Europa empieza a reemplazar a la OTAN (y no es tan difícil)
La guerra de Irán ha liberado enjambres de drones, que asaltan los cielos del Golfo Pérsico y más allá. Uno alcanzó la base británica de Akrotiri en Chipre, un micropaís de la Unión Europea que no pertenece a la OTAN y está más cerca de Líbano que de Atenas, no digamos ya de Bruselas.
En la reunión de los 27 líderes que se acaba de celebrar allí, el presidente de Chipre —de exótico nombre Nikos Christodoulides— ha despertado una cláusula que dormía tranquila en el Tratado de la UE: ¿cómo aplicaríamos el artículo 42.7, diseñado para defender juntos a un país miembro que resultara atacado? Cuando los drones llegaron a Akrotiri, la UE improvisó. No queremos improvisar de nuevo en el futuro.
La cuestión se ha vuelto acuciante por el empeño de Donald Trump en dinamitar la OTAN. El viernes se filtró un correo del Pentágono que pone a dos países en el punto de mira: España y Reino Unido, casualmente gobernados por la izquierda. Respecto a España, revela que han estudiado suspender nuestra membresía de la Alianza Atlántica, algo que no se puede hacer, pues no figura en el tratado atlántico.
El correo filtrado no es un documento oficial, por eso reviste interés: es como escuchar detrás de la puerta lo que se habla en el Pentágono. En él late el resentimiento imperante por lo que consideran un desaire europeo: el no habernos querido involucrar militarmente en la reapertura del Estrecho de Ormuz. Trump decidió atacar a Irán persuadido por Netanyahu. No se dirigió a la UE. No trató de formar una coalición internacional, como hizo hasta Bush para la guerra de Irak 2003. No buscó nuestro apoyo. Sin embargo, nos recrimina que no le hayamos seguido en su loca aventura persa. Los emperadores son caprichosos: no les gusta fracasar solos.
Suspender a España en la OTAN no acarrearía graves consecuencias operativas, pero sí políticas. Lograría, afirma literalmente, “disminuir el sentimiento de superioridad por parte de los europeos”. Si sustituimos “sentimiento de superioridad” por lo que significa en realidad, se entiende mejor: “Disminuir la soberanía de los europeos”. En Chipre se ha alejado la tentación ursulina de entregarnos.
Trump no quiere aliados, sino súbditos. El imperio “blando” de EEUU se basaba en la fuerza y lealtad de sus amigos, articulada en formas sofisticadas. El historiador militar Phillips O'Brien, autor del libro War and Power, destaca la inteligente decisión tomada tras la II Guerra Mundial de construir una alianza militar, que amplificó las oportunidades económicas de EEUU y también las estratégicas. La OTAN es en apariencia una organización horizontal, orientada por el principio de reciprocidad: si uno es atacado, todos responden. En la práctica, el liderazgo militar, industrial y estratégico correspondía a EEUU. Y lo más importante: los europeos siguieron allí durante décadas porque querían pertenecer. Esta arquitectura sutil resulta un arcano para la mente tosca de Trump.
El correo ahora filtrado da la medida de su impotencia. Querría doblegar a Europa, pero no le sale. Querría el escarmiento de España, pero cuando amenaza a Pedro Sánchez hace crecer su popularidad. Meloni se aleja porque la toxicidad de Trump contagia. Mientras él profiere amenazas, la UE reafirma su autonomía.
La alianza se basaba en la certeza de que cualquier tercer país que atacara a uno de sus miembros sufriría represalias. Esa confianza —tocada desde el rifirrafe de Groenlandia— se ha evaporado. El secretario de Guerra, Pete Hegseth, insistía anteayer: “Europa y Asia llevan décadas beneficiándose de la protección de EEUU; el tiempo de aprovecharse se ha acabado”.
Por eso los líderes europeos acaban de aprobar trabajar en un protocolo operativo sobre la defensa mutua. Los 27 se han emplazado para simulaciones de mesa en diez días (la velocidad de la luz, para los tiempos comunitarios). La UE inicia su propio cambio de época con menciones a tratados, protocolos, simulaciones. No hay frases épicas ni proclamas fundacionales. Se insiste en que la OTAN sigue en pie para todos, pero la Europa post-atlantista se ha puesto en marcha. En este contexto, las amenazas de expulsar a España no llegan siquiera a ser el certificado de defunción de la OTAN. Más bien constituyen la partida de nacimiento de una nueva era: la de defendernos solos y defendernos juntos. Celebrémoslo hoy: la ira de Trump no tardará mucho en volver.
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