Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
Un directivo de Plus Ultra afirmó que se reunió con “los Zapatero” durante el rescate
Brookfield, el fondo que pretende expulsar a 5.000 vecinos de Madrid
Opinión - Las condiciones de una democracia, por Enric González
ANÁLISIS

Mythos, la nueva IA de Anthropic, pone en jaque a Wall Street

Foto de un móvil con el logo de Anthropic
23 de mayo de 2026 23:12 h

1

Gambito de Dama. Mythos, modelo algorítmico de ciberseguridad diseñado, generado y puesto en el mercado por Anthropic, parece haber emprendido su andadura como innovador escudo protector de e-crimes con la clásica y agresiva apertura de una partida de ajedrez que, en este caso, promete zarandear el orden tecnológico, económico y financiero global. La propia historia de su firma propietaria, Anthropic, que ha pasado en apenas un lustro de estar catalogada como una start-up californiana de relativo prestigio por haber sido armada, en 2021 por varios antiguos fundadores de OpenAI, a una compañía que coquetea con contabilizar su primer billón de dólares de capitalización bursátil, es un botón de muestra del fulgurante ritmo que ha cobrado la carrera competitiva por asumir el cetro de la tecnología IA.

Sin embargo, de vez en cuando, los ciclos de innovación capaces de proclamar el inicio de revoluciones industriales a gran escala como el actual, ponen una cierta pausa a los intentos desaforados del sector privado por estar en la cúspide financiera. Por mucho que históricamente hayan incitado a cambios del orden mundial imperante, teoría que suscriben no pocos analistas, entre otros, George Friedman, presidente de Geopolitical Futures.

Porque la irrupción de Mythos ha propiciado una reacción en cadena e inusual entre reguladores financieros, bancos centrales y expertos en ciberseguridad. La herramienta de Anthropic ha sido diseñada para detectar vulnerabilidades críticas en sistemas informáticos.

La señal de alarma aumentó después de que Anthropic asegurara hace un mes que Mythos había identificado miles de brechas graves en sistemas operativos y navegadores usados globalmente por el sector privado. El impacto de este mensaje potencial ha movilizado en las últimas semanas al Financial Stability Board (FSB) que preside el gobernador del Banco de Inglaterra (BoE) Andrew Bailey, que solicitó reuniones técnicas con la compañía para evaluar los riesgos que la IA podría representar para la estabilidad financiera internacional.

En EEUU, la inquietud alcanzó a sus organismos supervisores federales. La Casa Blanca comenzó a estudiar posibles controles sobre modelos avanzados de IA tras realizar numerosas pruebas de seguridad, mientras el Tesoro y la Reserva Federal impulsaban de urgencia medidas para reforzar infraestructuras críticas frente a hipotéticos ciberataques impulsados por la IA. Paralelamente, organismos de regulación financiera y supervisión bancaria mantuvieron reuniones de urgencia con la gran banca para evaluar la exposición de sus sistemas a vulnerabilidades detectadas por Mythos.

Quizás sea una reacción alarmista. Pero el debate entre ciberseguridad e innovación está servido.  En el sector tecnológico y, dentro del mismo, en la comunidad de ciberseguridad han aparecido voces que rebajan los decibelios. Como la de Anthony Grieco, responsable global de seguridad de Cisco, que reconoce que Mythos supone un avance notable porque localiza vulnerabilidades con suma rapidez y reducir los falsos ciberataques, pero subraya que aprovechar plenamente su potencial requiere una enorme infraestructura computacional y personal altamente cualificado. “Si tienes un Fórmula 1 pero solo has conducido una bicicleta, quizá logres avanzar en línea recta, pero no sacarás todo el rendimiento”, resumió.

También la ex responsable de ciberseguridad del FBI Cynthia Kaiser, actual directiva de Halcyon, redunda en que las amenazas más sofisticadas dependen sobre todo de capacidades humanas y no solo de la IA. “Nuestros adversarios ya eran extremadamente buenos antes de la IA” cuando muchos ataques ransomware “lograban comprometer sistemas en menos de una hora”.

La dimensión geopolítica también entra en esta dialéctica. Chris McGuire, analista del Council on Foreign Relations (CFR) y exasesor del Consejo de Seguridad Nacional americano, considera que herramientas como Mythos se han convertido, casi de repente, en “las armas cibernéticas más poderosas jamás construidas” y defiende endurecer las restricciones tecnológicas contra China para preservar la ventaja estratégica de Washington en IA. El problema es que esta dicotomía se produce en plena carrera competitiva entre ambas superpotencias y con los valores de empresas que cotizan en Wall Street apostando por ingentes inversiones futuras en computación cuántica.

La posibilidad de que una IA extremadamente avanzada descubra y ejecute vulnerabilidades, de forma simultánea y combinada, en una multiplicidad de empresas, de instituciones y entidades bancarias que resultan estratégicas para el normal funcionamiento del comercio o de los centros bursátiles es un peligro a ojos de instituciones como el FMI. En un comunicado oficial y severo en su contenido, advierte que los nuevos modelos de IA pueden provocar “fallos sincronizados” capaces de desencadenar perturbaciones sistémicas en la arquitectura financiera internacional.

Acumulación de endeudamiento tecnológico

Este estado de incertidumbre, más o menos realista, describe una gran paradoja, porque aparece justo cuando las bigtechs de Silicon Valley atraviesan la oleada inversora de mayor intensidad de su historia reciente. Amazon, Microsoft, Alphabet y Meta destinarán este año unos 725.000 millones de dólares a proyectos vinculados a la IA y sus infraestructuras asociadas, según cálculos publicados por Financial Times. Tras un primer trimestre con resultados bursátiles brillantes en casi la totalidad de las tecnológicas. Sin embargo —alerta el diario británico—, sus volúmenes de gasto están erosionando los flujos de caja de unas compañías acostumbradas a viajar ligeras de equipaje en cuanto a capital. En medio de otra amenaza latente, la del excesivo endeudamiento soberano; sobre todo, para las potencias de rentas altas, y muy en concreto, EEUU.

La magnitud de la inversión refleja hasta qué punto la IA se ha convertido en una cuestión cuasi religiosa para las plataformas de los gigantes tecnológicos. Hasta el punto de haber adquirido en los últimos tiempos el estatus de activo estratégico por su capacidad computacional para la fabricación de chips de alta gama, centros de datos o de redes cloud sobredimensionadas y cada vez más demandantes de energía. 

Anthropic quiere liderar precisamente esa carrera. La multinacional fundada y dirigida por Dario Amodei negocia una cartera de préstamos próxima a los 50.000 millones de dólares que podría elevar su valoración hasta casi un billón, por encima incluso de OpenAI. Sus ingresos anualizados rondan los 45.000 millones, impulsados por herramientas como Claude Code y, sobre todo, por la expectativa generada alrededor de Mythos.

Pero el ascenso de Anthropic deja en evidencia otra transformación de calado. Casi un paradigma empresarial nuevo, que tiene que ver con el desplazamiento de los avances tecnológicos desde los bancos hacia las compañías que controlan la infraestructura de IA y que genera una incógnita sin resolver: la de que las entidades financieras han pasado de depender únicamente de sus entes reguladores y bancos centrales a la hora de proteger su estabilidad operativa y negocios, a hacerlo de empresas con habilidad para detectar vulnerabilidades de manera preventiva.

Es la nueva asimetría del mercado. Socios estratégicos de Anthropic como JPMorgan, Amazon o Microsoft reciben acceso temprano a los hallazgos de Mythos y a los parches derivados de esos descubrimientos. Mientras numerosas entidades europeas o emergentes permanecen fuera de ese perímetro de protección. Todo ello, ha configurado un ecosistema defensivo desigual, donde algunas instituciones conocen antes que otras dónde están las grietas del sistema.

Activos tóxicos, ‘momento Oppenheimer’

La historia económica demuestra que las grandes crisis rara vez emergen del activo más visible. Surgen donde la complejidad supera a las habilidades e instrumentos de supervisión. En 2008, el colapso crediticio emergió por derivados hipotecarios e interconexiones aparentemente nada visibles en los balances bancarios. Los denominados activos tóxicos. Swaps y productos de gran riesgo por su sofisticación. En 2026, el detonador podría ser la concentración tecnológica.

El FMI asume que las defensas cibernéticas serán superadas. Es decir, que la cuestión no reside tanto en impedir el próximo ataque, sino en evitar que esta patología digital derive en epidemia financiera, lo que obligaría a redefinir conceptos clásicos de estabilidad bancaria, desde el capital hasta la liquidez o los estándares de solvencia. La era Mythos apunta a que quien controle la IA y su infraestructura crítica dominará el orden financiero.

Atravesamos el “momento Oppenheimer” de la IA. De esta manera tan elocuente compara este cambio de rumbo Rafe Pilling, director de inteligencia de Sophos, que ha definido en FT a Mythos como “el descubrimiento del fuego” por ser una tecnología “capaz de perfeccionar radicalmente la vida digital o provocar daños masivos si se gestiona mal”. Pero Pilling lleva su analogía a una etapa más cercana. El instante Oppenheimer —creador de la bomba atómica de EEUU— ilustra el súbito pasaje en el que una innovación científica deja de ser un avance técnico para convertirse en un conflicto geopolítico estratégico. Pilling lo define como dual use technology o doble uso de la tecnología que impulsa la innovación tanto como los riesgos sistémicos.

Habrá, en consecuencia, más ciberterrorismo, atentados más rápidos y a precios más reducidos. Pero también un auge de deepfakes —material falso de gran calidad—, de fragilidades en torno al teletrabajo, actos contra cadenas de suministro e intrusiones automatizadas en las estructuras empresariales, de hospitales o redes eléctricas. Jadee Hanson, directora de seguridad de Vanta, anticipa que las firmas que no secundan el ritmo de la IA “estarán, sencillamente, expuestas” a ciberataques.

¿Ciclón de los negocios o exuberancia irracional?

El fulgurante ciclo de negocios de la IA —S&P apunta a un beneficio cercano al 44% interanual del sector tecnológico en Wall Street—, que mantiene la resiliencia del PIB estadounidense y que se ha convertido en el principal vector del dinamismo corporativo, coquetea, sin embargo, con esa exuberancia irracional de los mercados de la que alertó en su día el expresidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan. Antes y durante la inestabilidad bursátil de las punto-com en 2000 y del colapso crediticio de 2008.

El segmento del software también ha emitido una doble señal de alerta. Frente a la opulencia de la IA en los mercados y frente a la profusión de un crédito privado de dudosa fiabilidad. Quizás el relato de Tony Yoseloff, CIO de Davidson Kempner Capital Management, sea premonitorio. En su opinión, la IA amenaza modelos de negocios al mismo ritmo que empeora la deuda. “Mi gran preocupación es su potencialidad para recuperar activos y regenerar obligaciones de pagos, muy en especial, en la industria del software”, el gran destino del capital privado en EEUU.  

Bajo esta climatología adversa, Europa ha trasladado su intención de acceder a Mythos como la herramienta con la que blindar su sistema financiero frente a la IA ofensiva. Ante el temor a que las empresas estadounidenses asuman con antelación sus capacidades defensivas y ofensivas. El comisario de asuntos económicos, Valdis Dombrovskis, y el Eurogrupo insisten en que la UE debe integrar la gobernanza algorítmica en su regulación financiera en términos de seguridad nacional y soberanía digital. Es como si Mythos hubiera dado el pistoletazo de salida para incorporar estas novedades legislativas al acervo comunitario.

Sin embargo, analistas como Rowan Wilkinson, de Chatham House, atisban dificultades legales. La coordinación internacional en torno a la IA “está políticamente bloqueada y probablemente solo avanzará tras una crisis grave”. A su juicio, la rivalidad geopolítica entre EEUU y China y los poderes desproporcionados de las bigtechs hacen inviable una gobernanza efectiva de la IA en un escenario de exuberancia bursátil como el que criticó Greenspan en su época al frente de la Fed.

Etiquetas
stats