Problemas de dinero
En su libro La balada de Al Capone: Mafia y capitalismo, Hans Magnus Enzensberger escribe que “toda empresa capitalista, llevada a sus últimas consecuencias, se convierte en una organización criminal”. La semana ha estado marcada por dos noticias en cuyo corazón se encuentra el dinero convertido en pasión desbordada, en el interés material no como instrumento sino como fin en sí mismo, que no responde a la lógica de llegar a fin de mes, pagar las facturas y tener lo necesario para una vida digna, sino al deseo de tener más, mucho más, muchísimo más. La imputación de José Luis Rodríguez Zapatero y la detención de Jonathan Andic se produjeron casi al mismo tiempo. El segundo está acusado de matar a su padre llevado por “su obsesión por el dinero”; el primero de montar una trama criminal por el mismo motivo. Quizá en el caso de Zapatero hubiera sido necesario, por higiene y supervivencia, matar simbólicamente al padre del actual socialismo español antes de este le diera la estocada final. Pero quién se iba a imaginar que, por el maldito parné, uno era capaz de arrojar a su padre por un barranco y el otro de hacer lo mismo con el Gobierno de Sánchez.
Debo reconocer que me esperaba más este desmedido amor a lo material por parte de un heredero consentido desde que nació, que de un presidente de izquierda que pudo cometer errores de gobierno, pero no parecía tan apegado a llenar su bolsillo (y el de sus hijas) con comisiones millonarias en lo que parece una trama casi paralela a la que dibuja el caso Ábalos. Pero, ¿por qué no iba a querer enriquecerse Zapatero como lo han hecho Felipe González o José María Aznar? La obsesión de los que ya tienen todo por el dinero les lleva a arriesgar toda su fortuna por un poco más. Poseen ya propiedades y fortuna que la mayoría de los humanos no vamos ni a soñar con tener jamás y de repente existe la posibilidad de tener más, y arriesgan lo propio y lo ajeno, aunque para ello haya que liquidar al progenitor o hundir un gobierno. Nunca se dice suficiente que los ricos quieren la posesión del dinero y no solo su disfrute, y por eso lloran amargamente cuando tienen que pagar impuestos, aunque lo que paguen no afecte en lo más mínimo a su vida. Quizá porque la derecha los conoce mejor, está dispuesta a mimar a los ricos, quitarles el impuesto del Patrimonio, pagarles a alguien que les limpie la casa y sufragar el colegio privado de los niños, porque sabe que si tienen ese soltar un solo euro para que otros vivan mejor se vuelven locos y te montan una trama criminal.
Después de digerir el golpe de que a Zapatero le gusta el dinero tanto como a Jonathan Andic y de que, como consecuencia, nos esperan largos años de gobiernos de derecha y ultraderecha, hay que asumir que hay que vigilar como halcones a cualquiera en posición de enriquecerse, por su posición o contactos, a un nivel superior al del común de los mortales. En cuanto al Gobierno de Sánchez, ya herido de muerte pero aún no enterrado, debería, paradójicamente, centrar lo que queda de su maltrecho mandato en intentar que los ciudadanos de a pie, los normales, tengamos más dinero, más trabajo, más viviendas, mejores servicios públicos. Por el triunfo de la derecha y el bienestar de los ricos ya ha hecho bastante.
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