con antecedentes gravísimos en la Historia (la Inquisición, la quema de libros por los nazis, la revolución cultural de Mao…) y en la propia literatura: recordemos clásicos como Farenheit 451. Pero no todas las reacciones a la noticia de estos últimos días se han quedado en la crítica hacia el autoritarismo o el carácter contraproducente de la medida. Otras respuestas han aludido a lo absurdo que supone –en su opinión– afirmar que esos cuentos son sexistas, puesto que no hay nada censurable en ellos. En pleno mitin, Santiago Abascal, con el libro de Caperucita en la mano –dijo haberlo comprado esa misma tarde para releerlo y regalárselo a su hija–, se preguntó ante su audiencia, tras supuestamente haberlo repasado: ¿Cuál es el problema: que a la niña la manden a hacer un recado, y no al niño, en vez de hacerla astronauta; que la niña va con falda y no con pantalones; que el malo es el lobo que es un animal y que, por tanto, no solo molesta al feminismo supremacista, sino también a los animalistas; que el que soluciona el problema es el cazador que, como el príncipe que rescata a la Bella Durmiente, es un hombre que además mata animales…?

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Impuestos, garantía de libertad y democracia

Los tres partidos de la derecha coinciden machaconamente en el mantra de que bajar impuestos es bueno per sé. Nos dicen que es bueno para la economía porque favorece el crecimiento y la creación de empleo, que lo es para aumentar los ingresos públicos y para que el resto de agentes económicos (personas y empresas) ganemos en libertad, pues donde mejor está el dinero es en nuestros bolsillos. Y nos dicen, finalmente, que los impuestos se utilizan sin otro propósito que engordar al Estado

La baja conciencia fiscal de los españoles contribuye a una cierta ignorancia sobre lo que realmente son los impuestos y para qué sirven. Y que la gente termine creyendo que argumentos como los que esgrimen las derechas son ciertos.

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No importa el cambio de hora, sino de tiempos

Hace unas horas que hemos cambiado los relojes al horario de verano. Lo más seguro es que sea la penúltima vez que lo hagamos. El martes pasado, el Parlamento Europeo apoyó la iniciativa de la Comisión Europea de poner fin al cambio de hora estacional a partir de 2021. Este movimiento de las autoridades europeas se basa en una evaluación promovida desde Bruselas en la que participaron 4,6 millones de ciudadanos que, en un 80% de los casos, apostaron por no someter a nuestros relojes al doble cambio de primavera y otoño. Si bien el cambio dejará de hacerse, todavía queda por decidir si será el horario de verano o el de invierno el que prevalezca. La necesidad de garantizar el funcionamiento del mercado único, el favorecimiento de un mayor o menor descanso, la incidencia sobre el ocio y el turismo, e incluso la longitud y latitud de los países afectados serán algunas de las principales cuestiones a tomar en consideración.

Aun siendo un debate apasionante, sobre todo para quienes, como yo, celebramos este día todos los años y nos sentimos desgraciados cada último domingo de octubre, creo que los verdaderos desafíos en torno al tiempo no están en los husos sino en sus usos. Hay quien defiende esta medida como un avance hacia la racionalización de los horarios y una mejor conciliación laboral, familiar y personal.

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Por un "sentido común" democrático

Últimamente somos muchas las personas que nos preguntamos por qué opciones políticas como las que representan Trump, Bolsonaro, Salvini, UKIP o Vox, están teniendo amplio apoyo electoral. Opciones de extrema derecha populista, neofascista, xenófoba, misógina, negacionista del cambio climático pero que en lo económico tienen apuestas profundamente neoliberales.

Un lugar común entre los análisis que tratan de explicar el fenómeno es que, gracias a las redes sociales y el uso del Big Data, han sido capaces de conectar de manera sencilla y simple con preocupaciones de una parte importante de la ciudadanía proporcionándoles una base popular que con anterioridad no habían conseguido. Una base popular que, sin embargo, no está llamada a beneficiarse en términos de bienestar de las políticas económicas que estos gobiernos plutocráticos desarrollan. La paradoja es que estas opciones políticas logran el apoyo de grupos de población que a la postre han de sacrificarse por una idea de patria que para que vaya bien y sea eficiente necesita su sacrificio a base de salarios bajos, jornadas imposibles o multiplicidad de trabajos, especialmente en el caso de las mujeres, tras la retirada o privatización de servicios públicos y el abandono de una fiscalidad progresiva.

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Luces largas para las generaciones futuras

El pasado viernes, el movimiento Fridays For Future eclosionó en España con manifestaciones por todos los rincones del país. Aunque las manifestaciones eran plurales y había gente de toda edad y condición, sin duda predominaban las y los jóvenes. No en vano, detrás de estas convocatorias está un movimiento estudiantil ecologista que tiene como cara visible a Greta Thumberg, una estudiante sueca de 16 años.

Es normal que sean jóvenes quienes estén promoviendo esas movilizaciones pues son quienes van a sufrir en sus carnes los efectos del daño climático que la generación actual está provocando y trasladando sobre las venideras. Los informes científicos más solventes muestran que la aceleración del deterioro medioambiental y de la destrucción del planeta es una realidad que con toda seguridad afectará a la calidad de vida y a las posibilidades de supervivencia de las generaciones futuras, e incluso de las ya presentes.

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8M: Feminismo Popular

Si tuviera que poner un nombre a las manifestaciones de este 8M sería el de feminismo popular. Si hubiera que explicar a alguien ausente lo que ha ocurrido este pasado 8M (y el del 2018) creo que lo mejor sería decirle: las mujeres, sin apenas distinción, se han echado a la calle para reivindicar sus derechos y para demostrar que ya no van a dejar de hacerlo nunca más.

En la manifestación del viernes en Sevilla, pero seguro que en las de todas España, estábamos las de siempre, las que años tras años nos habíamos manifestado, casi pidiendo perdón, por mitad de una calle comercial frente a la mirada atónita, molesta, curiosa o burlona de quienes salían de las tiendas sin saber muy bien por qué ese escándalo. Estaban también representantes de los partidos políticos, sindicatos e instituciones que siempre han estado, y algunos más. Pero el año pasado y este mucho más, estábamos también mezcladas con otras docenas de miles de mujeres de todo tipo y condición, de edades diferentes, madres, hijas, abuelas y nietas, cantando y mostrando sin cesar la alegría de vernos juntas, sin distinción y acompañadas de miles de hombres que han entendido que renunciando a sus antiguos privilegios y prejuicios patriarcales viven mucho mejor y en armonía con los demás hombres y con las mujeres.

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