A Trump le duele la OTAN, a muchos de nosotros también
La existencia, revelada por la agencia Reuters, de un correo interno del Pentágono -sede de la defensa estadounidense- en el que se estudiarían alternativas para sancionar a los aliados de la OTAN que no han apoyado o facilitado la agresión de EEUU a Irán, entre los que se citaría a España, ha desatado un cierto revuelo en nuestro país y, tal vez, causado alguna inquietud en determinados círculos políticos y militares. Aunque es necesario decir que las campanas -siempre hablando en sentido figurado- han sonado más a gloria que a difuntos en un buen número de campanarios españoles, como sucede aquí con cualquier señal de hostilidad o de enfado que provenga de un individuo como el presidente estadounidense, Donald Trump, o de altos cargos de su administración.
Según la información que se ha conocido, el correo no hablaría - contra lo que han dicho algunos medios - de la expulsión de España de la OTAN, sino tal vez de su suspensión, pero ninguna de ambas cosas son posibles según el Tratado del Atlántico Norte (TAN) o Tratado de Washington, que dio origen en 1949 a la Alianza Atlántica. El correo plantearía la suspensión de altos cargos que España pudiera tener en su estructura o de otras medidas restrictivas en su participación, aunque ninguna de ambas medidas tendría tampoco tendría ninguna cobertura legal, ni serían muy lesivas para España. Nuestro país apenas tiene altos cargos en la OTAN: en el ámbito político, solo el diplomático Javier Colomina, representante Especial para la Vecindad Sur, y en el militar, el mando del Centro de Operaciones Aéreas Combinadas de Torrejón y del Cuartel General Marítimo de Alta Disponibilidad de Rota, que ejerce periódicamente como Mando Componente Naval de la Fuerza de Respuesta de la OTAN, que, como están en España, son lógicamente dirigidos por militares españoles. En cambio, España contribuye con más de 1.700 militares en despliegues de la OTAN en Estonia, Rumanía y Eslovaquia, además de su participación periódica en la policía aérea del Báltico y en numerosas fuerzas y operaciones navales aliadas. Una aportación nada desdeñable.
Donde sí tendría más discrecionalidad EEUU sería en sus relaciones bilaterales de defensa con España, que se concreta en las facilidades e instalaciones de apoyo que usan en las bases españolas de Rota y Morón, autorizadas por un convenio que impide cualquier medida inamistosa hacia nuestro país en el ámbito de la defensa. Nada les impide abandonar esas bases, no “cerrarlas” como se dice en Washington, porque las bases seguirían operando sin ellos, ya que son muy importantes también para nuestras fuerzas navales y aéreas. Pero de esto se habla poco, porque trasladarse a otro país no les interesa, costaría mucho dinero y no mejoraría su situación geopolítica, sobre todo si se tratara de un país no OTAN. España tiene muy poco que perder salvo los puestos de trabajo que la presencia estadounidense promueve, pero que podrían ser compensados por decisiones políticas e inversiones del Gobierno central e incluso del autonómico andaluz, y asume un riesgo mayor por el estacionamiento allí de fuerzas de un país que cada vez tiene menos amigos. Como decíamos antes, muchos -o probablemente, la mayoría- de los españoles no se llevarían precisamente un disgusto si se diera este caso.
Este correo del Pentágono, que es puro humo y no tendrá mucho recorrido, solo responde a la petición de Trump para que se estudien las medidas que se podrían tomar contra los aliados rebeldes que se han negado a seguirle en su irreflexiva aventura en Oriente Medio, y no afecta solo a España sino a pesos pesados como Francia, que le ha negado su espacio aéreo, Reino Unido, cuya soberanía sobre las islas Malvinas dejaría de apoyar, incluso Italia, su mejor aliada en Europa, y Alemania, de donde se dice que se retirarían parte de las fuerzas de EEUU. Su reproche a estos países es que no han accedido a involucrarse, en el momento en el que él ha creído conveniente, en una guerra claramente ilegal que decidió emprender unilateralmente, de la mano de su amigo, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, sin consultar siquiera con sus aliados, como hubiera sido adecuado de acuerdo con el artículo 4 del TAN, y que está perjudicando gravemente a la economía mundial y en particular también a la europea.
No es España ni ningún otro aliado europeo de la OTAN (ni Canadá) quienes no cumplen con sus responsabilidades. Quizá el único país que merecería ser expulsado o suspendido sería precisamente EEUU. El artículo 1 del TAN, en el que se especifican los objetivos de la Alianza dice literalmente: “Las Partes se comprometen, tal y como está establecido en la Carta de las Naciones Unidas, a resolver por medios pacíficos cualquier controversia internacional en la que pudieran verse implicadas de modo que la paz y seguridad internacionales, como la justicia, no sean puestas en peligro, y a abstenerse en sus relaciones internacionales de recurrir a la amenaza o al empleo de la fuerza de cualquier forma que resulte incompatible con los propósitos de las Naciones Unidas”. ¿Quién está vulnerando el tratado fundacional de la Alianza Atlántica?
A Trump le duele que la OTAN no acate sin más sus deseos, porque su concepción de ella parte de la falacia de que los aliados europeos están en deuda con EEUU por la protección que les ha prestado -siempre en beneficio de la propia seguridad estadounidense- y ahora tienen que “pagar” en forma de subida desmesurada de sus presupuestos de defensa, ya que las dos terceras partes de la compra europea de material militar se hacen en empresas estadounidenses, o acudiendo a su llamada cuando los requiere. En este caso concreto aduce que el cierre del estrecho de Ormuz afecta más a los países europeos y que tienen que ser ellos quienes se preocupen de abrirlo, cuando este paso estaba abierto antes de su ataque. Es él quien ha causado el problema, cuando las negociaciones con Irán iban bien y no había ninguna necesidad de hacerlo, y es él quien tiene que resolverlo. Pretender arrastrar a los europeos a una guerra en la que las decisiones las toma solo él, y además de una forma errática, cambiante e imprevisible, en contra de la legalidad internacional, no es más que una muestra más de su falta de respeto a Europa y de su escaso conocimiento de las relaciones internacionales
También nos duele la OTAN a los que pensamos que, lejos de servir para la seguridad común del área del Atlántico Norte, para lo que sirve es para que Washington utilice a los países europeos como y cuando más le interese para cumplir sus propios objetivos estratégicos. Los arrastró -con la valiosa colaboración de algunos- a la guerra de Irak, basada también en falsedades, y a la de Afganistán, que decidió abandonar unilateralmente, ambas en su exclusivo beneficio. Trump ha dicho claramente que solo le interesa EEUU -America First- y ha abandonado a Europa en su mayor problema de seguridad, la guerra en Ucrania, cortando toda la ayuda a Kiev y asumiendo en buena parte las tesis de Rusia. Su Estrategia Nacional de Seguridad dice claramente cuáles son sus intenciones respecto a sus aliados europeos: “Cultivar la resistencia a la trayectoria actual de Europa dentro de las naciones europeas”.
¿Para qué queremos una alianza así, cuando su principal protagonista nos ningunea, nos utiliza y pretende sancionarnos si no seguimos sus deseos por arbitrarios e ilegales que sean? ¿Creen los dirigentes europeos que callan y bajan la cabeza que están sirviendo a los intereses de sus ciudadanos con su sumisión, o que Trump se va a preocupar por ellos? ¿No podrían unirse para plantar cara conjuntamente a su principal aliado para condicionar sus posiciones tanto hacia Europa como en su actuación en el escenario internacional? ¿Qué más tiene que pasar para que se decidan a hacerlo?
Son preguntas esenciales, pero que no tendrán respuesta hasta que los europeos estemos realmente unidos, compartamos la misma concepción estratégica y los mismos fines políticos, y seamos capaces de construir una alternativa de seguridad colectiva autosuficiente que nos permita garantizar nuestra propia defensa, porque en otro caso seguiremos dependiendo de EEUU, por poco fiable que sea. Ningún aliado, tampoco España, desgraciadamente, puede abandonar en estos momentos la OTAN, solo y unilateralmente, porque sería un salto en el vacío y comportaría verdaderos problemas. Hay que hacerlo todos juntos, o al menos con un grupo de países de suficiente peso que tomen la iniciativa de crear primero un grupo de presión dentro de la OTAN y después una defensa autónoma, a los que luego sigan los demás como pasó con la moneda única
Debe hacerse en el seno de la Unión Europea, aunque se puedan unir otros países europeos, porque ya tiene instituciones políticas, e incluso una incipiente organización de mando y control militar. Y tiene que empezar por la definición de los principios y valores que esa unión defensiva se propone proteger, y los límites que va a respetar, porque si se trata de replicar a una de las potencias belicistas que ya existen, como parecer ser la aspiración de algunos países europeos en relación, por ejemplo con Rusia, no necesitamos crear nada nuevo, ya tenemos la OTAN. Lo que necesitamos es una UE pacífica, colaborativa, que respete las reglas de la legalidad internacional. Y para eso necesitamos liberarnos de la dependencia de EEUU, que tiene su propia estrategia y su particular forma de ver las relaciones internacionales y de intervenir en ellas,
Si no aprovechamos este momento, en el que la actitud prepotente y despectiva de Trump pone de manifiesto más que nunca la relación desigual que existe entre las dos orillas del Atlántico, y la fragilidad de la seguridad europea cuando se confía sin reservas en una potencia externa que lógicamente prioriza -o contempla solamente- sus propios intereses, y sobre la que no tenemos ninguna influencia mínimamente decisiva, probablemente lo lamentaremos. Porque si a Trump le sucede su segundo, J.D. Vance, la situación puede ir a peor, pero, aunque fuera otro, incluso un demócrata, una Europa dividida e impotente nunca podrá condicionar la política exterior estadounidense y tendrá que limitarse a sufrir sus consecuencias como ya ha sucedido en el pasado y como está sucediendo ahora ante la incertidumbre del final de la ilegal guerra en Irán.
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