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Zapatero, Andic y cuando parece un accidente

Jonathan Andic, el hijo del fundador de Mango, a su llegada al Juzgado de Instrucción 5 de Martorell, el 19 de mayo de 2026.
23 de mayo de 2026 23:12 h

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Si no hubiéramos sabido esta semana que el juez Calama investiga a Zapatero por presunta corrupción, el ruido social habría dirigido nuestra atención a otra noticia escalofriante. Jonathan Andic, hijo del empresario dueño de Mango, ha sido detenido por la muerte de su padre. Quiso que pareciera un accidente: se fue con él a hacer una ruta sencilla por Montserrat. El padre cayó por un precipicio y la jueza, tras una minuciosa investigación, sospecha que el hijo lo mató. Asegura que “estaba obsesionado con el dinero”.

La obsesión por el dinero es una patología de nuestro tiempo. Nos han convencido de que quienes tienen dinero poseen inteligencia, éxito y felicidad, lo cual, por supuesto, es una estupidez. Ganar dinero es legítimo, y la pregunta no es cuánto, sino cómo. A Jonathan Andic le contrarió el deseo de su padre de destinar una parte de su fortuna a crear una fundación. Lo quería todo para él.

Para los hombres, el dinero también es poder. Cuando ya no ocupan un cargo relevante, el dinero es una suerte de metadona que les ayuda a seguir viviendo, a sabiendas de que lo más importante de sus vidas ya lo hicieron y tienen 30 años por delante jugando al pádel.

La cuestión es qué hace un expresidente con su capital político. Si se dedica a enriquecerse, lo ideal sería que no se metiera en los asuntos públicos (los públicos de verdad, porque ahora llaman así a los intereses privados). González y Aznar nos irritan porque hacen sus negocios y siguen sermoneando a todos. O una cosa o la otra.

Creímos que Zapatero había elegido dedicarse a la política, o sea, a la vida en común, al proyecto socialista, a defender el progreso de España a través de su partido. La admiración de la gente común es algo muy valioso, pero imposible de comprar. Él la tenía.

González y Aznar exhiben severidad y amargura porque no cuentan con la admiración de la gente común. Ostentaron un cargo de enorme responsabilidad y luego se dedicaron a ganar dinero. No digo que no tengan derecho. No digo que no puedan vivir bien, incluso muy bien. Pero viajar en aviones privados, compartir vacaciones con los ricos en yates fastuosos, no genera admiración: son tiempos de divorcio absoluto entre las gentes comunes y las élites.

En una época en la que resulta difícil encontrar referentes, Zapatero se había convertido en uno para mucha gente, desde el centro izquierda hasta la izquierda. Cuanto más leo sobre el caso Plus Ultra más retumba en mi cabeza la pregunta: por qué.

Para una sociedad, es complicado vivir sin referentes, para un partido más aún. Por eso veo a mucha gente dispuesta a atrincherarse. Se muestran convencidos de que se trata de una operación para “matar políticamente” a Zapatero. Que parece un accidente, pero no lo es, dicen.

Creo que se están confundiendo los planos. ¿Qué a ZP muchos en la derecha le tienen ganas? Sin duda. ¿Que tiene derecho a ganar dinero? Por supuesto. ¿Qué su etapa en el Gobierno sigue siendo un referente en la consecución de libertades públicas y ampliación de derechos? Claro. ¿Qué hay un doble rasero en la justicia? Obvio, los ejemplos abundan. ¿Qué nos sacó de una guerra ilegal? Así es. Pero resultaría infantil pensar que las dudas que suscita el auto se pueden enjugar invocando sus éxitos políticos pasados. No se puede hacer política inocentemente.

El caso Plus Ultra no sólo daña, tal vez de forma irreversible, al Gobierno, al presidente y al PSOE; además tritura la última esperanza de que el sistema de partidos se pueda regenerar por sí mismo. El contrato de Pedro Sánchez con la ciudadanía para la regeneración democrática era el marco de su legitimación: recogía el grito del 15M y el hartazgo con la corrupción de la era Rajoy. Cristalizó en la moción de censura, se exhibió en las elevadas exigencias éticas de su primer mandato. El vacío en política no dura mucho. Pensar quién lo podría ocupar me ha quitado el sueño esta semana.

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