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Luis Moreno Fernández

Doctor en Ciencias Sociales y Honorary Fellow por la Universidad de Edimburgo, es Profesor de Investigación en el Instituto de Políticas y Bienes Públicos (CSIC). Su último libro publicado es "Europa sin Estados".

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Soberanista Inglaterra, europeísta Escocia

El resultado de las elecciones europeas en el Reino Unido condicionará a buen seguro el referéndum por la independencia de Escocia a celebrar el próximo 18 de septiembre. En los apenas cuatro meses de intervalo entre ambas consultas ciudadanas, el sentir escocés, ahora ligeramente favorable a mantener el status quo contrario a la secesión (en torno al 54% según las ultimas encuestas), podría inclinarse hacia un voto favorable a la independencia. Por paradójico que pudiera parecer, ello sería posible como efecto del europeísmo escocés, el cual es abrazado por los nacionalistas escoceses del SNP (Partido Nacional Escocés), frente al creciente soberanismo antieuropeísta inglés. La victoria en las elecciones europeas del partido UKIP (Partido por la Independencia del Reino Unido) ha sido inapelable, erigiéndose en el primer partido británico por delante de laboristas, conservadores y liberales demócratas. De éxito puede calificarse también para UKIP la obtención de un europarlamentario en Escocia de los seis escaños que le correspondía elegir al país caledonio. Sin embargo, y a diferencia de Inglaterra donde casi uno de cada tres electores votó por UKIP, en Escocia sólo uno de cada diez votantes hizo lo propio a favor del partido antieuropeísta. Ciertamente UKIP se ha beneficiado en Escocia de un sistema proporcional que no lo ha penalizado como el tradicional procedimiento uninominal mayoritario del británico ‘first-past-the-post’, mediante el cual el ganador, aunque sea incluso por la mínima diferencia de un voto, se adjudica la victoria descartándose el resto de los votos asignados a los candidatos perdedores.

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La independencia de Escocia en Europa

Tras la decepción del referéndum sobre la devolution en 1979, los nacionalistas escoceses ligaron el futuro político de Escocia a la formación de un Estado soberano. “Nada que no sea la independencia” (Independence, nothing less) era la demanda formulada contra los Gobiernos ‘sin mandato’ británicos, los cuales carecían de apoyo electoral en la nación caledónica. Thatcher interpretó los resultados de la consulta como un fracaso de la descentralización o, en expresión inglesa, como si fuese un ‘pato muerto’ (dead duck) al que había que enterrar sin mayores pompas fúnebres.

En los años ochenta, el predicamento nacionalista varió significativamente al aceptarse un mayor grado de gradualismo en la consecución del autogobierno. El nuevo enfoque cosmopolita se sintetizó en el eslogan del nacionalista Scottish National Party, ‘Independencia en Europa’.

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Escocia racional, Cataluña emocional

‘¿Estamos ya todos a bordo?’ se preguntaban en su post mis colegas Pau Marí-Klose y Francisco Javier Moreno Fuentes. Como alegoría al trayecto emprendido por Cataluña hacia su soberanía, aludían al mítico viaje de Ulises en su regreso a Ítaca y, con ello, a su rechazo a la muerte y la recuperación de un pasado --¿nacional catalán?-- perdido. Se estaría, pues, en el inicio de un periplo preñado de adversidades y dificultades pero que sería concluido con el éxito de la formación estatal catalana. La pasión por tal logro se fundamentaría en una movilización social que, según los datos recogidos en aquel artículo, no cuenta con el mismo grado de apoyo entre las clases obreras y subordinadas, buena parte de las cuales están compuesta por les altres catalans originarios de otras áreas geográficas españolas.

En el presente artículo se recurre al contraste analítico entre la situación política catalana y la escocesa a fin de contribuir al debate identificando aspectos dispares y compartidos. Entre estos últimos cabe certificar los errores de las modernas escuelas de pensamiento funcionalistas y marxistas al prescribir que ambos territorios eran comunidades nacionales fallidas y se verían abocadas a desaparecer irremisiblemente. Tales aseveraciones han sido falsadas reiteradamente en el devenir contemporáneo. Lejos de ser homogeneizadas y disueltas en sus respectivos estados británico y español (Lenin dixit), Escocia y Cataluña encaran un futuro posible --y plausible-- de independencia política.

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