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Lina Gálvez

Lina Gálvez Muñoz es Catedrática de Historia e Instituciones Económicas de la Universidad Pablo de Olavide, de Sevilla. Es doctora por el Instituto Universitario Europeo de Florencia y ha sido profesora de las universidades de Reading, Sevilla y Carlos III, y como profesora visitante de la Universidad de Oxford. Dirige el observatorio de igualdad GEP&DO y los masters universitarios en Género e Igualdad y el de Derechos Humanos, Interculturalidad y Desarrollo. Su investigación se ha centrado en el análisis de las desigualdades, especialmente las de género; el análisis de los tiempos y los trabajos en los mercados y las familias; así como los efectos de género de las crisis económicas y las políticas de austeridad.

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8M: Feminismo Popular

Si tuviera que poner un nombre a las manifestaciones de este 8M sería el de feminismo popular. Si hubiera que explicar a alguien ausente lo que ha ocurrido este pasado 8M (y el del 2018) creo que lo mejor sería decirle: las mujeres, sin apenas distinción, se han echado a la calle para reivindicar sus derechos y para demostrar que ya no van a dejar de hacerlo nunca más.

En la manifestación del viernes en Sevilla, pero seguro que en las de todas España, estábamos las de siempre, las que años tras años nos habíamos manifestado, casi pidiendo perdón, por mitad de una calle comercial frente a la mirada atónita, molesta, curiosa o burlona de quienes salían de las tiendas sin saber muy bien por qué ese escándalo. Estaban también representantes de los partidos políticos, sindicatos e instituciones que siempre han estado, y algunos más. Pero el año pasado y este mucho más, estábamos también mezcladas con otras docenas de miles de mujeres de todo tipo y condición, de edades diferentes, madres, hijas, abuelas y nietas, cantando y mostrando sin cesar la alegría de vernos juntas, sin distinción y acompañadas de miles de hombres que han entendido que renunciando a sus antiguos privilegios y prejuicios patriarcales viven mucho mejor y en armonía con los demás hombres y con las mujeres.

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¿Dónde está Cameron?

Cada día queda más claro que el Reino Unido se encuentra en una ratonera con el Brexit. Y cada vez que leo las noticias me pregunto dónde estará el hombre que convocó el referéndum buscando afianzar su poder y liderazgo dentro del seno de su partido. Obviamente, no soy la única en preguntarme dónde está David Cameron. Hace unas semanas las redes se llenaron de esa pregunta, y la respuesta que encontraron los británicos les cabreó sobremanera. Cameron, visiblemente bronceado, acababa de volver con su familia de unas vacaciones en Costa Rica, donde se alojó en un resort que cuesta 1.728 libras esterlinas la noche.

La indignación de gran parte de los británicos con sus élites políticas es más que palpable. Una de las estrategias más visibles para expresar esta indignación es la que desarrolla un grupo pro permanencia en la Unión Europea, Led By Donkeys, cuyo nombre proviene del eslogan "leones liderados por burros" que, tras la Primera Guerra Mundial, se utilizó para denunciar la irresponsabilidad de los líderes británicos al conducir durante el conflicto a cientos de miles de ciudadanos a auténticos mataderos. Este grupo está pagando anuncios en vallas publicitarias de las principales ciudades del país. En estas vallas se reproducen, a tamaño gigante, tweets publicados hace un par de años por los líderes políticos etnopopulistas que impulsaron el referéndum y defendieron el Brexit. En ellos puede leerse lo fácil que iba a ser llegar a un acuerdo comercial con la UE, o la promesa de un segundo referéndum para ratificar el acuerdo final con la UE, o cómo con el Brexit no habría ningún empeoramiento de la situación económica, sino una ostensible y clara mejoría.

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El boli BIC y las derechas

Hace unos años, un monólogo televisivo de Ellen DeGeneres se hizo viral. En ese famoso sketch, la humorista estadounidense denunciaba la llamada tasa rosa en su doble versión. Por un lado, aludía a la injusticia que supone que las mujeres tengamos que pagar más por productos idénticos solo porque son de color rosa o morado, o porque están pensados para un público femenino. Y por el otro, alertaba del reforzamiento de los estereotipos de género que esas prácticas comerciales implican. A lo que habría que añadir el uso comercial de las luchas sociales: cómo el potencial revolucionario del color morado de la lucha feminista se reinventa como modelo particular de consumo perfectamente asumible por la cultura económica dominante.

Aunque DeGeneres triunfara denunciando la tasa rosa, esa tasa en realidad no existe como tal, excepto en aquellos países en los que aún no se aplica un IVA súper reducido a bienes de primera necesidad para las mujeres como compresas o tampones –es el caso de España, donde ocurre y seguirá ocurriendo gracias a que las derechas y los independentistas catalanes han tumbado los presupuestos presentados por el gobierno socialista. Lo que sí existe en todos los países es una diferenciación de precios en productos que son iguales, pero presentan ligeras y vistosas variaciones en su apariencia exterior. Algo así como el catálogo que nos ofrecen las derechas españolas con su tripartito para las próximas elecciones del 28 de abril.

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Los cebos del tripartito

Ahora que el presidente del Gobierno ya nos ha convocado a las urnas y que muchas encuestas dan mayoría al tripartito de derechas, conviene analizar las coincidencias de esas derechas y los cebos que utilizan para despistar o pescar votos en caladeros que no se beneficiarán de sus políticas, especialmente las económicas. Lo ocurrido con respecto a los asuntos de igualdad en la negociación del Gobierno andaluz o la utilización de la unidad de –su– España como pegamento irrompible son dos buenos ejemplos de esos cebos que utiliza el tripartito para desviar la atención de una agenda económica coincidente en lo básico y que, de llevarse a cabo, implicaría la consolidación de unas reglas de juego que debilitan lo público y el control democrático de lo común.

Durante las negociaciones del Gobierno andaluz, el tripartito de derechas estuvo mercadeando con la igualdad de género. Las propuestas maximalistas y completamente anacrónicas de VOX de eliminar la Ley contra la Violencia de Género como condición indispensable para apoyar al gobierno de PP y Ciudadanos quedaron reducidas a añadir a la Consejería de Salud, dirigida por el PP, el apellido de “y familias” –ni siquiera empleando el término “familia” en singular, como defiende VOX, en coincidencia con lo que ellos consideran la auténtica familia, ésa que denominan “biológica”.

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Ellos juegan a los soldaditos

Hace unos años, en el curso de una investigación sobre la economía de la Guerra Civil, leí muchos testimonios de hombres que habían participado directamente en la contienda. En aquellos testimonios detecté algunos rasgos comunes, pero sin duda el que más me llamó la atención fue la ligereza con la que hablaban de un conflicto en el que muchos como ellos morían y en el que las mujeres eran violadas o quedaban viudas con criaturas a quienes tenían que sacar adelante sin poder acceder a los medios necesarios para ello. Era como si estuvieran jugando a los soldaditos, como si esa fantasía infantil de hombría en la que habían sido socializados como hombres tuviera para ellos más sentido que la aburrida y femenina paz.

Espero que no volvamos a vernos envueltos en un enfrentamiento civil. Pero cuando pienso en Casado, Rivera y Abascal –socializados en esa misma masculinidad tóxica que afortunadamente ya no comparten todos los hombres– y en sus preparativos para la manifestación de este domingo en Madrid, me los imagino así, jugando irresponsablemente a los soldaditos. Del mismo modo que imagino, en el rincón opuesto del patio de juegos, a Puigdemont y Torra jugando con sus propios soldaditos estelados y sin perder de vista el juego del otro grupo, a ver si de una vez pueden ponerse a jugar todos juntos, que seguro que es más divertido.

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Gobiernos de "machos ibéricos"

Una de las razones de por qué la Ley de igualdad aprobada en 2007 ha tenido un recorrido limitado es porque sencillamente no se aplica en su totalidad, siquiera por parte del gobierno que debe velar por su cumplimiento. La Ley para la igualdad efectiva 3/2007 de 22 de marzo, tiene en varios aspectos un carácter propositivo, y la redacción de muchos artículos incluye un “se procurará”.

El principio de paridad que establece que ningún sexo esté representado por debajo del 40% es obligatorio para la conformación de las listas electorales. Pero esta obligación no se traduce automáticamente en una representación paritaria en las cámaras legislativas o ayuntamientos si no hay voluntad política en los partidos al permitírseles un cierto margen para jugar con el orden de mujeres y hombres en las listas.

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Los violadores del click

Las mujeres no sólo somos acosadas y violentadas en la calle, los portales, los espacios laborales o en nuestros propios dormitorios. También lo somos en las redes. El proceso de cosificación, de deshumanización que conlleva el ejercicio de ese dominio, se hace más fácil en las redes, que a su vez facilita el elemento disciplinante que busca que las mujeres no nos rebelemos. Si lo hacemos, si denunciamos una violación, si nos encaramos con nuestros acosadores, si lo contamos, sufriremos un escarnio público por los miembros de la gran manada.

Justo después de salir la sentencia de la manada que provocó una gran indignación social feminista, el diario digital Vozpopuli publicaba que en Forocoches y en Burbuja.info se habían compartido datos personales de la joven violada por la manada .

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Universidad y pensiones: la derrota de lo público

Mientras en España los dirigentes del PP disimulaban las mentiras de la presidenta de la CAM atacando a la universidad pública y cientos de miles de personas salían a la calle en defensa de una pensión digna, en el Reino Unido se estaba viviendo una huelga sin precedentes en protesta por el deterioro de la universidad pública. Una huelga provocada, precisamente, por el recorte de las pensiones del personal universitario porque se supone que el plan de pensiones de las universidades no es sostenible.

Los salarios universitarios en el Reino Unido, aunque sensiblemente mejores que los españoles, nunca han sido para tirar cohetes, sobre todo en ciudades donde el precio de la vivienda es muy elevado. Además, desde 2009, han sufrido un recorte del 16%.

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La universidad mancillada

El jueves 4 de marzo a las 23.30 h, horas después de que Cristina Cifuentes compareciera en la Asamblea de Madrid y eludiera toda responsabilidad en relación al "mastergate", yo me encontraba frente al ordenador y con mi correo electrónico abierto, intercambiando comentarios y trabajo con mis colegas.

Cualquier otro día no me habría llamado la atención el hecho de que el 90% de los destinatarios de esos correos, unos veinte colegas, estuvieran también delante del ordenador cerca de la medianoche. Esa es la vida académica, una constante relación incestuosa entre nuestro tiempo de trabajo y nuestro tiempo de vida. A fin de cuentas, nuestro trabajo es vocacional y somos unos privilegiados. Gozamos de una flexibilidad muy apreciada por quienes no la viven y hasta por nosotros mismos, si bien el actual sistema de medición constante de la productividad y la competitividad en un contexto neoliberal nos está abocando a la autoexplotación a quienes tenemos las plazas "en propiedad" y a la explotación a secas a quienes tratan de meter la cabeza en el mundo académico.

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Cuando un máster sólo engorda pero no alimenta

El lamentable episodio del máster de Cifuentes ha generados muchas polémicas. La más obvia y sobre la que ya escribí el pasado viernes, la vinculada con las más que posibles falsedades sobre la tutorización, actas o entrega del trabajo fin de máster, y la total inconsistencia de las explicaciones dadas por la universidad y la propia Cifuentes.

Pero lo ocurrido también ha dado pie a cuestionar la titulitis que persiguen muchos políticos y políticas para engordar su curriculum que no su formación real. Bien sea porque creen que de esa manera serán vistos como personas más idóneas por su electorado, o bien porque con una formación superior tendrán más fácil la vuelta a la vida "civil", o justificar que las puertas giratorias responden a la meritocracia y no a su paso por la política.

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